segunda-feira, 19 de janeiro de 2026

China responde a tope

 


Tweet about this on TwitterShare on FacebookEmail this to someone
Fuentes: Abya Yala Soberana [Imagen: El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, recibe en el palacio de Miraflores al enviado especial de China para Asuntos de América Latina, Qiu Xiaoqi, el 2 de enero de 2026, apenas unas horas antes del secuestro del presidente Maduro por las tropas usamericanas. Créditos: Marcelo García / Prensa Presidencial de Venezuela]

China condenó el secuestro y violación de la soberanía de Venezuela enérgicamente. Sin grandes poses grandilocuentes al estilo de Trump y Macron ha tomado una serie de medidas entendiendo que los EEUU ha definido el control del petróleo venezolano como una forma de detener la presencia de China en América del Sur y detener su imparable desarrollo.


China ha tomado una serie de medidas que apuntan a la línea de flotación del imperio norteamericano porque la agresión a Venezuela es una declaración de guerra a la propuesta de un mundo multipolar y a los BRICS.

A Pocas horas de conocerse la noticia del secuestro del Presidente Maduro, Xi Jinping convocó una reunión de emergencia del Comité Permanente del Poliburó que duró exactamente 120 minutos, no hubo comunicados ni amenazas diplomáticas, hubo el silencio que procede a la tormenta porque esa reunión activó lo que los estrategas chinos llaman Respuesta Integral Asimétrica con el fin de responder a una agresión a los socios del Hemisferio Occidental y Venezuela es la cabeza de playa para América Latina en el «patio trasero de los EEUU».

La primera fase de la respuesta China se activó a las 9:15 de la mañana del 4 de enero cuando el Banco Popular de China anunció discretamente la suspensión temporal de todas las transacciones en dólares americanos con corporaciones que tuvieran vínculos con el sector de defensa yanqui. Boeing, Lockheet Martin, Raytheon, General Dinámica despertaron ese jueves con la noticia de que todas sus transacciones con China habían sido congeladas sin aviso previo. A las 11:43 del mismo día la State Gris Corporation of China que controla la red eléctrica más grande del planeta anunció la revisión técnica de todos sus contratos con proveedores americanos de equipos eléctricos lo que implica que China se desacopla de la tecnología americana.

A las 2:17 de la tarde China National Petroleum Corporation, la petrolera estatal más grande del mundo anunció la reorganización estratégica de sus rutas de suministro global lo que significa que se ha reactivado el arma energética, lo que significa la anulación de contratos de suministro de petróleo con refinerías Americanas por un valor de 47 mil millones de dólares anuales, ese petróleo que llegaba a la costa Este de EEUU fue dirigido a la India, Brasil Sudáfrica y otros socios del Sur Global lo que determinó que los precios del petróleo se dispararon 23% en una sola sesión de Trading, pero lo más importante es el mensaje estratégico: China puede estrangular energéticamente a EEUU sin disparar un solo tiro.

En otra jugada la China Ocean Shiping Company que controla aproximadamente 40% de la capacidad de transporte marítimo global implementó lo que llamó Optimización de Rutas Operativas, lo que significa que los cargueros chinos han empezado a evitar usar los puertos americanos: Long Beach, Los Ángeles, Nueva York y Miami, que dependen de la logística naval china para mantener sus cadenas de suministro se encontraron súbitamente sin el 35% de su tráfico normal de contenedores, una catástrofe para Walmart, Amazon, Target…, que dependen de barcos chinos para su importación de productos manufacturados en China para puertos americanos vieron su cadena de suministros colapsados parcialmente en cuestión de horas.

Lo más impactante de todas estas medidas fue el ‘timing’ aplicado simultáneamente, crearon un efecto cascada que amplificó exponencialmente el impacto económico, no fue una escalada gradual, fue un shock sistémico diseñado para anular la capacidad americana de respuesta.

No había terminado de asimilar el gobierno yanqui el golpe cuando China activa un nuevo paquete de medidas: la movilización del Sur Global, a las 4:22 del mismo día 4 de enero el ministro de relaciones exteriores Chino Wang Yi ofrece a Brasil, India, Sudáfrica, Irán, Turquía, Indonesia y otros 23 países términos comerciales preferenciales inmediatos para cualquier país que se comprometiera públicamente a no reconocer ningún gobierno venezolano que llegara al poder de la mano criminal de los EEUU.

En menos de 24 horas 19 países habían aceptado la oferta, Brasil fue el primero, seguido de la India, Sudáfrica y México y eso es la materialización práctica del Mundo Multipolar en Acción. China ha logrado una coalición antinorteamericana instantánea usando el arma de los incentivos económicos.

La guinda del pastel legó el 5 de enero cuando Beijing activó el arma financiera: el sistema de pagos interbancaria transfronterizos de China anunció que estaba expandiendo su capacidad operativa para absorber cualquier transacción global que quisiera evitar el sistema SWIFT controlado por Washington, lo que significa que China ha dispuesto una alternativa al mundo completamente funcional al sistema financiero occidental. Cualquier país, corporación, banco, que quiera comerciar sin depender de la infraestructura financiera americana podía usarlo usando el sistema chino más barato y rápido en un 97%. La respuesta fue inmediata y masiva, en las primeras 48 horas de operación se procesaron transacciones por valor de 89 mil millones de dólares. Bancos centrales de 34 países abrieron cuentas operativas en el sistema chino, lo que significa una desdolarización acelerada de una de las fuentes más importantes del financiamiento de los EEUU.

En el frente tecnológico china que controla el 60% de la producción mundial de tierras raras, elementos críticos para la fabricación de semiconductores y componentes electrónicos anunció restricciones temporales a la exportación de tierras raras hacia cualquier país que hubiese apoyado el secuestro del Presidente Nicolás Maduro. Apple, Microsoft, Google, Intel, todas las gigantes tecnológicas americanas que dependen de cadenas de suministro chinas para componentes críticos andan asustadas ya que sus sistemas de producción podrían colapsar en cuestión de semanas.

Cada movimiento chino golpea el corazón económico del imperio norteamericano.

¿Qué ha hecho China a favor de Venezuela? preguntan amigos y enemigos del gobierno. Lo anteriormente expuesto es la explicación de que sin declarar la guerra China actúa.


Kurt Grötsch es cofundador y vicepresidente de Cátedra China y embajador de la Minzu University of China.

Fuente: https://abyayalasoberana.org/noticias/venezuela-china-responde-a-tope/

Em

Rebelion

https://rebelion.org/china-responde-a-tope/

19/1/2026

 

 

sábado, 17 de janeiro de 2026

Como Washington usa a energia como arma – A militarização do comércio mundial de petróleo fundamenta a ordem baseada em regras dos EUA

 


Michael Hudson [*]

Cartoon de Matt Wuerker.

Irão (1953), Iraque (2003), Líbia (2011), Rússia (2022), Síria (2024) e agora Venezuela (2026). O denominador comum subjacente aos ataques e sanções económicas dos EUA contra todos estes países é o armamento americano do comércio mundial de petróleo. O controlo do petróleo é um dos seus principais métodos para alcançar o controlo unipolar do comércio mundial e dos acordos financeiros dolarizados. A perspetiva de os países acima mencionados utilizarem o seu petróleo para seu próprio benefício e diplomacia representa a ameaça mais séria à capacidade global da América de utilizar o comércio do petróleo para impor os objectivos da sua diplomacia.

Todas as economias modernas precisam de petróleo para alimentar as suas fábricas, aquecer e iluminar as suas casas, produzir fertilizantes (a partir do gás) e plásticos (a partir do petróleo) e abastecer os seus transportes. O petróleo sob o controlo dos Estados Unidos ou dos seus aliados (British Petroleum, Holland's Shell e, atualmente, a OPEP) tem sido, desde há muito, um potencial ponto de estrangulamento que os responsáveis norte-americanos podem utilizar como alavanca contra países cujas políticas considerem adversas aos desígnios dos Estados Unidos: os Estados Unidos podem mergulhar as economias desses países no caos cortando-lhes o acesso ao petróleo.

O objetivo primordial da atual diplomacia americana, naquilo a que os seus estrategas chamam uma guerra civilizacional contra a China, a Rússia e os seus potenciais aliados dos BRICS, é bloquear a retirada de países da economia mundial controlada pelos EUA e frustrar a emergência de um agrupamento económico centrado na Eurásia. Mas, em contraste com a posição da América no final da Segunda Guerra Mundial, quando era a potência económica e monetária dominante do mundo, hoje tem poucos incentivos positivos para atrair países estrangeiros para uma economia mundial centrada nos EUA, na qual, como o Presidente Trump disse, os Estados Unidos devem ser os ganhadores em qualquer acordo de comércio exterior e investimento, e outros países devem ser os perdedores.

Foi para isolar a Rússia e, por trás dela, a China e o Irão, que o Presidente Trump utilizou as suas tarifas do Dia da Libertação, a 2 de abril de 2025, para pressionar os líderes da Alemanha e da UE a absterem-se voluntariamente de importar mais energia da Rússia, apesar de partes do gasoduto Nord Stream 2 ainda estarem operacionais. A anterior aceitação pela Alemanha e pela UE da destruição dos gasodutos Nord Stream, em fevereiro de 2022, é um testemunho da capacidade dos diplomatas americanos para forçar os países a aderirem – em seu próprio prejuízo – às alianças militares americanas da Guerra Fria e a seguirem as políticas por eles estabelecidas. A desindustrialização e a perda de competitividade da Alemanha, desde que o seu comércio de petróleo e gás com a Rússia foi bloqueado, foi o sacrifício exigido a este país (e à UE) pelos Estados Unidos no seu esforço para isolar e prejudicar as economias russa e chinesa (e também para gerar receitas adicionais de exportação de GNL para si próprios, é certo).

Uma caraterística fundamental da política de segurança nacional dos EUA é o seu poder de impedir que outros países protejam e actuem de acordo com os seus próprios interesses económicos e de segurança. Esta assimetria foi incorporada na economia mundial desde o final da Segunda Guerra Mundial, quando os Estados Unidos tinham um enorme apoio económico para oferecer às economias europeias devastadas pela guerra. Mas, atualmente, o poder americano de coação é apoiado principalmente pelas suas ameaças de causar danos e caos, criando e explorando pontos de estrangulamento ou, como último recurso, bombardeando países mais fracos para forçar o seu cumprimento. Esta alavancagem destrutiva é o único instrumento político que resta a uma economia americana que se desindustrializou e caiu numa dívida externa de uma magnitude que ameaça agora acabar com o papel monetário dominante e lucrativo do dólar.

No final da Segunda Guerra Mundial, o dinheiro era o principal ponto de estrangulamento das economias ocidentais. O Tesouro dos EUA estava a caminho de aumentar as suas reservas de ouro para 80% do ouro monetário mundial – do qual a expansão financeira estrangeira dependia sob o padrão dólar/ouro para pagamentos internacionais que durou até 1971.

Com a maioria dos países sem ouro monetário e necessitando de contrair empréstimos para financiar o seu comércio externo e os défices da balança de pagamentos, os diplomatas americanos utilizaram o Fundo Monetário Internacional e o Banco Mundial para conceder empréstimos em condições que impunham políticas de privatização pró-EUA, impostos regressivos e uma abertura das economias estrangeiras aos investidores americanos. Tudo isto se tornou parte do sistema dolarizado do comércio internacional e da política monetária que o financia.

Para além do dinheiro, o petróleo tornou-se uma necessidade internacional importante – e, portanto, um potencial ponto de estrangulamento. É também, desde há muito, um dos pilares da balança comercial dos EUA (juntamente com as exportações de cereais) e tem sido o principal suporte do papel dominante do dólar nas finanças desde 1974, quando os países da OPEP quadruplicaram os preços do petróleo e chegaram a um acordo com os funcionários dos EUA para investirem os seus ganhos de exportação na compra de títulos do Tesouro e de empresas dos EUA e de depósitos bancários – tendo-lhes sido dito que não o fazer seria considerado um ato de guerra contra os Estados Unidos. O resultado foi a criação do mercado dos petrodólares, que se tornou um pilar da balança de pagamentos dos EUA e, consequentemente, da força do dólar.

Desde 1974, os responsáveis norte-americanos têm procurado não só manter o comércio mundial de petróleo e outras matérias-primas a preços em dólares, mas também emprestar petróleo e outros excedentes de exportação aos Estados Unidos (ou investir neles). Este é o tipo de “retorno” que Donald Trump passou o último ano a negociar com países estrangeiros como condição para lhes permitir manter o acesso ao mercado dos EUA para os seus produtos.

O exemplo mais recente desta insistência foi o anúncio do Departamento de Energia, a 6 de janeiro, de que a administração Trump iria permitir que a Venezuela exportasse 30 a 50 milhões de barris de petróleo, no valor de até 2 mil milhões de dólares, e que isso “continuasse indefinidamente” numa base selectiva, sujeito a uma disposição chave:   “As receitas serão depositadas em contas controladas pelos EUA em ‘bancos mundialmente reconhecidos’ e depois serão distribuídas às populações dos EUA e da Venezuela, segundo o critério da administração Trump”.

Exigências dos EUA de privilégios prioritários para si no comércio mundial de matérias-primas vitais

Em setembro de 1973, um ano antes da revolução dos preços da OPEP, os Estados Unidos derrubaram o presidente eleito do Chile, Salvador Allende. O problema não era a “chilenização” da sua indústria do cobre. Na verdade, esse plano havia sido proposto pelas empresas americanas de cobre Anaconda e Kennecott. Estas consideravam que a aquisição negociada das empresas americanas contribuía para aumentar o preço mundial do cobre. Isso criou uma barreira de preços para as empresas aumentarem os lucros da sua própria exploração mineira e refinação nos EUA. Este foi o mesmo princípio que levou as empresas petrolíferas a aceitarem as nacionalizações e o aumento de preços da OPEP em 1974.

A condição fundamental associada ao acordo chileno sobre o cobre era que o cobre seria vendido às empresas americanas como primeiro da fila, independentemente do preço chileno fixado. As empresas de cobre americanas necessitavam desta garantia para assegurar aos seus clientes o fornecimento contínuo de cabos eléctricos, armas e outras aplicações importantes. Este direito de primeira recusa era uma concessão que não implicava um sacrifício económico por parte do Chile. Mas Allende insistia que esta concessão violava a soberania chilena. Tratava-se de uma exigência desnecessária do ponto de vista do interesse nacional chileno, mas Allende manteve-se firme – e foi derrubado. No caso da Venezuela, o que mais perturba os responsáveis pela segurança nacional dos Estados Unidos é o facto de ter estado a fornecer 5% das necessidades de petróleo da China.

Também fornecia o Irão e Cuba, embora a Rússia a tenha substituído cada vez mais como fornecedor destes dois países desde 2023. Esta liberdade russa e venezuelana de exportar petróleo enfraqueceu a capacidade dos funcionários americanos de usar o petróleo como arma para esmagar outras economias, ameaçando-as com a mesma retirada de energia que destruiu a indústria alemã e os níveis de preços. Este fornecimento de petróleo que não está sob o controlo dos EUA foi, portanto, considerado uma violação da ordem baseada em regras dos EUA.

Para piorar a situação, a Venezuela anunciou em 2017 que iria começar a fixar os preços das suas exportações de petróleo em moedas que não o dólar, ameaçando a prática de mercado do petrodólar. E, à medida que a China se tornava um investidor na indústria petrolífera venezuelana, falava-se que o Presidente Maduro começaria a cotar o preço das suas exportações de petróleo em yuan chinês (tal como a Zâmbia acaba de fazer com as suas exportações de cobre). Maduro deixou claro o desafio que estava a lançar. Já em 2017 tinha anunciado que o seu objetivo era acabar com “o sistema imperialista dos EUA”.

As regras não escritas baseadas em ordens dos EUA governam a economia mundial de hoje, não a Carta da ONU

A diplomacia americana não se sente segura a não ser que possa tornar os outros países inseguros, e vê a sua liberdade de ação ameaçada se for permitida aos outros países a liberdade de decidirem com quem querem negociar e o que querem fazer com as suas poupanças. A política externa dos EUA de criar pontos de estrangulamento para manter outros países dependentes do petróleo sob controlo dos EUA, e não do petróleo fornecido pela Rússia, Irão ou Venezuela, é um dos principais meios da América para tornar outros países inseguros. Mas esta política não foi até agora registada em documentos públicos. Até às declarações contundentes de Trump e dos seus conselheiros, na semana passada, os diplomatas americanos pareciam ter vergonha de declarar explicitamente este e outros princípios fundamentais da ordem baseada em regras dos Estados Unidos.

A razão para esta relutância foi o facto de estes princípios serem antitéticos ao direito internacional (e também aos princípios do mercado livre, que os Estados Unidos até agora subscreveram, pelo menos na sua retórica). O ataque militar dos Estados Unidos à Venezuela e o sequestro do Presidente Maduro é o exemplo mais recente deste facto. Embora a liderança dos Estados Unidos considere a sua agressão um exercício permissível dos seus princípios de ordem baseados em regras, é uma violação flagrante – na verdade, um repúdio – do direito internacional, mais notavelmente o Artigo 2 (4) da Carta das Nações Unidas que afirma, de facto, que “uma nação não pode usar a força no território soberano de outro país sem o seu consentimento, uma razão de autodefesa ou a autorização do Conselho de Segurança da ONU”.

Por incrível que pareça, os Estados Unidos justificam frequentemente as suas agressões e ameaças militares com base na auto-defesa. O colunista do Financial Times, Gideon Rachman, por exemplo, relata que “os EUA acreditam que a sua própria segurança nacional seria posta em perigo se a indústria de semicondutores de Taiwan caísse nas mãos da China – ou se Pequim controlasse a navegação que passa pelo Mar do Sul da China”. A América parece ser o país mais ameaçado e vulnerável do mundo, muito aquém do seu antigo poder. O próprio Trump parece viver com medo, chegando mesmo a citar a localização geográfica da Gronelândia como uma ameaça à segurança nacional dos EUA:   “Precisamos da Gronelândia do ponto de vista da segurança nacional”, disse ele aos jornalistas no Air Force One, a 4 de janeiro. "A Gronelândia está coberta de navios russos e chineses por todo o lado. Trump prometeu tratar da questão da Gronelândia nos próximos dois meses. E os líderes da UE estão a apoiar Trump como o derradeiro protetor da Europa contra tais ameaças. O presidente da Letónia sugeriu que as “necessidades legítimas de segurança dos EUA” têm de ser abordadas num “diálogo direto” entre os EUA e a Dinamarca.

A Gronelândia deve fazer parte dos Estados Unidos", disse Stephen Miller, vice-chefe de gabinete de Trump para Política e Segurança Interna. “O presidente tem sido muito claro sobre isso, essa é a posição formal do governo dos EUA”. Desmentindo a ideia de que a tomada da Gronelândia envolveria uma operação militar, Miller avisou que “ninguém vai lutar militarmente contra os Estados Unidos pelo futuro da Gronelândia”.

Muito menos os dinamarqueses, pelos vistos. O aspeto mais sinistro das ameaças de Trump de anexar a Gronelândia aos Estados Unidos no início de 2026 foi a intenção dos EUA – apoiada pela NATO – de bloquear o acesso ao Ártico a partir do Atlântico Norte “em ambos os lados do fosso entre a Gronelândia, a Islândia e o Reino Unido, através do qual os navios russos – ou chineses – devem passar para entrar no Atlântico Norte”. Um porta-voz da NATO referiu-se aos comentários feitos pelo secretário-geral Mark Rutte em [6 de janeiro], em que afirmou que “a NATO coletivamente (...) tem de garantir que o Ártico se mantém seguro”. O próprio Rutte disse à CNN que “todos nós [membros da NATO] concordamos que os russos e os chineses estão cada vez mais activos nessa área”, não deixando dúvidas de que manter o Oceano Ártico ‘seguro’ significa “livre” da navegação chinesa e russa que ambos os países têm trabalhado para desenvolver de modo a encurtar as rotas e os tempos de navegação.

Um editorial do Wall Street Journal apoia a afirmação de que a América precisa de se defender contra países que permanecem independentes do controlo dos EUA. Salientando que “os EUA também alegaram auto-defesa para prender o ditador panamenho Manuel Noriega”, o jornal argumenta que o derrube militar é “a única defesa contra os bandidos globais”.

Mais concretamente, adverte que seria uma ilusão idealista, mas anacrónica, imaginar que o direito internacional rege realmente as acções das nações. “Como se Moscovo e Pequim já não espezinhassem o direito internacional quando este se interpõe no seu caminho”, ironiza, desvalorizando a relevância do direito internacional, que se tornou “o melhor amigo dos tiranos”.

O atual direito das nações sempre esteve, naturalmente, sujeito ao uso da força e ao princípio do “Poder faz a razão”. O conselheiro de Trump, Stephen Miller, explicou a sua filosofia numa entrevista à CNN:   "Vivemos num mundo, no mundo real... que é governado pela força, que é governado pela força, que é governado pelo poder. Estas são as leis de ferro do mundo desde o início dos tempos".

Os diplomatas americanos podem simplesmente encolher os ombros e perguntar quantas tropas têm as Nações Unidas. Não tem nenhuma e as resoluções do Conselho de Segurança estão, de qualquer modo, sujeitas ao veto dos Estados Unidos. E os Estados Unidos simplesmente ignoram as disposições da Carta da ONU, como o mundo acaba de ver com o sequestro do chefe de Estado da Venezuela. São as regras dos EUA que servem de lei operativa a que estão sujeitos os outros países, pelo menos os que estão na órbita comercial, financeira e militar dos EUA.

Trump não tem qualquer embaraço em reconhecer o princípio operativo que se aplica à sua mais recente diplomacia internacional:   “Queremos o petróleo da Venezuela”. Ele já confiscou petróleo em trânsito de petroleiros que saíram da Venezuela no mês passado. E anunciou que, se a presidente interina da Venezuela, Delcy Rodriguez, não concordar voluntariamente em entregar o controlo do seu petróleo, o exército dos EUA entregará as suas reservas de petróleo a empresas americanas e trará um novo cleptocrata ou ditador para governar o país em nome dos interesses dos EUA.

Quando o Departamento de Estado dos EUA pressionou os países da OPEP a reciclarem os seus ganhos com a exportação de petróleo em títulos em dólares americanos em 1974, os líderes da OPEP estavam dispostos a fazê-lo, porque os Estados Unidos eram de longe a principal economia financeira do mundo nessa altura. Ainda dominam o sistema financeiro baseado no dólar, mas já não têm o seu antigo poder industrial e acabaram de reduzir a sua ajuda externa e a sua participação na Organização Mundial de Saúde e noutras agências de ajuda da ONU. Em vez de apoiar o crescimento de outras economias, a sua força diplomática baseia-se agora na sua capacidade de perturbar o seu comércio e crescimento económico. E foi o declínio do seu poder industrial que tornou tão urgente a ação dos EUA contra a Venezuela, com a sua agressão militar e ameaças contínuas contra esse país, como parte da sua tentativa de dissuadir os países de romperem com as regras não escritas do controlo unipolar dos EUA sobre o comércio internacional e os pagamentos, desdolarizando as suas relações comerciais e monetárias.

Há também uma apropriação de recursos. Stephen Miller, o principal conselheiro de Trump acima referido, afirmou sem rodeios que “os países soberanos não têm soberania se os EUA quiserem os seus recursos”. Os seus comentários seguiram-se a uma declaração igualmente contundente numa reunião de emergência do Conselho de Segurança da ONU pelo embaixador dos EUA Michael Waltz:   “Não se pode continuar a ter as maiores reservas de energia do mundo sob o controlo de adversários dos Estados Unidos.”

O princípio legal dos EUA é que “a posse é nove décimos da lei”. E a lei em ação no caso presente é a dos Estados Unidos, não a da Venezuela ou a das Nações Unidas. Há uma série de outros princípios em ação, encabeçados pelo já mencionado direito de autodefesa ao abrigo da permissão americana “Stand your ground” para se defender. A história de cobertura para o ataque de Trump à Venezuela (testada nos media pela Fox News e pelas sondagens) é que a Venezuela ameaça os Estados Unidos com cocaína e outras drogas. Ou, pelo menos, com drogas que não são coordenadas pela CIA e pelos militares americanos, como tem sido documentado desde o Vietname até ao Afeganistão e à Colômbia. A acusação judicial contra Maduro, no entanto, não faz referência às afirmações de Trump sobre um “Cartel de los Soles” que ele alegadamente lidera, mas cita principalmente acusações não relacionadas com o porte de uma metralhadora e outras acusações semelhantes inaplicáveis a um chefe de Estado estrangeiro.

Não houve qualquer acusação contra Maduro pelas suas verdadeiras infracções aos olhos dos Estados Unidos:   ameaçar a capacidade da América de controlar o petróleo do seu país e a sua comercialização, e a sua intenção de fixar o preço do petróleo venezuelano em yuan e noutras moedas que não o dólar e de utilizar as receitas da exportação de petróleo para pagar à China os seus investimentos no seu país. A analogia adequada para as acusações forjadas de tráfico de droga contra Maduro é a falsa alegação – utilizada para justificar a invasão americana do Iraque em 2003 – de que Saddam Hussain estava a trabalhar para obter armas de destruição maciça. Isto foi suficiente para fazer cair o respeito pelo secretário de Estado Colin Powell após o seu discurso de 5 de fevereiro de 2003 perante as Nações Unidas. Mas, de acordo com o princípio americano de “stand your ground”, os Estados Unidos tinham razões para se sentirem ameaçados pela tentativa da Venezuela de assumir o controlo do seu comércio de petróleo – e, na verdade, de comerciar com os adversários designados pelos Estados Unidos, a China, a Rússia e o Irão. A agressão dos Estados Unidos em resposta a essa ameaça foi apoiada pelo princípio americano conexo que permite aos proprietários de casas ou aos polícias matar quem quer que seja que pensem ser uma ameaça, por mais subjectiva ou tardia que seja a desculpa.

Embora justificada por estes princípios da ordem baseada em regras da América, a última arma de Trump no comércio de petróleo envolveu, como discutido acima, o repúdio pelos Estados Unidos de princípios fundamentais do direito internacional, incluindo o direito do mar. Antes do seu ataque militar a Caracas e do sequestro do Presidente Maduro, o seu embargo às exportações de petróleo venezuelano (a qualquer comprador, exceto às companhias petrolíferas americanas) e a apreensão de petroleiros que transportavam o petróleo do país foram especialmente flagrantes, para não mencionar o seu bombardeamento de barcos de pesca não identificados e outras embarcações ao largo da costa da Venezuela, assassinando as suas tripulações sem aviso prévio.

Outra vítima da ênfase dos EUA em armar o comércio mundial de petróleo e energia é o ambiente. Como parte do seu objetivo de tornar o resto do mundo dependente do petróleo e do gás sob o seu firme controlo e dos seus aliados, os Estados Unidos estão a lutar para impedir que outros países descarbonizem as suas economias na tentativa de evitar uma crise climática e as suas condições meteorológicas extremas. Assim, os Estados Unidos opõem-se ao Acordo de Paris sobre o Clima, que apoia uma política “verde” de substituição dos combustíveis de carbono por energia eólica e solar.

O problema para os Estados Unidos é que a energia eólica e a energia solar constituem uma alternativa ao petróleo, que os Estados Unidos procuram controlar. A eliminação progressiva do petróleo não só eliminaria um dos pilares da balança comercial dos EUA, como também privaria os seus estrategas da capacidade de desligar as luzes e o aquecimento dos países cujas políticas se opõem. E para piorar a situação, a China assumiu a liderança na tecnologia das energias renováveis, incluindo a produção de painéis fotovoltáicos e pás de moinhos de vento. Este facto é visto como uma grande ameaça, uma vez que aumenta o risco de outras economias se tornarem independentes da dependência do petróleo. Entretanto, a oposição dos EUA a outros combustíveis que não o petróleo sob o seu controlo causou danos na própria economia americana, ao bloquear o seu próprio investimento em energia solar e eólica.

A administração Trump tem sido particularmente agressiva em bloquear não só as iniciativas estrangeiras para reduzir os combustíveis de carbono, mas também as alternativas americanas. "No primeiro dia do seu segundo mandato presidencial, o Sr. Trump emitiu uma ordem executiva suspendendo todo o arrendamento de terras e águas federais para novos parques eólicos. Desde então, a sua administração tem perseguido os parques eólicos que receberam licenças da administração Biden e que estavam em construção ou prestes a entrar em funcionamento, recorrendo a explicações variáveis". Suspendeu os contratos de arrendamento de todos os projectos eólicos offshore num novo ataque ao sector", invocando preocupações de segurança nacional.

O que torna este movimento contra as fontes de energia alternativas ainda mais impressionante é a projectada escassez de eletricidade nos Estados Unidos, que se prevê ser causada pelo aumento da procura por parte dos centros informáticos de IA, em circunstâncias em que os Estados Unidos têm grandes esperanças na inteligência artificial (IA). Para além das rendas dos recursos petrolíferos, os estrategas americanos esperam aumentar as rendas de monopólio dos Estados Unidos à custa de outros países através das suas tecnologias da informação, das empresas de plataformas de Internet e (esperam) do domínio da IA. O problema é que a IA requer uma enorme quantidade de energia para operar os seus computadores. Mas a tendência dos EUA para a produção de energia tem-se mantido estável na última década e o investimento em novas instalações de produção de energia é um processo moroso e burocrático (daí a projectada escassez de energia acima mencionada). Isto contrasta fortemente com o enorme aumento da produção de eletricidade da China, em grande parte devido à produção intensiva de painéis solares e moinhos de vento, em que estabeleceu uma ampla liderança tecnológica – enquanto a prática dos EUA tem evitado esta fonte de energia por “não ter sido inventada aqui” e, mais fundamentalmente, por ter o potencial de minar a sua tentativa de tornar o mundo dependente do petróleo que controla.

Resumo: As principais exigências da ordem baseada em regras dos EUA em relação ao petróleo são:

1. O controlo do comércio mundial de petróleo deve continuar a ser um privilégio dos EUA

Os Estados Unidos devem controlar o comércio mundial de petróleo. Devem poder decidir que países estão autorizados a fornecer petróleo aos seus aliados e a que países os exportadores de petróleo aliados estão autorizados a vender o seu petróleo. Isto significa proibir os aliados de importarem petróleo de países como a Rússia, o Irão e a Venezuela. Implica também a interferência nas exportações de petróleo dos seus adversários (como acaba de acontecer com o bloqueio e a apreensão das exportações de petróleo venezuelano, e tem acontecido com a frota petrolífera russa) e a agressão militar para se apoderar do petróleo dos seus adversários. O petróleo do Iraque e da Síria foi simplesmente roubado pelos ocupantes americanos e está a ser fornecido a Israel. O petróleo da Líbia também foi confiscado em 2011 e continua a ser objeto de perturbações.

2. O comércio do petróleo deve ser cotado e pago em dólares americanos

O petróleo e outras exportações devem ser cotados em dólares e comercializados através de bolsas de mercadorias ocidentais, sendo os pagamentos efectuados através de bancos ocidentais que utilizam o sistema SWIFT, todos eles sob o controlo diplomático efetivo dos EUA.

3. O domínio do petrodólar

Além disso, os ganhos internacionais da exportação de petróleo devem ser emprestados ou investidos nos Estados Unidos, de preferência sob a forma de títulos do Tesouro americano, obrigações de empresas e depósitos bancários.

4. As alternativas energéticas “verdes” ao petróleo devem ser desencorajadas e o fenómeno do aquecimento global e das condições meteorológicas extremas deve ser negado.

Para promover o controlo contínuo dos mercados energéticos por parte dos EUA, as alternativas não carbónicas ao petróleo e ao gás – e as políticas verdes de proteção ambiental que apoiam essas alternativas – devem ser desencorajadas, porque as fontes de energia alternativas reduzem a influência que a diplomacia dos EUA possui para impor as regras anteriores.

5. Nenhuma lei se aplica ou limita as regras ou políticas dos EUA

Finalmente, os Estados Unidos e os seus principais aliados devem ser imunes a tentativas estrangeiras de bloquear as suas políticas, incluindo tentativas através das Nações Unidas e dos tribunais internacionais. Os Estados Unidos devem manter a sua capacidade de vetar as resoluções do Conselho de Segurança da ONU e simplesmente ignorarão as resoluções da Assembleia Geral da ONU e as ordens dos tribunais internacionais a que se opõem. Este princípio leva os Estados Unidos a oporem-se à criação de quaisquer tribunais ou órgãos de direito alternativos e, acima de tudo, a impedir que essas autoridades tenham o poder militar para fazer cumprir as suas decisões.

12/Janeiro/2026

 12/1/2026

 

quarta-feira, 14 de janeiro de 2026

O 03 de janeiro e a racionalidade imperial contra a Venezuela

Os acontecimentos do sábado, 03 de janeiro, são amplamente conhecidos; portanto, não faremos uma resenha dos eventos. Em vez disso, apontaremos as razões fundamentais do ataque dos Estados Unidos em solo venezuelano e do sequestro do presidente Nicolás Maduro e da primeira-dama Cilia Flores.

Além da condenação ética, persiste uma pergunta necessária: por que os EUA chegaram ao extremo de tomar uma decisão dessa magnitude em pleno século XXI, claramente prejudicial, considerando os resultados políticos tanto nos Estados Unidos quanto na Venezuela?

A resposta não está nos discursos de Trump (“vamos administrar a Venezuela”) nem nos slogans de Pete Hegseth e Marco Rubio. Em vez disso, podem-se argumentar várias respostas, todas nucleadas em torno de um documento que anunciou as ações americanas com frieza técnica semanas antes: a Estratégia de Segurança Nacional 2025 (ESN).

O Corolário Trump: quando a soberania é uma oferta coercitiva

A ESN é um ato político que reconfigura as regras do jogo no hemisfério ocidental. Em suas 33 páginas, ela introduz o que chamou de “Corolário Trump à Doutrina Monroe”, onde não define se um Estado é soberano ou não, mas sim que tipo de soberania é considerada legítima para a ordem hemisférica americana.

Sem dúvida, trata-se de uma afirmação ontológica dentro do regime de exceção que Trump 2.0 tenta estabelecer nesta parte do mundo.

Porque a legitimidade já não depende do regime interno nem do cumprimento das normas internacionais, mas da sua compatibilidade com a cadeia de valor americana. A ESN formula-o sem ambiguidades:

  • “Negaremos aos concorrentes não hemisféricos a capacidade de posicionar forças ou outras capacidades ameaçadoras, ou de possuir ou controlar ativos estrategicamente vitais, em nosso Hemisfério” (p. 15).
  • “Os termos de nossos acordos […] devem ser contratos de fonte única para nossas empresas” (p. 19).
  • “Devemos fazer todo o possível para expulsar empresas estrangeiras que construam infraestrutura na região” (p. 19).

Isso implica que a soberania dos outros é medida pela sua capacidade de não interferir e, de preferência, facilitar os interesses vitais dos EUA.

Um Estado pode ser plenamente reconhecido pela ONU, realizar eleições e ter controle territorial. Mas se permitir que uma empresa chinesa construa um porto, uma mina ou uma rede 5G, sua soberania se torna funcionalmente ilegítima. Sob esse horizonte conceitual, nos referimos à soberania funcional em uma análise especial sobre o documento.

A Venezuela encarna o desafio máximo para essa doutrina: é o caso-limite. Ela mantém alianças estratégicas com a China, a Rússia e o Irã; controla recursos críticos sem entregar sua gestão a capitais alinhados; e desenvolveu mecanismos de intercâmbio que contornam o dólar e as cadeias de valor americanas.

Nesse vazio estrutural – onde um país é soberano segundo o direito internacional, mas ilegítimo segundo a lógica imperial – qualquer medida contra ele se torna “razoável”. De acordo com a razão imposta por Washington, não por analogia, mas por relação funcional:

  • As sanções são “medidas de contenção”.
  • O cerco econômico é “restabelecimento de condições mínimas de estabilidade”.
  • A agressão militar é “prevenção de ameaças”.

E o sequestro de um presidente constitucional, neste contexto, não é uma violação da soberania: é uma operação técnica de gestão de risco. É por isso que a ficção do “Cartel dos Sóis” já não é necessária no âmbito das justificativas violadoras.

O colapso do petrodólar

O cerne da questão não são as reservas petrolíferas da Venezuela – mesmo sendo as maiores do mundo, de longe –, mas em que moeda elas são comercializadas. Como aponta o analista Pepe Escobar:

“O cerne da questão não são as reservas petrolíferas da Venezuela em si, mas o petróleo denominado em dólares. Imprimir papel higiênico verde infinito – intrinsecamente sem valor – para financiar o complexo industrial-militar implica que o dólar continue sendo a moeda de reserva global, incluindo o petrodólar”.

A Venezuela, para alcançar um quadro de resistência às sanções ilegais – de forma eficaz ou não, isso é outra discussão –, rompeu o cerco financeiro. A integração ao sistema chinês CIPS, o mecanismo SWIFT que está começando a se projetar como uma alternativa real ao dolarcentrismo sistêmico, criou as condições para que o petróleo fosse pago em yuans, rublos ou uma cesta lastreada em ouro.

Esse passo não foi técnico, mas a primeira brecha real no monopólio do dólar do petróleo desde 1974.

O petrodólar é o pilar material do poder dos Estados Unidos, juntamente com a indústria e a projeção militar sofrida. Sem ele, os EUA não podem financiar seu déficit (6-7% do PIB), nem sua dívida (mais de 120% do PIB), nem seus gastos militares (1,5 trilhão de dólares para este ano).

O sequestro de Maduro buscava, assim, deter a fuga do dólar no comércio global de petróleo, ao mesmo tempo em que garantia o controle sobre a Citgo para entregá-la ao fundo do abutre financeiro Paul Singer (Elliot Investment Management). A filial da PDVSA nos EUA, também sequestrada pelo quadro sancionatório, é uma infraestrutura crítica de poder energético. Sua entrega faz parte de uma reconfiguração do hemisfério, em consonância com o referido na ESN.

A ficção financeira-especulativa e o esqueleto da pilhagem

O capitalismo contemporâneo, especialmente em sua variante norte-americana, entrou em uma fase em que o valor já não é produzido principalmente na esfera produtiva, mas na especulação financeira.

Desde a década de 1970, e de forma acelerada após a crise de 2008, a economia dos EUA se desmaterializou: sua riqueza se baseia em derivativos, algoritmos, dívida soberana e na financeirização da vida cotidiana. Esse processo não cria novo valor (em termos marxistas), mas redistribui e antecipa valor futuro por meio de mecanismos fictícios.

O valor no capitalismo atual continua baseado no trabalho humano; continua tendo raízes materiais. O paradoxo reside no fato de que, enquanto o capital financeiro-especulativo, negociado em Nova York, se afasta da produção, ele precisa urgentemente se reapropriar de espaços reais de riqueza material para sustentar sua ficção.

A Venezuela – com as maiores reservas de petróleo do mundo, ouro, coltan, biodiversidade estratégica e soberania energética – representa um território de resgate ontológico para um capital que já não sabe como criar valor.

Por isso, nunca se tratou de “libertar” a Venezuela, mas de reintegrar seus recursos à órbita da acumulação norte-americana, despojando-a de sua capacidade de resistência.

A história do capitalismo tem sido marcada por ciclos de expansão e crise. Mas hoje o sistema enfrenta uma crise estrutural de acumulação: os mercados estão saturados, a taxa de lucro cai e a inovação tecnológica já não reativa a produção, mas destrói empregos e valor, de acordo com a pesquisa de dados empíricos apresentada pelos pesquisadores Güney Işıkara e Patrick Mokre (em seu livro de 2025 Marx’s Theory of Value at the Frontiers, resenhado pelo economista inglês Michael Roberts).

Nesse contexto, o capital não pode mais se expandir “por dentro”, mas apenas “por fora”: por meio da desapropriação, da guerra e da reconfiguração forçada das fronteiras. A partir desse horizonte de análise, Işıkara e Mokre confirmam que o ataque dos Estados Unidos contra a Venezuela não foi uma aventura militar isolada. Vejamos.

Entre 1990 e 2020, 70 trilhões de dólares – 5,9% do produto global anual em indústrias produtivas – foram transferidos do Sul Global para o núcleo imperial, com os EUA e o Japão como principais beneficiários. México, Brasil, Indonésia e Rússia são grandes “doadores líquidos” de valor. Essa transferência não se deve apenas à exploração do trabalho, mas também às diferenças na composição orgânica do capital (tecnologia, produtividade).

No entanto, o caso da Venezuela é diferente: ao nacionalizar seus recursos e resistir à lógica extrativista neoliberal, ela se tornou um obstáculo decisivo para a reprodução do capital ocidental. Ela não apenas não entrega valor, como o retém. Por isso, a única forma de reintegrá-la ao circuito de acumulação é por meio da força ou da mudança de regime (algo que não conseguiu concretizar com o sequestro do presidente Maduro).

Nesse contexto, o envio de tropas para o Caribe é, essencialmente, a materialização da lógica do capital norte-americano em sua fase terminal, quando já não pode negociar, mas sim impor seu regime de exceção: Washington só ganha porque é mais predatório.

A Venezuela, ao se recusar a ser um “espaço de exploração”, tornou-se um obstáculo sistêmico. Sua eliminação – política, jurídica, física, como possibilidade de alternativa – era uma necessidade estrutural do capital imperial em sua fase terminal.

E aqui reside o paradoxo letal: quanto mais os EUA exigem que os outros sejam “funcionais”, mais evidente se torna sua própria disfunção. Sua economia depende de déficits insustentáveis; sua classe média, da qual depende sua estabilidade interna, está pulverizada; sua coesão política, fraturada por uma oligarquia tecnocrática que governa a partir de algoritmos e fundos de investimento.

O discurso do America First revela, no fundo, uma profunda insegurança: é a voz de quem teme perder o controle. Por isso, Trump (e Rubio e Miller e etc.) buscava um golpe de efeito que pudesse agitar seu próprio espírito narcisista.

O colapso da civilização

Mas, além do aspecto econômico, a operação de 03 de janeiro revela algo ainda mais grave: o colapso civilizatório do projeto americano.

Trump, Rubio e Hegseth não invocaram a Carta da ONU, nem o Direito Internacional, nem mesmo o pretexto do “livre comércio”. Eles justificaram com uma retórica apocalíptica, com os rótulos removíveis do narcotráfico, do terrorismo e das “ameaças iminentes”.

Essa retórica é a linguagem de uma potência que perdeu sua bússola, que não sabe mais que futuro oferecer ao mundo; nem mesmo aos seus próprios cidadãos.

E por trás da retórica está a prática: mais de 100 pessoas assassinadas no Caribe – entre venezuelanos, colombianos, trinitários, etc. – sem julgamento, sem testemunhas, sem base legal; o uso de drones, bombardeiros e fuzileiros navais sem autorização do Congresso; a invenção da categoria de “combatentes ilegais” para burlar as Convenções de Genebra. Trata-se de execuções extrajudiciais disfarçadas sob o pretexto da “guerra contra o narcotráfico”, mas que, na prática, constituem operações de caráter militar dirigidas a partir do alto escalão político dos Estados Unidos.

E o ataque contra a Venezuela representa a lógica final de um sistema sem projeto: quando não consegue mais seduzir, intimida; se não consegue mais convencer, elimina.

Porque, a todas as evidências, os EUA enfrentam uma crise de legitimidade civilizatória. O capitalismo americano prometeu democracia, progresso e bem-estar, mas gerou desigualdade extrema, racismo sistêmico, destruição ecológica e uma cultura de individualismo predatório. A classe média se desintegra; a expectativa de vida diminui; a saúde mental entra em colapso. O modelo não seduz mais nem mesmo em seu próprio território.

Diante dessa perda de hegemonia cultural, o establishment recorre a uma religião substituta: o nacionalismo imperial. A “Doutrina Donroe” e o MAGA são slogans políticos, sim, mas acima de tudo rituais de luto por uma grandeza perdida. Nesse contexto, a Venezuela se torna o bode expiatório perfeito: sua demonização e ameaça de destruição permitem – em teoria – reunificar simbolicamente uma sociedade fragmentada.

Essa lógica se expressa em uma racionalidade necropolítica (retomando novamente o conceito de Achille Mbembe): o poder não mais administra a vida, mas decide quem pode ser preso sem julgamento, sequestrado sem direitos ou bombardeado sem justificativa. Nada do que aconteceu em 03 de janeiro foi um incidente isolado, mas a normalização da exceção. A política externa dos Estados Unidos se tornou uma terapia coletiva para uma civilização em luto, onde cada ameaça militar é um ato de fé em um poder que não acredita mais em si mesmo: apenas na força, e daí o perigo (o que já é dizer muito).

Acima de tudo, diante da oligofrenia de um narcisista rico instalado na Casa Branca que encarna perfeitamente o desespero imperial.

O espelho quebrado

O dia 03 de janeiro não foi um “golpe bem-sucedido”: podemos comprovar isso nas ruas da Venezuela, na estabilidade política proporcionada pela continuidade administrativa do Estado com a presidente(a) Delcy Rodríguez à frente. Mas foi a primeira execução pública do Corolário Trump, além da mobilização caribenha: uma doutrina que substitui a soberania jurídica pela soberania funcional, o Direito Internacional pela gestão técnica do risco e a diplomacia pela coerção estrutural.

Nesse ato de força, os EUA revelaram sua fraqueza mais profunda: já não podem impor sua ordem por meio do consenso, nem mesmo por meio do medo sustentado. Precisam sequestrar presidentes, assassinar civis a sangue frio e fabricar inimigos existenciais para manter a ilusão de controle.

Sob esse regime de realismo imperial, a Venezuela constitui uma exceção histórica – imperfeita, contraditória, mas real – que conseguiu, contra todas as expectativas, manter o controle estatal sobre seus recursos estratégicos.

Isso representa um perigo para os interesses dos Estados Unidos e para a ordem predatória que sustentou o capital ocidental durante décadas.

Poderíamos afirmar, sem suspeita demagógica ou meramente propagandística, que não se temia Maduro, mas que seu exemplo se multiplicasse.

E, nesse sentido, o fracasso já está escrito: enquanto a Venezuela continuar existindo – repetimos: como possibilidade de alternativa –, a ordem funcional do império decadente não estará completa.

— Somos um grupo de pesquisadores independentes dedicados a analisar o processo de guerra contra a Venezuela e suas implicações globais. Desde o início, nosso conteúdo tem sido de uso livre. Dependemos de doações e colaborações para sustentar este projeto. Se você deseja contribuir com a Misión Verdad, pode fazê-lo aqui.

Fonte: https://misionverdad.com/venezuela/analisis-especial-el-3-de-enero-y-la-racionalidad-imperial-contra-venezuela

Em Sakerlatam

 https://sakerlatam.blog/o-03-de-janeiro-e-a-racionalidade-imperial-contra-a-venezuela/

14/1/2026

 

segunda-feira, 12 de janeiro de 2026

The Gangster Phase of Imperialism

 


Prabhat Patnaik

WHEN the Soviet Union collapsed, liberal bourgeois writers had proclaimed the arrival of an era marked by the universal triumph of democracy and stability; they had considered the socialist challenge unnecessary and counterproductive, and believed that capitalism which had already given political independence to its colonies, and introduced universal adult franchise and welfare state measures at its core, would, in the absence of this challenge, secure for mankind peace, economic security and individual freedom. Several Left writers, on the other hand, had seen decolonization, and the introduction of universal adult franchise and welfare state measures, as concessions wrung out of capitalism at a time when it faced an existential threat because of the socialist challenge, and had anticipated that the abatement of this challenge would make the system assume its usual predatory character and roll back these concessions; they have been proved right, and imperialism, with which alone we shall be concerned here, has shown its blatantly aggressive nature, exhibiting what can only be called a “gangster phase”.

To abduct, as US imperialism has done, a duly elected President of another country, Nicolas Maduro of Venezuela, and his wife, from their residence through a military operation, and bring them to the US in handcuffs to face trial on trumped up charges for which no credible evidence has ever been provided, and to run their country directly as a US colony until a suitable puppet government has been put in place, is an act of incredible audacity which violates all legal and moral norms of international behaviour and typifies this “gangster phase” of imperialism.

This however constitutes the latest act of the gangster phase of imperialism. The forcible removal of Iraq’s Saddam Hussein and his execution, again on totally false charges, the brutal killing of Libya’s Muammar Gaddafi, the occupation of Syria, the genocide perpetrated on the Palestinian people whose only “fault” lies in their desire not to be evicted from their homes by an imperialist-backed settler colonial project, the taking over of Gaza as a US colony to be ruled by a “Viceroy” selected by Donald Trump and to be converted into a piece of prime real estate, are all episodes in the unfolding of the gangster phase of imperialism.

Liberal opinion, again, holds Donald Trump as a maverick responsible for behaving like a gangster and puts the entire onus of recent predatory acts on him alone. But most of the episodes mentioned above predate Donald Trump’s ascendancy to power; the difference between Trump and earlier US Presidents lies only in the fact that the others had camouflaged their gangster acts under a patina of “civilized” verbiage, while Trump makes no bones about his administration’s intentions. Besides, every one of the episodes mentioned above, including even the genocide directed against the Palestinians, has the full support of other imperialist countries who never cease to advertise their so-called “liberal” principles. Even the abduction of Nicolas Maduro, while it has drawn condemnation from all over the world except a few in the global south wishing to curry favour with Trump (among whom alas India is included), has enjoyed the active or tacit backing of Germany, France and Britain.

An argument is being put forward, in particular by the European allies of the US, to the effect that Nicolas Maduro was an authoritarian ruler, so that no tears need be shed over his removal. The utter absurdity of this argument is palpable. International law does not allow the US, or any other country for that matter, to intervene militarily in the affairs of another country to establish democracy there; it is for the people of that country to determine who the ruler should be. Whether Maduro was authoritarian or not is thus completely irrelevant to the issue of US intervention.

Besides, Trump himself has openly admitted that Maduro’s principal opponent in Venezuela, Maria Corina Machado, did not enjoy sufficient popular support to take over the reins of administration after Maduro had been arrested. In a country with two main political platforms, if one does not enjoy sufficient popular support, then it stands to reason that the other must have greater support. In such a case, to claim, as Trump himself and many European leaders have done, that Maduro lacks political legitimacy, is utterly absurd. If Machado lacks political legitimacy and so does Maduro, then Trump must specify who in Venezuela does enjoy political legitimacy.

The real reason for removing Maduro was revealed by Trump with his characteristic bluntness, when he stated at his Press Conference on Saturday January 3: “We are going to be taking out a tremendous amount of wealth out of the ground”. The money made according to him would not only go to the people of Venezuela but also to American oil companies and to the “United States of America in the form of reimbursement for damages caused us by that country”. The “damages” he was referring to were caused apparently by Venezuela’s nationalizing its oil resources. Venezuela has more oil reserves than any other country in the world, reserves amounting to as much as 17 percent of total world reserves. And Trump’s proposal to loot Venezuela’s oil is a brazen admission of his motive for taking over and “running” that country. This is nothing else but open gangsterism: you have oil and we shall take it from you by abducting your President if he stands in the way, and either by running your country directly as a colony or by putting in place some puppet government that would allow us to loot your country.

To be sure, looting the resources of other countries, including land or products of land, is what imperialism has always done; it is central to imperialism. After decolonization, it attempted to carry on the process of looting by toppling governments that stood in the way and putting in place pliant governments. The CIA-sponsored coups against Arbenz in Guatemala, Mossadegh in Iran, Lumumba in Congo (as it was then called), and Allende in Chile, come to mind as obvious examples. More recently, the various colour revolutions in Eastern Europe and former Soviet republics, and the American assault on West Asia, belong to the same genre. The difference between all these earlier cases and Venezuela lies in the fact that in earlier cases the U.S. gave the appearance of supporting one side in an internal conflict, while working on coups behind the scenes; but in Venezuela it has simply carried out a military intervention without this fig-leaf of supporting one side in an internal conflict.

Of course, it also targets those countries which have anti-imperialist governments even when they may not be minerally rich, and Trump has already announced his plans of targeting Cuba, Mexico and Colombia as part of his attempted revival of the infamous Monroe Doctrine. But it is not just Latin America and the Caribbean that constitute the domain of his empire. No country in the world is safe from U.S. intervention today.

The Soviet Union had come to the defence of Cuba during the so-called Cuban missile crisis when the U.S. had threatened to attack that island, even at the risk of provoking a nuclear conflict with the U.S., just as it had earlier come to the defence of Egypt against an Anglo-French invasion following Nasser’s nationalization of the Suez Canal; in both cases imperialism had to beat a retreat. The absence of the Soviet Union today will be sorely missed by all countries of the world that are threatened by imperialism led by the U.S.

This gangster phase of imperialism which constitutes the highest stage of imperialism to date cannot obviously last for long. The people of the world, especially of the third world who have been victims of imperialism, will not allow themselves once again to remain in thraldom to imperialist domination. In fact even in earlier cases of imperialist gangsterism in the Arab world the outcome of its interference has been quite different from what was intended.

It is significant in this context that Trump’s bland assumption that, with Maduro out of the way, the Vice-President of Venezuela, Delcy Rodriguez, who has taken his place, will obey American diktat has already proved hollow: she has condemned the U.S. action and demanded the release of Maduro because of which Trump has started threatening her with “a fate worse than Maduro”; and indeed the entire country has stood up against this act of U.S. gangsterism. While the absence of the Soviet Union has emboldened imperialism in its quest for world domination, this domination will remain a pipe-dream.

 People democracy

 https://peoplesdemocracy.in/2026/0111_pd/gangster-phase-imperialism

January 11, 2026 

segunda-feira, 5 de janeiro de 2026

Pepe Escobar: la intervención en Venezuela es una operación de salvamento del petrodólar

 


La historia está siendo escrita en tiempo real y Venezuela es simplemente el primer capítulo de una historia mucho más grande, la historia de cómo el mundo aprende a vivir sin un hegemón.

Pepe Escobar, analista geopolítico 

Esta mañana el humo se está alzando desde Caracas. Y no es el humo de las refinerías petroleras, es el humo de las bombas estadounidenses que acaban de cambiar para siempre el equilibrio geopolítico del planeta. Estamos presenciando el momento más crítico desde el fin de la Guerra Fría. 

Las decisiones que se toman en Washington en estas próximas horas determinarán si Estados Unidos puede mantener su hegemonía por algunas décadas más o si acabamos de ver el acelerador definitivo de la transición hacia el mundo multipolar. 

Lo que está ocurriendo en Venezuela en estas últimas 72 horas no es simplemente una operación militar más. Es el último acto desesperado de un imperio en decadencia que ha decidido apostar todo a una sola carta, controlar las reservas de petróleo más grandes del mundo antes de que el sistema Petrodólar colapse definitivamente. 

La operación militar estadounidense contra Venezuela que Trump ha bautizado como Absolute Resolve no es lo que parece en la superficie. Mientras los medios occidentales hablan de narcotráfico y democracia, la realidad es mucho más brutal y calculadora. Estados Unidos está librando su última batalla por el corazón energético de América y cada barril de petróleo venezolano que fluye hacia China es un clavo más en el ataque de la hegemonía estadounidense. 

¿Por qué Venezuela? ¿Por qué ahora y por qué Trump está arriesgando una confrontación con China y Rusia por un país que Washington ha intentado derrocar durante más de dos décadas sin éxito? 

La respuesta está en los números que nadie quiere mencionar, en los contratos que nadie quiere discutir y en la realidad geoeconómica que está redefiniendo el planeta. Venezuela posee las reservas de petróleo probadas más grandes del mundo, 303.8.000 millones de barriles. Para poner esto en perspectiva, esto es más petróleo que Arabia, Arabia Saudita, Rusia, Canadá e Irak combinados, pero aquí viene la parte que mantiene despierto a Washington. 

El 76% de la producción petrolera venezolana actualmente está siendo comprada por China, no por Estados Unidos. Lo que hace aún más preocupante esta situación para los estrategas estadounidenses es que el petróleo venezolano no es cualquier petróleo. 

Su ubicación geográfica permite que llegue a China en 35 días por el canal de Panamá, mientras que el petróleo del Medio Oriente tarda 45 días y debe pasar por el estrecho de Malaca que Estados Unidos puede bloquear en cualquier momento. Venezuela le da a China seguridad energética en el hemisferio occidental. 

Justo en el patio trasero estadounidense, Beijing no solo está comprando el petróleo venezolano, está financiando toda la infraestructura para extraerlo, refinarlo y transportarlo. Los chinos han invertido más de 67.000 millones de dólares en el sector energético venezolano desde 2007 y cada dólar de esa inversión está denominado en yuanes, no en dólares. 

Estas inversiones chinas no son préstamos tradicionales como los que ofrece el Fondo Monetario Internacional. Son acuerdos de intercambio de recursos por infraestructura. China construye carreteras, puertos, refinerías y sistemas de telecomunicaciones a cambio de suministros garantizados de petróleo a precios preferenciales. 

Es un modelo completamente diferente al de extracción neocolonial que ha caracterizado las relaciones Estados Unidos América Latina durante dos siglos. Pero la historia se vuelve aún más fascinante cuando entendemos que no se trata solo de petróleo. 

Venezuela también posee las segundas reservas de oro más grandes de América Latina y desde 2018 cada onza de oro venezolano que venta del país va directamente a China, pagada en yuanes como parte de los acuerdos de swap de monedas entre Caracas y Beijing. Aquí es donde la narrativa estadounidense del narcotráfico se desmorona completamente. 

El verdadero crimen de Venezuela no son las drogas que supuestamente envían a Estados Unidos. Drogas que, por cierto, en su mayoría llegan desde Colombia, aliado estratégico de Washington. El verdadero crimen de Venezuela es estar construyendo un sistema económico completamente independiente del dólar estadounidense. Esto nos lleva al punto de que nadie en los medios occidentales quiere tocar. 

La operación militar estadounidense en Venezuela es fundamentalmente una operación de salvamento del petrodólar. Trump lo sabe, Maduro lo sabe, Putin lo sabe y Xi JinPing definitivamente lo sabe. El sistema Petrodólar, establecido por Henry Kissinger en 1973, requiere que todo el petróleo del mundo se comercialice en dólares estadounidenses. Esta es la base del poder financiero global de Estados Unidos. 

Pero Venezuela junto con Rusia, Irán y cada vez más países BRICS Plus está comerciando petróleo en monedas nacionales, principalmente el yuan chino. Este sistema petrodólar le permite a Estados Unidos imprimir dólares infinitamente sin sufrir inflación porque hay una demanda global constante de dólares para comprar energía. 

Sin embargo, cuando países con grandes reservas energéticas comienzan a aceptar otras monedas, la demanda de dólares disminuye y la capacidad estadounidense de financiar su déficit comercial y militar se erosiona rápidamente. Venezuela representa el 18% de las reservas probadas de petróleo del mundo operando fuera del sistema dólar. Es una hemorragia que Washington no puede permitir. 

Cuando Trump dice que Venezuela está robando petróleo estadounidense, está revelando una mentalidad imperial que considera que todos los recursos energéticos del mundo le pertenecen naturalmente a Estados Unidos. 

Pero la realidad es que Venezuela está simplemente eligiendo a sus socios comerciales y esos socios no están en Washington, están en Beijing y Moscú. En los últimos 5 años Venezuela ha estado sistemáticamente repatriando todo su oro desde Londres y Nueva York hacia China y Uganda. Este no es un movimiento aleatorio, es una preparación para lo que está ocurriendo ahora. 

Venezuela sabía que eventualmente Estados Unidos tomaría medidas militares directas porque Venezuela representa una amenaza existencial para el sistema monetario estadounidense. Un país con las reservas de petróleo más grandes del mundo, operando completamente fuera del sistema dólar, es como una bomba de neutrones para la hegemonía financiera estadounidense. 

La respuesta china ha sido extremadamente estratégica y silenciosa. Mientras Trump despliega portaaviones y bombardea muelles en la Guaira, China está cerrando acuerdos energéticos alternativos con Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos e Irán. Beijing entiende que Venezuela es solo el primer dominó en una guerra energética más amplia. 

Los analistas occidentales están subestimando completamente la velocidad con la que China puede reconfigurar los mercados energéticos globales. En las últimas 48 horas, mientras las bombas caían en Caracas, Beijing ha firmado contratos preliminares para importar gas natural licuado de Qatar, pagado en yuanes, acuerdos de refinamiento conjunto con Kuwait y lo más significativo, ha acelerado las conversaciones con Arabia Saudita para establecer un hub energético en el Golfo Pérsico que operaría completamente en monedas no occidentales. 

La ironía suprema de toda esta crisis es que la agresión militar estadounidense contra Venezuela está acelerando exactamente lo que Washington quiere prevenir, la desdolarización global. Cada bomba que cae en suelo venezolano envía un mensaje claro a todos los países del sur global. Si tienes recursos que Washington considera estratégicos, eres un objetivo. 

Brasil, que comparte una frontera de 2.200 kilómetros con Venezuela, ha respondido con una declaración que pocos medios occidentales han reportado. Brasilia ha anunciado que cualquier expansión de operaciones militares estadounidenses hacia territorio brasileño será considerada un acto de agresión. Argentina, se mantiene en silencio, pero sus generales están nerviosos. 

La reacción más interesante viene de Colombia. Bogotá apoya oficialmente la operación estadounidense, pero extraoficialmente Colombia está acelerando sus conversaciones para unirse a BRICS Plus. ¿Por qué? Porque Colombia entiende que si Estados Unidos puede bombardear a Venezuela por su petróleo, puede bombardear a Colombia por su oro, su carbón o cualquier otro recurso que Washington considere estratégico. 

La verdadera batalla no se está librando en los muelles de la Guaira o en los campos petroleros del Orinoco. Se está librando en los mercados financieros globales, en las cámaras de compensación de Shangai, en los bancos centrales de Riad y Teherán . Rusia ha respondido a la operación estadounidense de una manera que pocos analistas occidentales entienden. 

Moscú no está enviando tropas a Venezuela aún, pero está haciendo algo mucho más devastador para los intereses estadounidenses. Está acelerando la integración del comercio energético ruso, chino, iraní, venezolano, en una sola plataforma de liquidación denominada yuanes. 

Esta plataforma que Beijing y Moscú han estado desarrollada en secreto durante 3 años permitiría que todo el comercio energético entre estos países se realice sin tocar el sistema bancario occidental. No más Swift, no más dólares, no más bancos estadounidenses como intermediarios. Irán ya está probando esta plataforma con sus exportaciones de petróleo a China. Venezuela estaba a punto de integrarse completamente cuando comenzó la operación militar estadounidense. 

Putin entiende que la mejor manera de responder a la agresión estadounidense no es con más violencia, sino acelerando el sistema financiero que hará irrelevante la violencia estadounidense. 

La pregunta que todos en Washington deberían estar haciendo, pero que nadie quiere hacer es esto. ¿Qué pasará cuando Arabia Saudí se integre a esta plataforma? Porque los Saudíes ya han comenzado conversaciones exploratorias. Si Riad decide comerciar petróleo en yuanes a través de esta plataforma ruso-china, el sistema petrodólar colapsa de la noche a la mañana. 

Trump habla de proteger el petróleo venezolano para Estados Unidos, pero está ignorando una realidad fundamental. Venezuela ya no necesita Estados Unidos. China está comprando toda la producción venezolana. Rusia está proporcionando la tecnología militar y energética e Irán está compartiendo su experiencia en resistencia a las sanciones estadounidenses. 

La operación militar estadounidense en Venezuela está revelando algo que pocos en Washington quieren admitir. Estados Unidos ya no tiene la capacidad económica para competir con China en América Latina. Beijing puede ofrecer inversión real en infraestructura, tecnología y comercio a largo plazo. Washington solo puede ofrecer amenazas militares y sanciones. 

Esta es la razón por la cual la operación Absolute Resolve está destinada a fracasar estratégicamente, incluso si tiene éxito tácticamente. Trump puede derrocar a Maduro, puede instalar un gobierno títere en Caracas, puede incluso controlar temporalmente los campos petroleros venezolanos, pero no puede cambiar la realidad que China es ahora el socio comercial más importante de América Latina. 

Y esa realidad no va a cambiar con bombardeos. Los chinos están jugando una partida completamente diferente. Mientras Estados Unidos gasta billones de dólares en operaciones militares para controlar recursos energéticos, China está construyendo la infraestructura para hacer irrelevante esa dependencia. 

Beijing está invirtiendo masivamente en energías renovables, en tecnología de almacenamiento de energía, en redes eléctricas inteligentes que pueden funcionar con múltiples fuentes de energía. 

La estrategia China a largo plazo no es simplemente reemplazar a Estados Unidos como hegemón global, es crear un sistema multipolar donde ningún país pueda monopolizar los recursos energéticos globales como Estados Unidos lo ha hecho durante los últimos 50 años. Venezuela es crucial para esta estrategia china porque proporciona la base energética para todo el proyecto de la franja y la ruta en América Latina. 

Los puertos que China está construyendo en Perú, las carreteras que está financiando en Ecuador, los ferrocarriles que está planificando en Brasil, todo esto requiere un suministro seguro y estable de energía que no pueda ser interrumpido por sanciones estadounidenses. Maduro entiende perfectamente su papel en este gran juego. 

Venezuela no está simplemente resistiendo a la agresión estadounidense, está ayudando a construir la infraestructura del mundo post hegenómico . Cada tanque de petróleo venezolano que llega a China es una inversión en un futuro donde Washington no puede dictar quién comercia con quién. 

La respuesta rusa a la crisis venezolana está siendo igualmente calculada. Moscú no está enviando al almirante Kutnesov al Caribe para confrontar a la flota estadounidense. Putin está haciendo algo mucho más inteligente. Está acelerando la entrega de sistemas de defensa aérea S400 y misiles hipersónicos Quinzal a Venezuela. 

Estos sistemas se convertirán a Venezuela en prácticamente inexpugnables para ataques aéreos estadounidenses futuros. Pero más importante, envíen un mensaje claro a todos los países del sur global. Si se alían con Rusia y China, recibirán la protección militar necesaria para resistir la coerción estadounidense . 

El verdadero genio de la estrategia ruso china es que no requiere confrontación directa con Estados Unidos, simplemente requiere hacer que la coerción militar estadounidense sea demasiado costosa y arriesgada para ser sostenible. 

Si Estados Unidos tiene que bombardear un país diferente, cada vez que ese país elige comerciar con China, el imperio estadounidense se agotará económicamente en pocos años. Trump está caminando directamente hacia esta trampa. Cada escalada militar en Venezuela requiere más recursos que Estados Unidos ya no puede costear. 

La guerra en Ucrania ha demostrado que Washington no puede ni siquiera mantener el suministro de artillería para un solo conflicto próximo y ahora está abriendo un segundo frente en América Latina. La economía estadounidense simplemente no puede sostener operaciones militares simultáneas en Europa del Este, el Caribe, el Golfo Pérsico y potencialmente el estrecho de Taiwán. China y Rusia lo saben y están coordinando sus respuestas para forzar exactamente esta situación de sobrecarga militar estadounidense. 

La parte más importante de toda esta crisis es como está revelando las contradicciones internas del propio sistema estadounidense. Trump necesita el apoyo del complejo militar industrial para sus operaciones en Venezuela, pero ese mismo complejo militar industrial es cada vez más dependiente de materias primas chinas para fabricar armas estadounidenses. 

Las tierras raras necesarias para los sistemas de guía de tierras de misiles, los componentes electrónicos para los sistemas de comunicación militar, incluso los metales para las aleaciones de los aviones de combate. Una parte significativa de estos materiales viene de China o de países aliados con China. 

Estados Unidos está literalmente dependiendo de sus adversarios para construir las armas que planea usar contra sus adversarios. Más irónico aún, los sistemas de propulsión naval estadounidenses dependen de minerales extraídos en África por compañías chinas. 

Los semiconductores avanzados para sistemas de guerra electrónica requieren litio boliviano que China controla a través de joint ventures y los componentes para sistemas de defensa antimisiles incluyen elementos que solo se procesan en instalaciones chinas o rusas. Esta dependencia explica por qué la respuesta china a la operación venezolana ha sido tan medida. 

Beijing no necesita confrontar directamente a Estados Unidos, simplemente necesita esperar hasta que Washington se dé cuenta de que está luchando con armas hechas con materiales chinos. Aquí llegamos al punto central de toda esta crisis. 

La operación militar estadounidense en Venezuela no es realmente sobre Venezuela, es para prevenir el surgimiento de un sistema económico global que no depende de Estados Unidos. Pero ese sistema ya está emergiendo. Y bombardear Venezuela no va a detenerlo. 

El mundo multipolar no es una teoría o una aspiración, es una realidad que se está desarrollándose en tiempo real. El BRICS Plus representa ahora más del 40% de la población mundial y más del 35% del PIB global. Estas cifras van a aumentar dramáticamente cuando Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Irán se integran completamente al sistema financiero BRICS Plus. 

Venezuela es importante porque representa la transición del mundo unipolar al multipolar. Un país con recursos enormes, eligiendo libremente sus socios comerciales, desarrollando su economía en cooperación con múltiples potencias, resistiendo exitosamente la coerción de la única superpotencia. Este es el futuro y ninguna cantidad de bombardeos lo va a cambiar. 

La ironía final de la operación Absolute Resolve es que está resolviendo absolutamente lo contrario de lo que pretende resolver. En lugar de restaurar la hegemonía estadounidense en América Latina, está acelerando la integración de América Latina con el bloque euroasiático liderado por China y Rusia. 

Brasil está acelerando sus conversaciones para una mayor integración comercial con China. Argentina está reconsiderando su alineación con Estados Unidos. Incluso México está explorando silenciosamente opciones para reducir su dependencia del mercado estadounidense. Trump está logrando lo que décadas de diplomacia china no pudieron lograr. Unificar América Latina contra la hegemonía estadounidense. 

Desde este café en París, mientras termino mi último sorbo de café etíope, la pregunta que queda flotando en el aire no es si Estados Unidos puede ganar en Venezuela. La pregunta es, ¿cuánto tiempo puede Washington sostener una estrategia que está acelerando su propia irrelevancia geopolítica? La verdadera tragedia de la operación Absolute Resolve es que está resolviendo exactamente lo opuesto a lo que pretende resolver. 

En lugar de restaurar el prestigio estadounidense, está demostrando al mundo que Estados Unidos ya solo puede relacionarse con sus vecinos a través de la violencia. En lugar de fortalecer el dólar, está acelerando la búsqueda global de alternativas. 

En lugar de aislar a China, está empujando a más países hacia la órbita china. Los historiadores del futuro marcarán la operación militar estadounidense en Venezuela como el momento en que la hegemonía unipolar se suicidó públicamente, no por las bombas que cayeron en Caracas, sino por la demostración de que el imperio ya no tenía instrumentos de poder más allá de la fuerza bruta. 

El petróleo y la sangre que están fluyendo en Venezuela hoy no son el final de una historia, son el principio de una nueva era donde ningún imperio puede monopolizar los recursos del mundo, donde los países pueden elegir libremente sus alianzas y donde la multipolaridad no es una aspiración, sino una realidad irresistible. 

La última batalla por el corazón de América está ocurriendo ahora, pero no se está librando donde Washington cree que se está librando. Se está librando en los bancos centrales de Beijín y Moscú, en los ministerios de energía de Riad y Teherán, en las mentes de líderes de todo el sur global que están observando como un imperio desesperado recurrir a la violencia cuando la economía y la diplomacia ya no funcionan. 

Estados Unidos puede ganar batallas, pero China y Rusia están ganando la guerra. Y esa guerra no se trata de territorio o ideología, se trata del futuro del poder en un mundo donde el poder ya no puede ser monopolizado por una sola nación sin importar cuán poderosa haya sido una vez. 

La historia está siendo escrita en tiempo real y Venezuela es simplemente el primer capítulo de una historia mucho más grande, la historia de cómo el mundo aprendió a vivir sin un hegemón único y cómo ese aprendizaje comenzó con sangre y petróleo en las costas del Caribe. 

Em

Observatorio de la crisis

https://observatoriocrisis.com/2026/01/05/pepe-escobar-la-intervencion-en-venezuela-es-una-operacion-de-salvamento-del-petrodolar/

5/1/2026