Las posibilidades estratégicas de EEUU tras la continuación de su derrota en la batalla de Irán

Andrés Piqueras, profesor senior de la Universidad Jaume I
Son muchas las especulaciones que se vienen dando sobre posibles estrategias, o falta de ellas, por parte del hegemón imperial, Estados Unidos, para intentar preservar su dominio mundial. Desde quienes sostienen alegremente que en su enfrentamiento con Irán -que es de larga data pero se acentúa ahora- EE.UU. “ya perdió la guerra”, hasta los que nos hablan de la hecatombe nuclear que estaría cerniéndose sobre la formación persa y sobre buena parte de Asia en general.
Para hacer un correcto análisis materialista dialéctico debemos ir siempre más allá de lo concreto y parcial, hacia la concepción o la mirada holística, de conjunto, de totalidad. Eso en primer lugar. Además, es imprescindible dejar de lado cualquier personificación de las relaciones sociales, que centre los análisis en individuos o singularidades políticas como responsables de los procesos históricos. Mucho más necesario, aún, es descartar atribuciones del tipo de “locura”, “soberbia” o “egotismo”, para dar cuenta de decisiones estratégicas y, en general, de la realidad histórica.
No. Estados Unidos no se deja arrastrar a guerras por un genocida sionista, ni una base militar-política como es la entidad sionista ocupante de Palestina manda sobre la potencia imperial del Sistema capitalista sólo porque haya un supuesto “loco” al timón de mando. El rabo no mueve al perro, jamás.
Esos tipos de pseudoanálisis no hacen más que distraer de las razones profundas de lo que sucede, y no son, por tanto, materialistas (no van a la raíz material de los procesos) ni dialécticos (no conciben la realidad en su totalidad ni las retroalimentaciones socio-económico-ecológicas de complejidad, retroversión, recursividad o diferente cualidad, entre otras, que se entrecruzan para dar forma a lo real y que se plasma en situaciones –históricas- concretas).
Vamos, pues, a ver algunas de las opciones que se pueden anticipar a partir de un análisis materialista dialéctico, y las contrastamos con las visiones que predominan sobre el actual escenario bélico en Asia central
La más “optimista” de esas perspectivas: Estados Unidos ha perdido la guerra porque no puede mantenerla.
Hay verosimilitud en ello si consideramos la “guerra” solamente como el enfrentamiento con Irán. Acaba de salir un análisis de The Cradle que es preciso en ese punto: ENTRE LA GUERRA Y EL COLAPSO INDUSTRIAL: LA CRISIS DE DESGASTE ENTRE ESTADOS UNIDOS E ISRAEL. The Cradle. – Observatorio de Trabajador@s en Lucha La clave la marcan probablemente las palabras con las que se cierra el artículo:
“Esta guerra pone de manifiesto los límites del poder estadounidense-israelí y apunta a una nueva ecuación estratégica, en la que la resiliencia industrial supera a la potencia de fuego. La capacidad de mantener la producción, más que la de lanzar ataques de precisión, define cada vez más el poder militar en un conflicto prolongado.
En esa ecuación, Washington ya no es dominante”.
Ciertamente, pero si nuestra perspectiva es de totalidad, o al menos más global, las posibilidades de análisis se agrandan.
Como que siempre hay que ponerse en las opciones que tiene el enemigo (en este caso el enemigo de la Humanidad -Estados Unidos-), desde la más favorable a la más desfavorable al mismo, y sobre todo nunca subestimar su capacidad estratégica, pongámonos primero en la estrategia más sutil e inteligente que podría estar llevando a cabo el hegemón imperial en decadencia.
1.Estrategia inteligente. Ganadora.
El guion -sacado de su propia National Security Agency (NSA)[1]– propone una “estrategia de fortaleza norteamericana” donde aparentes derrotas (una guerra perdida en Irán, fricción con aliados y colapso global), serían un diseño para cortar el flujo energético de Asia central (Estrecho de Ormuz), forzar a Europa y Asia oriental a depender del petróleo, fertilizantes y minerales detentados por Estados Unidos (gracias, aparte de los de su propio territorio, al control de los recursos de Canadá, Venezuela –y resto de continente americano-, más Groenlandia), y, así también, obligar a los tenedores de deuda estadounidense (Japón, China, Europa) a sostener el dólar por necesidad energética, pues necesitarían seguir consiguiendo todos esos recursos mediante el papel verde estadounidense. Al tiempo, EE.UU. se reindustrializaría militarmente, de manera cada vez más planificada.
“Ayudar” a cortar el Estrecho de Ormuz va encaminado a satisfacer todos esos objetivos.
Hay que reconocer que las repercusiones económicas de esa acción son ya graves y no harían sino acentuarse en los próximos meses. Consideremos, sencillamente, que sin diésel Europa colapsa. Su sector primario y el subsector del transporte no se pueden sostener.
A partir de ahí se enciende la espiral del desastre. Las propias aerolíneas ya han anunciado que tendrán interrupciones en mayo (https://www.20minutos.es/lainformacion/economia-y-finanzas/aerolineas-revelan-fecha-quedaran-sin-combustible-si-sigue-guerra-iran_6957025_0.html?utm_source=firefox-newtab-es-es), lo que quiere decir que de seguir ese sendero el turismo será también duramente golpeado.
En suma, potencias industriales como Japón, India y Europa, que dependen masivamente del petróleo de Asia central (entre el 50% y el 75%), enfrentan un colapso económico inminente.
La Excepción Estratégica: USA, con sus vastas reservas en EE. UU., Canadá y Venezuela, permanece inmune a este shock de suministro, convirtiéndose en el único proveedor viable. Al mismo tiempo, convierte la Deuda en un Arma para fortalecer al dólar, y por tanto a su Ejército.
Pero, entonces, ¿acentuar la Crisis para ganar entre perdedores es una estrategia?
Como tal sólo podría tener alguna lógica si pensamos que … “el capitalismo contemporáneo ha abandonado la búsqueda del equilibrio para erigir la crisis en su modo de funcionamiento primario (…) Los mercados, los Estados y las sociedades ya no se gobiernan hacia un ideal de equilibrio, sino manteniéndolos permanentemente descompensados.
¿Por qué? Porque el equilibrio expondría la insolvencia estructural (…) Crecimiento y ganancias de productividad pertenecen en gran medida al pasado; los sistemas políticos se fragmentan deliberadamente, pues cualquier intento serio de estabilización exigiría impagos violentos, reestructuraciones profundas y, sobre todo, imaginación política auténtica. La crisis perpetua, en cambio, permite posponer la resolución indefinidamente, en perfecto estilo tecnocrático.
En este marco, figuras como Trump constituyen más que aberraciones: son acelerantes funcionales del desorden: su volatilidad legitima medidas de emergencia, inyecciones de liquidez y reencuadres narrativos que mantienen vivo un sistema que solo sobrevive aplazando su colapso”. https://observatoriodetrabajad.com/2026/04/09/la-modulacion-del-caos-control-deuda-y-reorganizacion-a-traves-de-la-guerra-ernesto-cazal/
¿Qué podría salir mal, pues?
a)Pues que la cadena causal de esta hipótesis descansa en supuestos no demostrados: Para empezar, que se tenga el control efectivo de los recursos de Venezuela, y que la coerción sobre Canadá y Groenlandia se traduzca en detentación real de sus recursos.
B) Que la viabilidad de sustituir rápidamente el suministro de Asia central no es ni mucho menos fácil. La infraestructura (upstream, midstream, refino y transporte marítimo/terrestre) no puede reconfigurarse a escala mundial en semanas; los crudos son heterogéneos y las refinerías están configuradas por gravedad y contenido de azufre. Los fertilizantes y nitrógeno -el amoníaco/urea- dependen del gas natural y capacidad de síntesis; el mercado es multi-origen (EE. UU., Canadá, Rusia, Asia central y otros), con cuellos de botella logísticos y regulatorios. La tenencia de bonos responde a balances externos, reservas y política monetaria; la energía incide, pero no determina mecánicamente la demanda de activos estadounidenses. La diversificación (oro, euro, francos, RMB) sigue sigue siendo una buena baza bajo escenarios de estrés. Hay, además, un riesgo de choque inverso: un cierre total de Ormuz dispararía precios, dañaría consumidores estadounidenses, presionaría aún más la inflación y podría forzar respuestas coordinadas (liberaciones de reservas estratégicas, racionamiento, sanciones, convoyes navales) que neutralizan la lógica de “dependencia unilateral”.
c) Para terminar, la analogía simplista con la transformación económica rusa, basada en una industrialización planificada, con soporte militar es, hoy por hoy, casi imposible de conseguir por Estados Unidos (porque ni tiene todavía esa urgencia ni sus grandes corporaciones permitirían la estatalización industrial).Rusia en guerra reorientó producción hacia la defensa y absorbió sanciones con integración energética regional; EE. UU. opera en una arquitectura financiera abierta, con aliados y cadenas globales críticas que penalizan una “autarquía bélica”. Los costos políticos y económicos de “perder a propósito” son estructuralmente diferentes.
Hasta aquí el propio debate interno de la NSA estadounidense.
Vamos, a continuación, con la que podría ser una estrategia intermedia del hegemón decadente.
2. A Estados Unidos le interesa obstruir el flujo energético por Ormuz para ir afianzando su proyecto del IMEC (ver mapa), al tiempo que consolida su dominio de Asia occidental y central, gracias a la expansión de su entidad sionista.

El proyecto IMEC quiere conectar Asia occidental y central –especialmente mediante una India alineada con EE.UU.- y sus recursos, con Europa, a través de formaciones estatales “aliadas” (subordinadas) a USA, la cual dispone a discreción de esos recursos y entorpece que otros puedan hacerlo libremente o tengan protagonismo en las redes infraestructurales de los flujos energéticos.
La expansión sionista del “Gran Israel” y la limpieza étnica de Palestina es parte imprescindible de ese plan. La agresión de década y media a Siria, más las realizadas o en curso contra Iraq, Yemen y Líbano, por tanto, también. Este plan se contempla dentro de la estrategia de medio plazo de sabotear la Nueva Ruta de la Seda china, obstaculizar su articulación de continentes o relegar su papel en ello y cortarle las fuentes de suministro al gigante asiático.
En ese camino va la -descuidada para casi todo el mundo- acentuación de la cooperación militar que está teniendo lugar entre Estados Unidos y Malasia para terminar de cerrar el bloqueo del Estrecho de Malaca y ahogar la salida china al Índico (amén de toda la parafernalia bélica que USA apelotona en el Mar de China).
Pero para contrastar esta hipótesis estratégica se necesitan también algunas verificaciones. La propia NSA ofrece las siguientes (entre otras):
“Señales operativas a vigilar: movimientos en fletes y seguros marítimos del Golfo Pérsico, spreads de crudos por calidad, oferta de gas y amoníaco, posiciones de reservas estratégicas, cambios en compras de bonos, coordinación de la AIE/OPEP+, y posturas de OTAN/alianzas asiáticas. Mapear escenarios de disrupción en Ormuz (duración, alcance, respuesta multilateral) y sus impactos en precios, logística y seguridad de suministro para Europa/Asia.
Distinguir supuestos no verificables de restricciones reales (soberanía de recursos, infraestructura, derecho internacional) (…) Construir un tablero de indicadores críticos (fletes marítimos, primas de seguro en el Golfo, salidas de crudo, capacidad de refino por tipo de crudo, precios de amoníaco/urea) con alertas umbral.
Modelar sustitución parcial de volúmenes de Asia central con Norteamérica/Rusia bajo tres horizontes (30/90/180 días) y estimar costos logísticos/regulatorios. Preparar Q&A para stakeholders (clientes/autoridades) sobre resiliencia de suministro y planes de contingencia en caso de disrupciones en rutas críticas”.
Como vemos, nada fácil de llevar a cabo, menos aún en el corto plazo. Y tiempo es precisamente lo que no le sobra a Estados Unidos.
Ahora vamos a la suposición mejor para el mundo, en la que tantos insisten: la falta de una auténtica estrategia de los USA.
3. Estados Unidos se estrella en Asia central y no tiene plan B para su enfrentamiento con Irán (más allá de “ayudarle” a bloquear el Estrecho de Ormuz).
Esta es la más querida por casi todas las sociedades del planeta, y de tan deseada se traslada fácilmente a análisis hechos a la carrera, a declaraciones impactantes, a vídeos grabados con el “ya ganamos” o “ya perdimos” según de qué lado se mire –lo cual debería ser todavía más sospechoso-, a redes sociales que multiplican su efecto y, en general, a cierta algarabía triunfalista.
De ser así, efectivamente, EE.UU. comenzaría una vertiginosa carrera en su decadencia como potencia imperial hacia una de segundo orden, replegándose de Asia hacia su hemisferio occidental y deteriorando aceleradamente su situación económica y social.
Esta hipótesis se suele combinar, como advertimos, con la personificación de las relaciones sociales o el análisis de éstas a partir de personas. Personas a las que además se las define por categorías morales antes que estratégicas, cuando no por las de vesania directamente.
A menudo leemos o escuchamos, pues, que todo esto es obra de dos locos sanguinarios (Trump-Netanyahu, por ejemplo). Lo que oculta las relaciones de poder profundas tanto a escala estatal como global (sin menoscabo de que esos personajes sean en verdad siniestros asesinos genocidas).
El Poder Sionista Mundial (PSM) lo es por dominar una buena parte de la economía global y de la estructura de poder de la principal potencia capitalista, Estados Unidos.
Es por ello que su entidad sionista en la Palestina ocupada puede gozar de absoluta impunidad para sus crímenes y desplegar el papel relevante que ahora mismo tiene en la región (un análisis de ello puede encontrarse, por ejemplo, en UNA APROXIMACIÓN A LAS CLAVES DEL PODER SIONISTA MUNDIAL – El blog de Andrés Piqueras y también en https://laotraandalucia.com/2026/04/10/la-crisis-del-imperialismo-se-intensifico-aun-mas-por-la-guerra-de-iran/).
Esa estructura de poder profunda no está “loca” ni juega a los dados. Tiene estrategias altamente inteligentes, controla buena parte de la política y economía del mundo, dirige en gran medida los Foros globales, maneja a sus anchas el control ciudadano, domina la guerra cognitiva casi a la perfección, entre otras muchas claves de Poder con mayúsculas, algunas de las cuales apenas imaginamos.
Las figuras políticas que aparecen al frente de las acciones en curso o de las pantallas televisivas son apenas mejores o peores representantes de sus intereses. “Representantes” o delegados que, por cierto, tampoco están “locos”. Trump, como empresario sin escrúpulos, ha ganado alrededor de 40 mil millones de dólares en el primer año de su segundo mandato, tras provocar con sus declaraciones el alza o caída de las Bolsas o de los precios de unos u otros activos (información privilegiada por medio), por poner un ejemplo.
Así que no, el “Estado profundo” que domina nuestras políticas y economías, que impide que podamos comprarnos un piso o que nos tengamos que endeudar cada día más para vivir, que nos desesperemos en las colas de una seguridad social cada vez más desasistida, que el monedero dé apenas para ir al mercado y volver con la bolsa medio vacía, y que, por tanto, condiciona nuestros comportamientos sociales y nuestras posibilidades de vida, ese Poder en la sombra pero bien real no va a dejar de atacar Irán de unas u otras maneras, como parte de su Guerra Sistémica Permanente o Guerra Total contra el Mundo Emergente. Una guerra que lleva a cabo durante años a través de su principal potencia estatal.
Como tal esa potencia, EE.UU., sabe que la Batalla de Irán es una batalla decisiva contra el Mundo Emergente (China-Rusia sobre todo), para no ser relevada. En cuanto que parasitada, además, por ese PSM, como “lideresa” del modo de producción capitalista global que es, no la abandonará si no se la obliga a hacerlo. Y esa es una tarea titánica.
Eso no quiere decir tampoco que vaya a ganar la Batalla, ni mucho menos. Irán es mucho Irán.
Lo que sí que puede asegurarse casi con total certeza, pues, es que en cualquiera de los tres escenarios -más todo el abanico de opciones que hay entremedias de ellos-, la Batalla de Irán dentro de la Guerra Total continuará de una u otra manera, posiblemente de muy diferentes maneras. También con seguridad que las perdedoras serán buena parte de las sociedades del mundo, entre las que más las europeas.
El desastre energético (y alimenticio –la fertilización de la tierra está en peligro-) que se cierne ya sobre ellas no hará sino agravarse dramáticamente con la continuación de la Guerra. Círculo vicioso: una Guerra que el propio modo de producción capitalista requiere (por eso es “Sistémica Permanente”) y que la potencia imperial necesita para mantenerse.
Pero ni el PSM ni su potencia imperial ni su brazo sionista son todopoderosos ni imbatibles. Antes bien, vienen mostrando que son prisioneros de sus propias contradicciones infraestructurales o ecológicas y estructurales o económicas, que les lleva a acciones cada vez más “atrevidas”, cuanto menos, sin cobertura de fondo.
A poco que las contradicciones supraestructurales o políticas (dialécticamente todas están unidas, las separamos sólo para facilitar la explicación) también se agraven, sus pies se harán cada vez más de barro.
La resistencia y lucha de sociedades hechas pueblo (en cuanto que sociedad unida en el combate), como puede ser el caso de Irán, pero igualmente el de Cuba, Líbano, Yemen, Burkina Faso… (¿también todavía Venezuela?), puede, efectivamente, acelerar su derrumbe.
Lo cual no significa que estemos cerca de poder cantar victoria. La Guerra será dura y larga. Y la “opción Sansón”, la de las armas atómicas (la de derribar el templo antes que perder frente al enemigo), está siempre pendiente sobre nuestras cabezas, como una condena de muerte en suspenso. No lo olvidemos.
Las sociedades del mundo -y las europeas en concreto- tienen un gran desafío por delante para que los Poderes del Capital (PSM, USA, OTAN, Davos, G7…) no las destrocen, tanto si ganan como si pierden en esta Batalla.
Su única opción pasa también por hacerse pueblo para la lucha.
Nota
[1] Es sumamente difícil poder dar las referencias de las citas de sus páginas, pues suele borrar los textos a las pocas horas de publicarlos (ver National Security Agency | Central Security Service).
Em
OBSERVATORIO DE LA CRISIS
15/4/2026


