quinta-feira, 30 de julho de 2026

LOS QUE MANDAN SIN PRESENTARSE A LAS ELECCIONES

 OBS:

QUALQUER SEMELHANÇA, NÃO É MERA COINCIDÊNCIA.  

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Jueves, 30 de Julio de 2026Tiempo de lectura: 11 min

ESPAÑA S.A.: LOS QUE MANDAN SIN PRESENTARSE A LAS ELECCIONES

¿Quién gobierna realmente en España cuando bancos, ministerios, bufetes y grandes empresas comparten apellidos, funcionarios e intereses? ¿Qué poder permanece intacto mientras PSOE y PP se suceden en La Moncloa?

Cambian los presidentes, se renuevan los ministros y cada elección promete "abrir una etapa distinta". Pero, lejos de las cámaras y de las urnas, una poderosa red de familias, bancos, grandes empresas, altos funcionarios, medios y negocios armamentísticos permanece instalada en los lugares donde se redactan las leyes y se reparten los recursos públicos. Esta es la radiografía del poder que no necesita ganar elecciones para seguir gobernando España.

POR M. RELTI PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

   Cada cuatro años, la ciudadanía es convocada a las urnas para elegir a quienes ocuparán el Gobierno. Cambian los ministros, se renuevan los escaños y los partidos prometen inaugurar una etapa diferente.

 

   La democracia es presentada como un sistema en el que es la voluntad popular la que determina la orientación del aparato del Estado. Sin embargo, mientras los gobiernos pasan, otras estructuras permanecen solidamente asentadas. No se presentan a las elecciones ni  aparecen en los debates parlamentarios, pero  sí intervienen decisivamente en la elaboración de las leyes, la distribución de los recursos públicos y la definición de aquello que se considera políticamente posible.

 

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      Son redes formadas por relaciones familiares, profesionales y económicas que conectan ministerios, grandes empresas, Bancos, bufetes, medios de comunicación, Cuerpos superiores de la Administración, industria armamentística y Casa Real. Sus integrantes no necesitan reunirse en una habitación secreta para acordar cada decisión. Han estudiado en centros educativos semejantes, pertenecen a los mismos cuerpos funcionariales, coinciden en Consejos de administración, Fundaciones y Clubes privados y comparten una determinada concepción del orden social.

 

"CAMBIAN LOS GOBIERNOS, PERO LAS REDES QUE CONECTAN MINISTERIOS, BANCOS Y GRANDES EMPRESAS PERMANECEN"

 

    Cuando un presidente o un ministro  abandona el Gobierno, puede incorporarse perfectamente a una empresa. Cuando una gran  Corporación necesita interlocutores dentro del aparato del Estado, encuentra a antiguos compañeros. Cuando cambia el Partido gobernante, una tupida red redistribuye a sus miembros sin perder la presencia y el control de los espacios decisivos. La llamada alternancia política modifica a los titulares visibles, pero apenas afecta a quienes permanecen en los lugares donde se elaboran las normas, circula la información privilegiada y se deciden los grandes contratos.

 

MUCHO MÁS QUE PUERTAS GIRATORIAS

   La expresión «puertas giratorias» describe el paso de un ministro o alto cargo a una empresa relacionada con el sector que anteriormente regulaba. Pero la imagen resulta insuficiente porque presupone equivocadamente  la existencia de dos mundos separados: el Estado, por una parte, y los negocios privados, por otra.

 

   Pero la realidad es mucho más compleja que eso. No hay dos espacios claramente diferenciados, sino una misma red que habita ambos. Un alto funcionario puede redactar una norma, asesorar después a las compañías afectadas por ella y regresar posteriormente a la Administración. Un banquero puede convertirse en ministro y terminar en una institución financiera europea. Un abogado del Estado puede ocupar una subsecretaría, dirigir un organismo público y reincorporarse más tarde a un gran Banco.

 

     La legislación española establece que, durante los dos años siguientes a su cese, los altos cargos no pueden prestar servicios en empresas afectadas por decisiones en las que hayan participado. También deben obtener autorización para desarrollar actividades privadas durante ese periodo. Sin embargo, la propia limitación revela su estrechez: cumplidos dos años, la incompatibilidad desaparece, aunque permanezcan intactos los contactos, la información acumulada y el conocimiento privilegiado del funcionamiento del Estado.

 

    El problema, además, no se reduce a descubrir si se ha cometido un delito. Buena parte de estas prácticas son completamente legales. La cuestión esencial es quién interviene en la elaboración de esa legalidad y qué intereses quedan protegidos por sus límites.

 

    LAS FAMILIAS QUE ATRAVESARON LA TRANSICIÓN

    La peculiar democracia española no nació sobre un terreno vacío. El nuevo régimen monarquico  heredó la Administración, los cuerpos funcionariales, los grandes patrimonios y buena parte del poder empresarial de la pasada dictadura. La Transición cambió las instituciones políticas, pero no desmanteló, ni mucho menos, los circuitos que conectaban al Estado franquista con la Banca, la gran industria y los principales propietarios.

 

"EL APARATO DEL ESTADO NO NECESITA  GANAR ELECCIONES: CONTROLA  LOS ESPACIOS DONDE SE REDACTAN LAS LEYES Y SE REPARTEN LOS RECURSOS"

 

     Los apellidos reaparecen de generación en generación. Los descendientes de ministros, los procuradores de las  Cortes franquistas, diplomáticos, militares y empresarios vinculados con la dictadura  se encuentran décadas después en Consejos de Administración, altos tribunales, ministerios, entidades financieras y compañías privatizadas. No heredan necesariamente un cargo concreto, pero sí patrimonio, relaciones, educación, prestigio social y acceso privilegiado a los lugares donde se selecciona a quienes dirigirán las instituciones.

 

    Esto explica una de las aparentes paradojas de la peculiar democracia española: pueden cambiar los partidos y, sin embargo, permanecer las mismas familias en las proximidades del poder. La élite no necesita identificarse completamente con una formación política especifica. Puede distribuir a sus integrantes por distintos espacios y mantener interlocución con todos los gobiernos.

 

    La Transición permitió votar, asociarse y obtener determinadas libertades negadas durante cuarenta años. Pero esa  apertura política convivió con una extraordinaria continuidad económica y burocrática. La democracia penetró en las urnas sin alcanzar con la misma profundidad los Consejos de Administración, la propiedad de los grandes medios, las cúpulas judiciales ni los organismos estratégicos del Estado.

 

LA NOBLEZA QUE NO LLEVA TÍTULO

    Junto a las viejas familias aparece una verdadera «nobleza de Estado». No se trata necesariamente de duques o marqueses, aunque tampoco falten, sino de los grandes cuerpos funcionariales: abogados del Estado, técnicos comerciales y economistas del Estado, inspectores de Hacienda y altos diplomáticos.

 

"LOS MISMOS QUE PROVOCARON  LA CRISIS FINANCIERA IMPUSIERON DESPUÉS LAS RECETAS PARA QUE LA PAGARA LA MAYORÍA"

 

   Su poder procede de una combinación excepcional. Han superado oposiciones muy exigentes, conocen los resortes internos de la Administración, participan en la redacción de las normas y manejan información de enorme valor para las grandes empresas. Además, permanecen en sus mismos puestos cuando los ministros desaparecen.

 

     Un gobernante recién llegado depende necesariamente de quienes conocen los procedimientos administrativos. Esa dependencia se vuelve peligrosa cuando los altos funcionarios forman una comunidad cerrada y pasan con facilidad a bancos, eléctricas, constructoras, consultoras o bufetes. Las empresas no los contratan solamente por sus conocimientos técnicos, sino porque saben a quién llamar, cómo se redacta una disposición y en qué punto exacto de la Administración debe ejercerse presión.

 

    La política visible propone; esta aristocracia burocrática traduce, filtra, modifica y ejecuta. De esa manera, decisiones que se presentan como puramente técnicas pueden esconder elecciones profundamente políticas.

 

CUANDO LOS BANCOS OCUPARON ECONOMÍA

    La pasada crisis financiera ofreció una demostración especialmente clara de este mecanismo. Las mismas entidades que habían alimentado la burbuja inmobiliaria y multiplicado los créditos de riesgo fueron rescatadas con recursos públicos. Sin embargo, sus criterios continuaron dominando la respuesta institucional a la catástrofe.

 

    Luis de Guindos,  por ejemplo, simboliza esta trayectoria. Técnico Comercial y Economista del Estado, ocupó cargos en los gobiernos de José María Aznar, fue presidente para España y Portugal de Lehman Brothers y regresó al poder como ministro de Economía de Mariano Rajoy. Desde allí intervino en el rescate bancario, defendió las políticas de austeridad e impulsó una reforma laboral que debilitó la negociación colectiva y abarató el despido. En 2018 pasó a la vicepresidencia del Banco Central Europeo, donde permaneció hasta mayo de 2026.

 

     No se trata únicamente de una biografía particular. Durante el Gobierno de Rajoy, el Ministerio de Economía incorporó a dirigentes procedentes de Lehman Brothers, Banco Santander y BBVA. Los responsables de afrontar la crisis compartían formación, relaciones y concepción económica con las instituciones que habían contribuido a provocarla.

 

     El recorrido de Nadia Calviño muestra la continuidad del mismo circuito bajo un gobierno psocialista. Procedente de la Comisión Europea, fue incorporada al Ejecutivo de Pedro Sánchez como una garantía de ortodoxia ante Bruselas y los mercados financieros. En enero de 2024 dejó el Gobierno para presidir el Banco Europeo de Inversiones. Pueden turnarse  los partidos, pero la conexión entre Ministerios, instituciones europeas y poder financiero continúa funcionando.

 

HACIENDA Y QUIENES CONOCEN TODAS SUS GRIETAS

     El caso de Cristóbal Montoro proporciona una imagen especialmente reveladora. Montoro fue ministro de Hacienda con Aznar, abandonó el Gobierno, creó la consultora Montoro y Asociados —posteriormente denominada Equipo Económico— y regresó al mismo ministerio con Rajoy. Varios colaboradores vinculados al despacho ocuparon puestos relevantes en Hacienda y la Agencia Tributaria.

 

    Una investigación judicial esta examinando ahora  si empresas gasísticas pagaron a Equipo Económico a cambio de reformas fiscales favorables. El procedimiento, todavía abierto y sin sentencia, atribuye indiciariamente al exministro un «rol nuclear» y analiza si determinadas normas fueron redactadas en beneficio de compañías que habían contratado al despacho. La Fiscalía se ha opuesto al archivo de la causa y sostiene que se investigan posibles actuaciones graves de corrupción.

 

    Los hechos conocidos confirman la existencia de un circuito en el que quienes mejor dominan el sistema fiscal pueden asesorar a grandes empresas para reducir su contribución y, posteriormente, regresar a las instituciones encargadas de establecer y recaudar los impuestos.

 

     Mientras los asalariados pagan antes incluso de recibir su nómina y los impuestos indirectos recaen sobre toda la población, las grandes corporaciones disponen de especialistas capaces de convertir cada excepción normativa en una oportunidad. La desigualdad fiscal no surge únicamente de la incompetencia del Estado, sino también de la penetración de los intereses privados en su maquinaria.

 

ARMAS, SEGURIDAD Y NEGOCIOS PROTEGIDOS  

    La industria militar representa otro ámbito especialmente opaco. Sus decisiones se justifican mediante conceptos como seguridad nacional, compromisos internacionales o modernización tecnológica. Bajo esa cobertura se aprueban compras multimillonarias que apenas se someten a debate público.

 

    En torno al Ministerio de Defensa puede identificarse una red que conecta a altos funcionarios, mandos militares, Casa Real y empresas de armamento. Eduardo Serra ocupó puestos de responsabilidad con gobiernos de UCD, PSOE y PP y desarrolló posteriormente una intensa actividad empresarial. Pedro Morenés llegó al Ministerio de Defensa después de haber trabajado para compañías relacionadas con la industria armamentística.

 

    La importancia de estos casos no reside solamente en demostrar que alguien pasó de una empresa al Gobierno. Revelan la existencia de una comunidad estable cuyos integrantes comparten información, relaciones e intereses. La política de Defensa adquiere así una llamativa continuidad, independientemente de que gobierne la derecha o la socialdemocracia.

 

   El llamado interés nacional corre el riesgo de convertirse en la envoltura ideológica del interés empresarial. Los beneficios son privados, pero las compras se pagan con recursos públicos y las consecuencias políticas y humanas recaen sobre toda la sociedad.

 

LOS MEDIOS QUE FABRICAN EL CAMPO DE BATALLA

    Estos circuitos no podrían conservar su poder sin intervenir también en la producción de ideas. Los medios de comunicación no se limitan a informar sobre la política: seleccionan los asuntos que serán discutidos y aquellos que permanecerán fuera del debate.

 

    Durante la etapa de Zapatero,  su política de gestos permitió proyectar una imagen progre, mientras permanecían intactos los principales pilares de la política económica. La batalla pública se concentró en símbolos, declaraciones y enfrentamientos culturales. Entre bastidores continuaron las ventajas fiscales, la expansión inmobiliaria, la protección de la banca y el fortalecimiento de los oligopolios.

 

"MIENTRAS LOS ASALARIADOS PAGAN ANTES DE COBRAR, LAS GRANDES CORPORACIONES CONVIERTEN CADA GRIETA FISCAL EN UNA OPORTUNIDAD"

   

  La cuestion es que no es necesario censurar una información para poder neutralizarla. Basta con sepultarla bajo una avalancha de controversias secundarias. El control moderno de la opinión pública consiste menos en ordenar a los ciudadanos qué deben pensar que en determinar sobre qué asuntos pensarán.

 

     La comunicación política convierte determinadas imágenes en sustitutos de las transformaciones materiales. Un gobierno puede presentarse como profundamente renovador y, al mismo tiempo, mantener la política económica, los compromisos internacionales y las relaciones empresariales que heredó del anterior ejecutivo, que es lo que invariablemente  ha venido sucediendo en las casi ultimas cinco décadas, desde 1978. 

 

Fuentes consultadas 

- Andrés Villena Oliver, Las redes de poder en España. Élites e intereses contra la democracia, Roca Editorial, 2019.

- Ley 3/2015, reguladora del ejercicio del alto cargo de la Administración General del Estado  BOE.
- Actividad privada tras el cese de altos cargos — Portal de Transparencia.
-Biografía institucional de Luis de Guindos — Banco Central Europeo.

“¿Cambiaron las élites franquistas con la Transición?”, análisis basado en una investigación sobre 614 integrantes de las élites franquistas y más de 5.400 cargos. Concluye que las élites económicas conservaron buena parte de sus posiciones tras 1975. Agenda Pública.

“Renovación y continuidad de la élite política española durante la Transición”, estudio académico sobre los elementos de ruptura y permanencia entre franquismo y democracia. Redalyc, PDF.

“El cambio institucional de la economía española del franquismo a la democracia”, investigación sobre la continuidad y transformación de las estructuras económicas españolas. SciELO.

 

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Canarias-semanal.org

https://canarias-semanal.org/art/39026/espana-sa-los-que-mandan-sin-presentarse-a-las-elecciones

30/6/2026 

terça-feira, 28 de julho de 2026


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Lunes, 27 de Julio de 2026 Tiempo de lectura: 12 min

HAMBRE, PODER Y RELIGIÓN: MARVIN HARRIS, EL ANTROPÓLOGO QUE PUSO "PATAS ARRIBA" LA HISTORIA HUMANA

¿Qué relación existe entre una vaca sagrada, el nacimiento de los reyes, las guerras y la desigualdad social?

¿Por qué millones de personas veneran a las vacas? ¿Cómo pudo un repartidor generoso transformarse en rey? ¿Y si la agricultura, presentada durante siglos como un gigantesco avance de la humanidad, hubiera condenado a millones de seres humanos a trabajar más y alimentarse peor? Marvin Harris buscó las respuestas debajo de las religiones, las tradiciones y los grandes relatos sobre el progreso. Lo que encontró permite reconstruir la sorprendente historia del poder y la desigualdad

POR MANUEL MEDINA(*)  PARA CANARIAS SEMANAL.ORG

 

     ¿Por qué adoramos unas cosas, prohibimos otras y aceptamos que unos pocos manden sobre todos? El antropólogo Marvin Harris sostuvo que las costumbres más extrañas, las religiones, las guerras y las desigualdades no surgieron de la nada. Para comprenderlas —decía— hay que observar cómo vive realmente una sociedad: qué produce, qué come, cómo trabaja, cuántos recursos posee y quién controla lo que sobra.

 

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    ¿Por qué en unas sociedades está prohibido comer cerdo, mientras en otras ese animal forma parte de la alimentación cotidiana?

 

   ¿Por qué millones de personas consideran sagradas a las vacas?

 

    ¿De dónde salieron los reyes, los Ejércitos, los impuestos y las enormes diferencias entre quienes lo tienen todo y quienes apenas consiguen sobrevivir?

 

    Podríamos responder que cada pueblo tiene sus creencias y que las culturas son, sencillamente, diferentes. Y sería cierto, pero no suficiente. Porque la verdadera pregunta comienza justamente ahí: ¿por qué aparecieron unas creencias y no otras? ¿Por qué determinadas costumbres lograron conservarse durante siglos? ¿Qué condiciones permitieron que una norma terminara pareciendo natural, sagrada o indiscutible?

 

   El antropólogo Marvin Harris dedicó buena parte de su vida a investigar este tipo de enigmas. Y lo hizo partiendo de una sospecha tan sencilla como molesta: las sociedades no siempre comprenden las razones profundas de sus propias costumbres.

 

  Eso no significa que las personas sean ignorantes ni que sus creencias carezcan de importancia. Significa algo muy distinto. Significa que una comunidad puede explicar una práctica mediante la religión, la tradición o la voluntad de sus antepasados cuando, por debajo de esas explicaciones, están actuando necesidades relacionadas con los alimentos, el trabajo, el territorio, la población o la distribución de los recursos.


 

  La propuesta de Harris recibió el nombre de materialismo cultural. El término puede parecer algo complicado, pero la idea fundamental resulta bastante accesible: antes de explicar una sociedad por lo que piensa sobre sí misma, debemos estudiar cómo organiza materialmente su existencia.

 

LAS COSTUMBRES NO NACEN POR ARTE DE MAGIA

     Imaginemos una comunidad campesina en la que el ganado sirve para arar los campos, proporciona leche, produce estiércol utilizado como fertilizante y suministra combustible. En determinadas circunstancias, sacrificar una vaca durante una época de hambre podría aliviar una necesidad inmediata. Sin embargo, también podría privar a la familia de un animal imprescindible para trabajar la tierra y garantizar la siguiente cosecha.

 

    La prohibición de matar ese ganado puede presentarse como un mandato religioso. Pero Harris nos invita a mirar un poco más abajo. Esa creencia también podría estar protegiendo, sin que sus integrantes tengan necesariamente conciencia de ello, un recurso esencial para la supervivencia de la comunidad.

 

    Ese fue el camino que siguió para explicar, por ejemplo, el carácter sagrado de las vacas en la India. Su interpretación fue discutida y matizada por otros investigadores, pero su pregunta conserva toda su fuerza: ¿qué función material cumple una costumbre aparentemente irracional?

 

   Lo mismo sucede con las prohibiciones alimentarias. Una religión puede declarar impuro a un animal, pero quizá esa prohibición surgió en un entorno donde criarlo resultaba demasiado costoso, competía con los seres humanos por los alimentos o exigía unos recursos difíciles de obtener. Con el paso del tiempo, la necesidad práctica pudo quedar transformada en norma moral y la norma moral, en mandato divino.

 

   Marvin Harris no afirmaba que cada rito escondiera una especie de cálculo económico consciente. Nadie tuvo que sentarse a realizar una lista de gastos y beneficios antes de inventar una prohibición religiosa. Las prácticas que resultaban compatibles con determinadas condiciones de vida podían extenderse y sobrevivir, mientras otras terminaban desapareciendo.

 

   Aquí se encuentra una de las claves de su pensamiento: las ideas importan mucho, por supuesto, pero no suelen caer del cielo. Nacen y actúan dentro de sociedades concretas que necesitan producir alimentos, organizar el trabajo, criar a sus hijos, defender un territorio y afrontar los límites impuestos por la naturaleza.

 

EL PROGRESO QUE EMPEORÓ LA VIDA DE LA GENTE

     Estamos acostumbrados a imaginar la historia como una escalera. Primero vendrían las sociedades consideradas primitivas; después, la agricultura, las ciudades, los reinos y, finalmente, la moderna civilización industrial. Cada peldaño parecería representar una mejora con respecto al anterior. Harris trastocó esa imagen  y la puso patas arriba.

 

    La agricultura permitió alimentar a poblaciones mucho más numerosas que la caza y la recolección. Pero eso no significa que mejorara inmediatamente la existencia de la mayoría. Muchas comunidades agrícolas tuvieron que trabajar más horas, padecieron dietas menos variadas y quedaron expuestas a enfermedades favorecidas por la concentración de la población.

 

    El supuesto progreso encerraba, por tanto, una trampa. Se producía una cantidad mayor de alimentos, pero también crecía el número de personas que dependían de esa producción. Cuando el territorio comenzaba a resultar insuficiente, había que cultivar nuevas tierras, trabajar más intensamente las antiguas o introducir otras técnicas. Y cada solución podía generar nuevos problemas: agotamiento de los suelos, desaparición de animales, destrucción de bosques o conflictos por el control de los recursos.

 

  Harris denominó intensificación a ese proceso de producir cada vez más mediante un uso creciente del trabajo, la tierra o la tecnología. Al principio, la intensificación puede ofrecer buenos resultados. Pero llega un momento en que exige esfuerzos cada vez mayores para obtener rendimientos más pequeños.

 

  ¿Te suena conocido? Es la misma lógica que hoy permite aumentar la producción mientras se destruyen acuíferos, se empobrecen los terrenos agrícolas o se agotan los bancos de pesca. La tecnología puede aplazar algunos límites, pero no hace desaparecer las consecuencias.

 

    Por eso Harris desconfiaba de la idea de que todo avance técnico represente automáticamente un avance humano. Podemos tener máquinas más poderosas, ciudades más grandes y sistemas productivos más eficientes mientras millones de personas trabajan durante más tiempo, viven peor o pierden el control sobre sus condiciones de existencia.

 

   La cuestión no consiste solamente en saber cuánto produce una sociedad. También hay que preguntar qué sacrifica para hacerlo.

 

EL DÍA EN QUE APARECIERON LOS JEFES

     Durante la mayor parte de su historia, los seres humanos vivieron sin reyes, policías, cárceles, ejércitos permanentes ni funcionarios encargados de cobrar impuestos. Esto no significa que aquellas comunidades fueran paraísos sin conflictos. Significa, simplemente, que la existencia del Estado y de las grandes jerarquías no pertenece a una supuesta naturaleza eterna de nuestra especie.

 

    En muchos grupos pequeños existían personas especialmente respetadas. Podían destacar por su experiencia, su habilidad para cazar, su capacidad para resolver disputas o su generosidad. Pero un dirigente de esa clase no podía dar órdenes como lo haría un monarca. Necesitaba convencer a los demás y conservar su prestigio.

 

    En algunas comunidades, incluso se ridiculizaba al cazador que presumía demasiado de una gran pieza. A primera vista, puede parecer un comportamiento extraño. Sin embargo, tenía una función perfectamente comprensible: impedir que el éxito individual se convirtiera en superioridad permanente.

 

  El jefe comenzó a adquirir un poder diferente cuando pudo controlar el almacenamiento y la distribución de los excedentes. En un primer momento, esa función podía beneficiar a la comunidad. Alguien organizaba el trabajo colectivo, guardaba alimentos para las épocas difíciles y coordinaba su reparto.

 

    Pero había una puerta abierta. Quien administraba los recursos podía comenzar también a decidir quién recibía más, quién recibía menos y qué parte se reservaba para sí mismo y para sus colaboradores.

 

    El gran repartidor terminó convirtiéndose en jefe hereditario. La contribución voluntaria se transformó en tributo obligatorio. El prestigio dejó paso al privilegio, y el privilegio necesitó guerreros, sacerdotes y servidores que lo protegieran.

 

   Harris mostró así que el poder político no apareció porque un buen día la humanidad decidiera obedecer a los más fuertes. Fueron necesarias unas condiciones concretas: producción de excedentes, almacenamiento de bienes, crecimiento de la población, control territorial y reducción de las posibilidades de escapar de quienes pretendían mandar.

 

    La desigualdad tuvo una historia. Y todo lo que tiene historia puede investigarse, explicarse y, llegado el caso, transformarse.

 

MIRAR LA SOCIEDAD DESDE ABAJO

    Para organizar su análisis, Harris distinguió tres grandes niveles. En la base situó la infraestructura: las formas de producir alimentos y objetos, la tecnología, el medio ambiente y la manera en que una sociedad regula la reproducción de su población.

 

    Sobre ella se encontraría la estructura, es decir, la organización del trabajo, las familias, las jerarquías, el reparto de los bienes y las instituciones políticas. Finalmente aparecería la superestructura, formada por las religiones, los valores, los símbolos, el arte y las explicaciones mediante las cuales una sociedad interpreta el mundo.

 

    No se trata de tres pisos completamente separados. Las ideas pueden modificar los comportamientos, las instituciones pueden reorganizar la producción y una innovación técnica puede alterar las relaciones familiares. Pero Harris consideraba que, a largo plazo, las condiciones materiales ejercían una presión decisiva sobre el conjunto.

 

    También distinguió entre lo que una sociedad dice acerca de sí misma y lo que el investigador puede observar desde fuera. Un pueblo puede afirmar que libra una guerra para obedecer a sus dioses. El antropólogo debe escuchar esa explicación, pero también investigar si existe una disputa por tierras, recursos, mano de obra o rutas comerciales.

 

     Este método obliga a desconfiar de los discursos oficiales. Los gobernantes pueden presentar una conquista como una misión civilizadora, una empresa puede llamar modernización a la destrucción de miles de empleos y un gobierno puede denominar sacrificio colectivo a unas medidas que enriquecen a una minoría.

 

    Las palabras explican cómo se intenta justificar una realidad. No necesariamente revelan quién se beneficia de ella.

 

EL GRAN LÍMITE DE HARRIS: ¿MATERIALMENTE BENEFICIOSO PARA QUIÉN?

     Llegamos aquí al principal problema de su pensamiento. Marvin Harris explicó con enorme claridad que las costumbres debían relacionarse con la producción, la población, la tecnología y el medio ambiente.  Sin embargo, en ocasiones trató a las sociedades como si respondieran de manera conjunta a esas presiones.

 

   Pero una sociedad dividida entre propietarios y trabajadores, terratenientes y campesinos, acreedores y deudores, no posee un único interés material.

 

   Una actividad puede ser ruinosa para la mayoría y extraordinariamente rentable para quienes la controlan.

   Una mina puede contaminar el agua de una comarca, enfermar a sus trabajadores y destruir la agricultura local, pero producir enormes ganancias para sus propietarios.

   ¿Debemos afirmar entonces que esa explotación resulta beneficiosa para la "sociedad"?

 

   La pregunta correcta, pues, debería ser otra: ¿beneficiosa para quién?

 

      Aquí es donde el materialismo cultural necesita ser completado con un análisis de las relaciones de propiedad y del conflicto entre clases. No basta con averiguar qué tecnología utiliza una comunidad o cómo obtiene sus alimentos. Hay que saber quién posee la tierra, las máquinas y las materias primas; quién realiza el trabajo; quién decide qué se produce y quién se apropia del resultado.

 

   La presión demográfica o el agotamiento ambiental no actúan sobre un terreno neutral. Sus consecuencias dependen de una determinada organización social. Cuando escasea el agua, no todos reducen su consumo por igual. Cuando llega una crisis, no todos pierden el empleo, la vivienda o los ahorros. Y cuando se impone un ajuste económico, quienes lo deciden casi nunca son quienes soportan sus peores consecuencias.

 

    Harris nos enseñó a buscar las causas materiales escondidas detrás de las ideas. Pero el análisis de clase obliga a dar un paso más allá:  descubrir qué grupos sociales controlan esas condiciones materiales y utilizan las instituciones para conservar su posición.

 

UNA BRÚJULA PODEROSA, AUNQUE INCOMPLETA

     No hace falta aceptar todas las explicaciones de Marvin Harris para reconocer la importancia de su obra. Su gran mérito consistió en convertir la antropología en una investigación comprensible sobre problemas que afectan a toda la humanidad.

 

   Nos enseñó que una costumbre aparentemente absurda puede contener una lógica histórica; que la religión no puede separarse siempre de la alimentación y del trabajo; que el progreso técnico puede empeorar la vida; y que los reyes, los impuestos y las desigualdades no existieron desde el principio de los tiempos.  Sobre todo, nos invitó a mirar detrás del decorado.

 

   Cada vez que alguien nos afirme que una institución existe porque siempre ha sido así, conviene recordar que hubo sociedades que vivieron de otra manera. Cada vez que se presente la desigualdad como consecuencia inevitable del egoísmo humano, habrá que preguntar qué condiciones permiten a unos pocos acumular los recursos que necesitan los demás. Y cada vez que una decisión política se justifique como un sacrificio necesario para todos, será imprescindible averiguar quién cobra los beneficios y a quién le pasan la factura.

 

    Esa es la gran lección que permanece viva en su pensamiento: las culturas no son colecciones de rarezas surgidas de una imaginación incomprensible. Son respuestas humanas construidas dentro de condiciones históricas determinadas.

 

    Pero tampoco son cárceles eternas. Si las instituciones, las jerarquías y las creencias fueron creadas por seres humanos bajo unas circunstancias concretas, también pueden cambiar cuando cambian esas circunstancias y cuando las mayorías actúan conscientemente para transformarlas.

 

    Harris nos entregó una buena brújula para poder iniciar ese recorrido. No dibujó todo el mapa y dejó zonas importantes sin explorar. Pero después de leerlo resulta mucho más difícil creer que las guerras se libran únicamente por honor, que los poderosos gobiernan porque son los más capaces o que la pobreza existe porque siempre tuvo que existir.

 

   Y eso, en una época como la nuestra, saturada de explicaciones destinadas a ocultar lo esencial de las cosas, no es poca cosa.

 

 

(*) Manuel Medina es profesor de Historia, divulgador de temas relacionados con esa materia y autor de varios libros, entre ellos el "Gran Reajuste": China, la arrolladora irrupción de la extrema derecha y la reconfiguración del sistema capitalista", de reciente edición

 

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Canarias-semanal.org

https://canarias-semanal.org/art/39460/hambre-poder-y-religion-marvin-harris-el-antropologo-que-puso-patas-arriba-la-historia-humana

27/6/2026