segunda-feira, 19 de novembro de 2018

Interrogantes en la era Bolsonaro


Claudio Katz
Rebelión



Es evidente que el nuevo presidente de Brasil surgió del golpe institucional
contra Dilma. Hubo una gran manipulación electoral para impedir la victoria del
PT, que terminó arrollando a los viejos partidos de la derecha. Acallaron a
Lula, pero demolieron también a las formaciones conservadoras tradicionales. La
llegada del inesperado capitán a la primera magistratura genera múltiples
incógnitas.
 ¿CÓMO GOBERNARÁ?
El ejército, la justicia y los medios de comunicación aportaron los tres
cimientos del golpe, que ahora se utilizan para sostener al insólito personaje
que presidirá el país.
Las fuerzas armadas han capturado posiciones claves en la estructura estatal
desde la militarización de las favelas. Temer colocó bajo su mando a una nueva
agencia de seguridad que reúne a todas las reparticiones del sector.
El protagonismo militar se extiende a los 70 candidatos de ese origen que
ingresaron a las legislaturas y a los gobernadores del mismo palo. La tutela del
ejército se vislumbra en la vicepresidencia y en el quinteto de generales que
ocupará los cargos más estratégicos.
La gravitación del segundo pilar -el poder judicial- se ha transparentado con el
superministerio asignado a Moro. El responsable de la proscripción de Lula fue
premiado con un puesto de altísima jerarquía. Esa designación desnuda la farsa
que montó sin pruebas, con burdos testimonios de delatores y con cargos
perdonados a los políticos de otro signo.
Finalmente también los medios de comunicación acrecentaron su influencia por su
labor de blanqueo de Bolsonaro. El diputado que integró durante 20 años la
bancada más corrupta del Parlamento (PP) fue presentado como un individuo
inmaculado. También se silenciaron las coimas cobradas por su jefe de campaña.
Los medios tradicionales (O Globo) y la cadena evangelista (Récord) compitieron
con las redes, en la creación de los miedos y difusión de las mentiras que
apuntalaron el triunfo derechista.
La regresión de Brasil será incalculable si su presidente cumple con alguno de
sus anuncios. Postuló la guerra contra los rojos, la instalación de la
homofobia, el desprecio a los indígenas, la denigración de los negros, el
maltrato de las mujeres y la penalización de la diversidad sexual. ¿Implementará
esa retrógrada agenda o simplemente devendrá en una figura más de la derecha
convencional?
 ¿QUIÉN SALDRÁ BENEFICIADO?
Bolsonaro no fue la carta inicial de la clase dominante, pero el poder
empresarial lo ha rodeado para asegurar la continuidad de los atropellos en
curso. Se intenta completar el avasallamiento de la legislación laboral, con la
introducción del modelo chileno de privatización de las pensiones. El
ultra-liberal ministro Guesdes prioriza estos ataques, pero podría suscitar
también severos conflictos por arriba.
La primacía otorgada a los financistas asegura ventajas que afectan la actividad
productiva. Esa obstrucción persiste en la tenue reactivación que ha sucedido a
la histórica caída del PBI de los últimos años.
El bloque ruralista se perfila como otro nítido ganador. Su bloque parlamentario
exigirá el uso irrestricto de armas para consolidar la apropiación de tierras.
Pretende mayores inversiones del estado en la infraestructura exportadora y
demanda la apertura de nuevos mercados. Esa exigencia socava los acuerdos
internacionales concertados por el polo fabril paulista.
También este sector se ha subido a la oleada Bolsonaro para debilitar a los
sindicatos y achatar los salarios. Pero no resignará los convenios regionales
que forjó en las últimas décadas. La disputa en curso amenaza especialmente el
futuro del Mercosur. La sugerencia inicial de disolver el acuerdo fue
relativizada por el nuevo oficialismo ante la presión de los industriales. Ese
empresariado necesita mantener a la Argentina como cliente preferencial.
Las privatizaciones constituirán otra esfera de disputa. El remate de compañías
para reducir la deuda pública genera resistencias, que ya obligaron a desmentir
el desguace de Petrobras. Pero como Bolsonaro adoptó hace muy poco tiempo el
credo neoliberal (2017), deberá convalidar su conversión con prácticas
contundentes.
El capitán carece de una significativa bancada propia y tendrá que negociar cada
medida con el entramado de lobbies de Brasilia. El abultado presupuesto que
recientemente aprobaron jueces y senadores -contrariando los mensajes oficiales
de austeridad- anticipa los conflictos en puerta. Bolsonaro necesita conseguir
primero la subordinación de la corporación militar, para gestar luego un poder
bonapartista sobre el Congreso. Si falla, quedará a merced del juego
parlamentario que tanto denigró en la campaña electoral.
 ¿QUÉ LÍMITES IMPONDRÁ LA RESISTENCIA?
El gran contraste entre el discurso y la realidad podría verificarse rápidamente
en la compleja esfera de la seguridad. Bolsonaro prometió erradicar la
criminalidad en una sociedad aterrada por la delincuencia. El país alberga la
tercera población carcelaria del planeta y padeció 63.880 asesinatos el año
pasado. La simplificada ilusión de resolver esa pesadilla con mayor violencia
incentivó las apologías del asesinato, que engrosaron la “bancada de la bala” en
el Parlamento.
Esa demagogia punitiva perderá eficacia en el ejercicio del gobierno. La
criminalización de los excluidos sólo potencia la gravedad de un problema
derivado de la desigualdad y la regresión social. No es la primera vez que se
militarizan las favelas sin ningún resultado y con el exclusivo propósito de
hostigar a la empobrecida población negra.
Lo ocurrido en México ofrece un dramático retrato de las consecuencias de
involucrar al ejército en una guerra contra el delito. Las mafias se asociaron
con los uniformados para pulverizar la autoridad del estado y provocaron una
sangría dantesca (200.000 muertos, 30.000 desaparecidos).
Bolsonaro opone a pobres contra pobres para culpabilizar a los más vulnerables.
Magnifica el resentimiento hacia abajo de los segmentos medios, disgustados con
las tenues mejoras obtenidas por los sumergidos. Pero el capitán no podrá
satisfacer las expectativas de sus seguidores. Al contrario, su programa de
ajuste acentuará todas las adversidades que afronta la clase media.
No es ningún secreto que intentará demoler los derechos democráticos. Temer
inició esas agresiones encubriendo el asesinato de Mireille, los tiroteos a las
caravanas de Lula y las amenazas a 141 periodistas. Pero la victoria de
Bolsonaro incentivó acciones más brutales. Un exponente bahiano de la lucha
antirracista fue ultimado, se registraron incendios en los campamentos del MST y
hubo varios ataques a locales del PT. Las convocatorias a prohibir libros
críticos de la dictadura y a instaurar el creacionismo en las escuelas alentaron
el ingreso de matones armados en la universidad.
La resistencia a esas agresiones será la batalla primordial de los próximos
meses. El gran sustento para encarar esa lucha son las movilizaciones
desarrolladas contra Bolsonaro. No alcanzaron para impedir su triunfo, pero
congregaron multitudes con un gran protagonismo de las mujeres (“Ele nao”). Esas
respuestas definirán los principales límites del proyecto reaccionario.
 ¿QUÉ HARÁ FRENTE A CHINA Y VENEZUELA?
Bolsonaro se dispone a ensayar un alineamiento internacional explícito con
Trump. Viajará a Estados Unidos e Israel y sugirió el traslado de la embajada de
su país a Jerusalén. Promueve un sometimiento al Departamento de Estado muy
superior al simple vaciamiento de los BRICS. Recompondrá los grandes contratos
que el Pentágono perdió con sus competidores de Francia y Suecia y tantea la
concesión de una base militar a los marines.
Pero la jugada más riesgosa es su viaje a Taiwán para enfriar las relaciones con
China. Ya Temer aceptó las presiones de Washington y suspendió varios proyectos
bioceánicos financiados por Beijing. Pero también permitió a los exportadores
capturar las cuotas de soja perdidas por Estados Unidos en las disputas con su
rival oriental.
El Departamento de Estado está shockeado por el impresionante avance de su
contendiente en América Latina. China multiplicó por 22 su comercio con la
región en los últimos 15 años y aporta mayores préstamos de inversión que el BID
y el Banco Mundial.
La confrontación arancelaria que promueve Trump no ha morigerado esa expansión.
Las importaciones provenientes de Estados Unidos siguen rezagadas frente a sus
equivalentes asiáticas. China le advirtió a Bolsonaro las consecuencias de
cualquier bravuconada. Si termina restringiendo las compras de productos
primarios, la fascinación de los agro-exportadores con su presidente-gendarme
quedará muy dañada.
La agresiva postura hacia Venezuela entraña riesgos de mayor alcance.
El entorno de Bolsonaro ha sugerido subir el tono de las amenazas en sintonía
con los halcones de la OEA. Con el pretexto de un caos humanitario impulsan
operativos de amedrentamiento militar. El gobierno colombiano juega la misma
carta para enterrar los acuerdos de paz.
Pero los últimos dos intentos de golpe contra Maduro (conspiración de mayo y
ataque con drones) fracasaron y la oposición derechista mantiene su probada
impotencia. Por esa razón se han reiniciado negociaciones para explorar nuevas
formas de convivencia.
Una aventura militar contra Venezuela sería ajena a las tradiciones estratégicas
de Itamaraty. Antes de imponer ese rumbo Bolsonaro debería alterar drásticamente
la lógica geopolítica prevaleciente. Ese curso anularía la singularidad de una
región que ha permanecido ajena a la sangría de Medio Oriente y África. En un
escenario bélico, la caravana de migrantes centroamericanos que se aproxima a la
frontera estadounidense se transformaría en un aluvión de refugiados.
Para cualquier proyecto regional Bolsonaro necesita consolidar un eje común con
sus colegas derechistas. La disolución de UNASUR, las victorias electorales de
Duque (Colombia) y Piñera (Chile) o la permanencia de Macri (Argentina) aportan
los cimientos de esa convergencia. Pero la restauración conservadora no ha
estabilizado su primacía.
Por esa razón son muy prematuras las analogías con el período regional
reaccionario que inauguró el golpe del 64. Una etapa de ese tipo requeriría la
extinción previa de todas las secuelas del ciclo progresista, que perduran en
las relaciones sociales de fuerza de muchos países. Los dos pilares radicales de
la dinámica progresista (Venezuela y Bolivia) y su retaguardia estratégica
(Cuba) no han sido removidos.
Además, el despunte de nuevas fuerzas de centroizquierda contrapesa el avance de
la derecha. El triunfo de Bolsonaro ensombreció pero no anuló la victoria de
López Obrador (México), que desbarató el fraude y resucitó la presencia popular.
Tendencias del mismo signo se observaron en los resultados logrados por la
oposición en Colombia y Chile. El escenario latinoamericano continúa abierto.
 ¿IMITARÁ A SUS PARES DEL MUNDO?
Bolsonaro forma parte de un ascenso mundial de la ultra-derecha, que ha
capturado gobiernos (Hungría, Polonia, República Checa) y creciente influencia
en varios países (Italia, Finlandia, Suecia, Francia, Alemania, Holanda,
Israel). Su irrupción inaugura la llegada de esa oleada a Latinoamérica. La
restauración conservadora anticipó esa marea, pero sin la radicalidad
reaccionaria del capitán.
Al igual que sus pares de Europa y Estados Unidos, la derecha brasileña canaliza
el descontento generado por una degradación económico-social, que el sistema
político no atempera. La frustración con los gobiernos (o imaginarios)
progresistas alimenta esa reacción.
Todas las vertientes regresivas recurren a los mismos artificios, para auxiliar
a los grandes capitalistas con diatribas contra las franjas más desprotegidas.
Los inmigrantes son las principales víctimas de esa denigración en Europa. Las
mismas potencias que provocan el drama de los refugiados militarizan el
Mediterráneo, para impedir el ingreso de los despojados al Viejo Continente.
En Estados Unidos, el suprematismo blanco agrede con la misma contundencia a los
latinos y afro-descendientes. Difunde la ficción de “engrandecer nuevamente a
América” mediante la simple restauración de los valores conservadores. Para
transmitir fantasías parecidas de recreación del bienestar y la seguridad
perdida, Bolsonaro utiliza el chivo expiatorio de la delincuencia.
Todas las variantes de la ultra-derecha global comparten el mismo combo de
neoliberalismo con xenofobia. Por eso rechazan la inmigración, pero aceptan la
continuada circulación mundial de los capitales y las mercancías. Son
chauvinistas fascinados por el mercado que reniegan del proteccionismo de sus
antecesores.
Con su mixtura de militares y economistas ultra-liberales, Bolsonaro encarna una
modalidad extrema de esa combinación. Concentra todas las características de la
derecha descarriada, que sustituye a los exponentes civilizados del mismo palo.
La etapa de edulcorada modernización de las fuerzas reaccionarias tiende a
diluirse, para facilitar la instalación de configuraciones más brutales. Las
mediaciones tradicionales se disuelven en una nueva era de cinismo, pos-verdad y
naturalización de la mentira.
 ¿ES FASCISTA?
Las declaraciones y actitudes de Bolsonaro desbordan el autoritarismo, el
populismo o el bonapartismo. Pero incluyen rasgos fascistas sólo potenciales,
que no tienen viabilidad inmediata. Un largo trecho separa el peligro de su
concreción. La fascistización es un proceso que transita por varios estadios.
Aunque el capitán propugne esa degradación, la sociedad no comulga actualmente
con semejante involución.
El fascismo requiere condiciones ausentes en Brasil. Supone el endiosamiento de
una jefatura por fanáticos seguidores y la sustitución del sistema institucional
por un poder totalitario. Exige censura de prensa, prohibición de partidos y
aplastamiento completo de la oposición. Boslonaro se mueve por ahora en otra
órbita. Es un recién llegado a la "gran política" que actúa en el tejido
institucional. Cuenta con una base social reaccionaria poco dispuesta a
confrontar físicamente con los trabajadores organizados.
El nuevo presidente promueve una represión mayor, pero bajo el comando de
fuerzas regulares y no paramilitares. El fascismo implica un grado de violencia
muy superior a los parámetros actuales y necesita organizaciones más
verticalistas que las imperantes en el universo evangélico.
Ese sector militará contra el aborto y el matrimonio igualitario defendiendo el
rol sumiso, servil y procreador de las mujeres. Pero esos regresivos anhelos se
ubican muy lejos del enloquecido embate que alienta el cristiano-fascismo. Antes
de arrasar la impresionante diversidad cultural de Brasil, Bolsonaro deberá
doblegar una resistencia democrática inmensa.
El fascismo es un concepto genérico que incluye muchas variedades. La
reproducción del modelo clásico de Hitler y Mussolini ni siquiera está
discusión. Correspondía al contexto internacional de entre-guerra, con potencias
involucradas en batallas por la primacía global y la erradicación del comunismo.
Brasil se encuentra totalmente alejado de ese escenario.
Otros modelos más acotados de fascismo (Franco en España, Salazar en Portugal)
tampoco se amoldan al contexto de Bolsonaro. El antecedente del pinochetismo es
más pertinente. En Chile hubo totalitarismo, virulencia anticomunista y base
social anti-obrera. Pero esas características sólo completaron el perfil de un
régimen dictatorial clásico. El uribismo contiene esos mismos elementos en la
actualidad, con el agravante de paramilitares en acción y un sostén social de
larga data de la oligarquía. Sin embargo tampoco en Colombia rige un sistema
político fascista.
La ultra-derecha latinoamericana está condicionada por el status periférico de
la región. Cultiva un fascismo dependiente que comparte la fragilidad de todas
las formaciones políticas de la zona. Por ese limitante Bolsonaro nunca podría
imitar a Trump en sus divergencias con China. Brasil continuaría sometido a las
exigencias de ambos colosos.
El frecuente uso de aditamentos para caracterizar al fascismo contemporáneo
(proto, neo) confirma las diferencias con el modelo clásico. Esas singularidades
no se restringen al caso brasileño. Todas las vertientes ultra-derechistas que
actualmente agreden a los grupos más humildes propugnan modalidades del
neofascismo social. Y su defensa de la primacía del mercado las aproxima a un
novedoso fascismo neoliberal.
Estas combinaciones determinan los límites de esas configuraciones. En el
laboratorio europeo los derechistas tienden a dividirse entre alas extremas -que
pierden gravitación- y sectores preeminentes, que se amoldan al conservadurismo
tradicional. Le Pen tomó distancia primero de su padre y ahora cuestiona los
delirios retóricos de Bolsonaro.
La generalizada adhesión al neoliberalismo obstruye la reproducción del viejo
fascismo. Sus sucesores se coaligan en el Parlamento Europeo contradiciendo los
pilares nacionalistas de esa tradición. Ninguno propugna la disolución efectiva
del euro o la unión comunitaria.
El límite más contundente a un devenir fascista se verifica en Estados Unidos.
Trump nunca convalidó a las vertientes más extremas de su coalición y afronta
ahora un escenario más adverso. Con la economía reactivada y sin guerras que
convulsionen a la opinión pública ha perdido la Cámara de Representantes y su
reelección es dudosa.
Pero lo más llamativo fue el éxito de candidatos con idearios socialistas y
mujeres afro-estadounidenses, indígenas, musulmanas, latinas o de origen
palestino y somalí. En lugar del típico voto castigo canalizado por el
establishment demócrata irrumpió una generación de líderes progresistas con gran
compromiso militante. ¿Este antecedente anticipa el perfil de rechazo a los
derechistas en todo el mundo? ¿Es un espejo para Bolsonaro?
 ¿HABRÁ IMPACTO SOBRE ARGENTINA?
Los medios hegemónicos del Cono Sur identifican la elección brasileña con el
“repudio al populismo”. Auguran un efecto dominó que permitirá “acelerar las
reformas”, para competir con el giro pro-mercado del principal socio del país.
Esta sesgada interpretación pretende potenciar un sentido común favorable al
ajuste.
El gobierno complementa esa utilización con una mayor apuesta represiva. Asocia
la oleada Bolsonaro con la convalidación del apaleo a los manifestantes.
Considera que hay pierda libre para inventar terroristas, crear provocaciones y
diseminar infiltrados.
También el poder judicial acelera el montaje de causas fraudulentas, para
repetir con Cristina el operativo de encarcelamiento de Lula. Bonadío sabe que
recibirá el mismo premio que Moro por esa canallada y busca en los Cuadernos
alguna excusa para poner entre rejas a los familiares o allegados de CFK.
Pero Macri ocupa el incomodo lugar que tendría un pariente de Oderbrecht en la
presidencia de Brasil. Cualquier investigación de corrupción lo salpica de
inmediato por alguna de sus estafas al estado. Todas las exigencias para que
“devuelvan lo robado” circunvalan su fortuna.
El ascenso de Bolsonaro ha sido más utilizado por el justicialismo amigable que
por el oficialismo. Pichetto se ha situado en la cresta de la ola de xenofobia y
anticomunismo, junto a los gobernadores que coquetean con la mano dura. Sus
complicidades con el ajuste son explícitas. Aprobaron el presupuesto diseñado
por el FMI, para emitir un mensaje de continuidad del ajuste si les toca
reemplazar a Macri en el 2019.
Una reivindicación más explícita de Bolsonaro despliegan los políticos
solitarios (Olmedo) con sus comunicadores (Feinman) y acompañantes
ultra-liberales (Espert). Por ahora son tan marginales como el ex capitán en su
debut, pero aspiran a repetir su trayectoria si el sistema político eclosiona.
Nadie sabe cuánto tiempo Bolsonaro servirá como bandera de la derecha en el
país. El congelamiento del Mercosur y el privilegio de la sociedad con Chile
afectarán su rating como figura a imitar. La incomodidad será mayor, si Trump lo
elige como principal cómplice en desmedro del vasallo argentino.
Las numerosas diferencias que distinguen a la Argentina de su vecino acotan
también las posibilidades de un Bolsonaro criollo. La dictadura brasileña
coincidió con un prolongado período de crecimiento desarrollista y sus
responsables nunca fueron juzgados. En cambio Videla y Galtieri acentuaron una
regresión económica que desembocó en la aventura de Malvinas. Todos los tanteos
para revalorizar a esos genocidas desatan repudios masivos.
Tampoco la base social que sostuvo a Bolsonaro tiene correlato en las alicaídas
marchas de los sectores acomodados de Argentina. Mientras que allí colapsó el
sistema político aquí prevalece el marco institucional. Por eso Macri recurre a
la demagogia tradicional sin ensayar la brutal frontalidad de su colega.
El sentimiento anti-político que actualmente nutre el avance de la ultraderecha
brasileña presenta un contenido muy distinto, al sentido que tuvo durante la
rebelión argentina del 2001. Además, en los últimos años predominó en Brasil la
desmovilización popular y la desmoralización del progresismo. Por el contrario
Macri no ha podido doblegar la resistencia a sus medidas.
Estas disonancias recrean las diferencias históricas entre un país signado por
la convulsión y otro caracterizado por la continuidad del orden. Brasil no vivió
procesos revolucionarios, la esclavitud fue abolida con inédita tardanza y la
independencia fue proclamada por un príncipe portugués. Ningún Bolsonaro se
perfila en el corto plazo de Argentina, pero el trauma económico que se avecina
abre posibilidades de todo tipo.
 ¿CUÁLES SON LAS LECCIONES PARA LA IZQUIERDA?
Bolsonaro recurrió a una campaña virulenta contra el PT basada en infamias
orquestadas por los medios de comunicación. Pero esas injurias fueron absorbidas
por un amplio sector popular enemistado con la gestión de la última década. Esos
trabajadores escucharon, toleraron y finalmente aceptaron la propaganda de la
derecha por su defraudación con el PT. Esa decepción explica el fulminante
ascenso del troglodita.
El desencanto comenzó con el gobierno de Lula y se generalizó con el posterior
giro neoliberal. Dilma mantuvo la sociedad con Temer, estrechó lazos con los
evangelistas, convalidó la desigualdad y reafirmó los privilegios de la elite
capitalista. Afianzó, además, los turbios acuerdos con toda la casta de
políticos a sueldo. La administración petista preservó la estructura de poder y
la concentración mediática tradicional. Tuvieron muchas oportunidades para
romper ese condicionamiento y siempre optaron por mantener el status quo.
Por ese conservadurismo el PT perdió primero el apoyo de la clase media y luego
el sostén de los trabajadores. El resurgimiento reciente de Lula no alcanzó para
recomponer ese distanciamiento previo. Los dueños del país aprovecharon la
orfandad para recuperar el control directo del poder.
La partida comenzó a definirse durante las protestas del 2013. En lugar de
asumir las demandas sociales de los jóvenes el PT se ubicó en la vereda opuesta.
Su terror a la acción popular afianzó la ceguera institucionalista cultivada
durante décadas. Esa actitud condujo a la renuncia sin lucha de Dilma y a la
debilidad posterior de Lula frente a su encarcelamiento.
El PT dejó vacante la calle que ocupó la derecha. Fue derrotado en ese ámbito
mucho antes que en las urnas. El desenlace de las manifestaciones del 2014-2016
definió el resultado ulterior de los votos.
Como ha ocurrido siempre en América Latina la relación de fuerza se dilucida en
el llano y se proyecta al terreno electoral. Venezuela aporta un contraejemplo a
lo ocurrido en Brasil. En medio de una indescriptible crisis económica, con
sabotajes, conspiraciones y atentados de todo tipo, Maduro derrotó a la derecha
en los comicios, porque doblegó previamente las guarimbas en la calle.
Muchas evaluaciones del triunfo de Bolsonaro omiten este balance o presentan al
PT como simple víctima de los artilugios derechistas. Soslayan su
responsabilidad política en el resultado final. Es cierto que las batallas de la
izquierda son muy complejas en una sociedad signada por siglos de exclusión.
Pero esa dificultad se acentúa con la convalidación de los privilegios de los
poderosos.
En lugar de encarar el empoderamiento popular y la formación político-ideológica
de los trabajadores, el PT apostó a un sostén pasivo derivado de la mejora del
consumo. Quedó a merced del vaivén de la economía y dejó a las masas a
disposición de la derecha. Bolsonaro aprovechó ese hueco y logró que los propios
beneficiaros de las mejoras del petismo fueron ingratos con sus padrinos.
Lo ocurrido en Brasil ilustra cómo la ultra-derecha puede capitalizar los
fracasos de la propia derecha. En un escenario de ocaso de los viejos
conservadores, el naufragio de Temer abrió las compuertas a un infierno mayor.
Hay que aprender de esa experiencia. Si la izquierda muestra firmeza y valentía
en la lucha, los Bolsonaro de América Latina serán derrotados.
 

El autor es Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro
del EDI. Su página web es:  www.lahaine.org/katz  
 Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una
licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras
fuentes.

In
REBELION
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=249165
19/11/2018

sábado, 17 de novembro de 2018

Imperialismo cultural: La perversión del lenguaje y el ofuscamiento del imperio



James Petras
Rebelión
Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Introducción
En el mundo actual, los propagandistas del imperio occidental –particularmente
periodistas y editores de los medios de comunicación de masas– recurren
sistemáticamente a la perversión de los conceptos cotidianos y del lenguaje de
la política.
Se ha utilizado y abusado del lenguaje político para culpar a las víctimas y
justificar las agresiones imperiales. Las consecuencias de esta manipulación son
diversas y sirven tanto para legitimar crímenes de guerra y expolio económico
como para neutralizar a la oposición interna.
En este artículo empezaremos identificando la terminología básica que sirve de
apoyo a las agresiones imperiales para continuar describiendo los objetivos
económicos y políticos del imperialismo lingüístico. Concluiremos examinando las
alternativas políticas y culturales que se presentan.
Crítica de los conceptos: nacionalismo y populismo
En el léxico moderno del imperio, el concepto del que más se abusa con la
pretensión de confundir es el de “populismo”.
En su origen, el término “populismo” hacía referencia a los movimientos de masas
de los obreros explotados. Los movimientos populares se enfrentaban a la
oligarquía bancaria y a los magnates de la prensa.
En el periodo final del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, los
populistas crearon movimientos y partidos políticos poderosos en Estados Unidos,
Canadá, Rusia y Europa occidental.
Hacia la mitad del siglo XX, los movimientos y partidos populistas se
multiplicaron y, en algunos casos, consiguieron el poder en Asia y América
Latina. Dichos movimientos lograron el apoyo de las masas en Argentina, Brasil,
Perú y México. En EE.UU. representaban a los granjeros que luchaban contra el
monopolio del ferrocarril, los banqueros y los líderes políticos corruptos. Su
objetivo era garantizar precios de mercado justos para el transporte, tipos de
interés bancario moderados y elecciones limpias, sin la corrupción de los
cabecillas políticos. Los populistas eligieron algunos gobernadores, decenas de
alcaldes y varios congresistas.
En América Latina, partidos populistas peruanos (como el APRA) lucharon por los
derechos de los indígenas, oponiéndose a los gobiernos oligarcas y
neocoloniales. En Argentina, Brasil y México, partidos populistas dirigidos por
Juan Domingo Perón, Getulio Vargas y Lázaro Cárdenas lucharon para garantizar
los derechos de los trabajadores y la propiedad nacional de los recursos
esenciales (especialmente los campos petroleros), además de emprender procesos
de industrialización nacional exitosos.
En China, Filipinas, Indochina y la India tuvieron lugar procesos similares. El
nacionalismo y el populismo fueron los motores gemelos de la independencia y la
justicia social.
El nacionalismo se proponía el fin de la dominación imperial y la recuperación
de los valores culturales nacionales, libres de imposiciones coloniales. Al
inicio del siglo XXI, con el ascenso y progreso de regímenes poscoloniales, las
potencias imperiales occidentales se propusieron denigrar a los movimientos y
los partidos que cuestionaban su legitimidad.
Las potencias imperiales ya no podían confiar en el mito de los imperios
benéficos (“la carga del hombre blanco” *). Ni podían seguir afirmando que la
explotación y el expolio llevados a cabo por el capital extranjero servían para
“la construcción de la nación”.
La ideología imperial recurrió entonces a distorsionar los conceptos positivos
asociados con las luchas de liberación, asociando el populismo con las doctrinas
autoritarias y los regímenes regresivos. Se vació al populismo de su contenido
emancipatorio original y se le relacionó con una ideología reaccionaria,
racista, xenófoba y fascista.
Todos y cada uno de los movimientos populares de masas, con independencia de su
trasfondo socioeconómico, fueron considerados regresivos. De la misma manera, se
asoció al nacionalismo con el neofascismo que quería expulsar a las minorías y
los migrantes.
Como corolario, las ideologías imperialistas presentaron a los poderes
imperiales de Estados Unidos y Europa como los únicos garantes de los valores
democráticos, en lucha contra los “nacionalistas”.
Uso y abuso del populismo y el nacionalismo
Los principales enemigos del “populismo” son las clases dominantes occidentales
neoliberales y sus ponzoñosos escribas del Financial Times, New York Times, The
Washington Post  y el Wall Street Journal.
El antipopulismo que defiende los “valores democráticos occidentales” actúa como
una propaganda progresista a favor del imperialismo. La retórica antipopulista
amalgama a derechistas e izquierdistas, chovinistas y defensores de la
independencia nacional.
El objetivo era justificar las múltiples guerras imperiales y los golpes de
Estado por toda Asia, Oriente Próximo, norte y este de África y América Latina.
Al tiempo que condenaban a los populistas, los demagógicos y antinacionalistas
medios de comunicación promovían y defendían las sanguinarias guerras
occidentales y golpes de Estado en Irak, Afganistán, Egipto, Libia, Palestina,
Siria, Líbano, Honduras, Somalia, Sudar del Sur, Venezuela y Ucrania.
El “antinacionalismo” sirve para desarmar a los críticos del imperialismo
–favorables de la independencia– y para “legitimar” a los líderes occidentales.
Los ideólogos de los medios de comunicación atacan a los nacionalistas de
derechas contrarios a los inmigrantes pero ocultan el hecho de que esos mismos
inmigrantes son víctimas de las invasiones militares occidentales.
Nacionalistas de derechas e imperialistas neoliberales son las dos caras de la
misma moneda. Una provoca la pasión nacionalista de las masas y la otra procede
a satisfacer el apetito voraz del capitalismo.
Antipopulismo y nacionalismo son el motor de las élites neoliberales que
explotan la mano de obra interna y atacan los servicios sociales y la democracia
en el lugar de trabajo. Estas élites retratan a los movimientos sociales
populares como versiones del populismo que es preciso condenar por oponerse al
libre mercado y a las elecciones libres.
Los nacionalistas que se oponen a las agresiones imperiales son denigrados como
enemigos autoritarios de la seguridad occidental, de la globalización y de los
valores democráticos.
Conclusión
El imperialismo de EE.UU. y de la UE se enfrenta a adversarios tanto dentro como
fuera de sus fronteras. La oposición interna se ha volcado contra las costosas
guerras y los beneficios que suponen para ciertas empresas y se ha manifestado a
favor de un mayor bienestar.
Al verse desesperadamente obligados a encontrar argumentos ideológicos en su
favor, las potencias occidentales han fabricado nuevos enemigos, a los que han
colocado la etiqueta de “populistas”, para disimular su apoyo a los oligarcas.
Las élites occidentales pretenden debilitar a los antiimperialistas
comparándolos con los nacionalistas de ultraderecha.
Pero los ideólogos del imperialismo occidental cuentan con otras herramientas
propagandísticas. Equiparan a los militantes por la independencia nacional con
“terroristas”. Quienes defienden en Rusia la seguridad de las fronteras son
descritos como expansionistas autoritarios. Las redes económicas internacionales
chinas pasan a ser “recaudadores coloniales de deuda”.
El repique de tambores de los medios de comunicación es imprescindible para
ofuscar la realidad. Estados Unidos y la Unión Europea tienen cerca de 200 bases
militares en el exterior, repartidas por todo el mundo. China posee una pequeña
base en el este de África. EE.UU. tiene una cadena de bases militares rodeando a
China. Pekín carece de base militar alguna cerca de Estados Unidos.
Mientras las élites occidentales coloniales y neocoloniales expolian Asia,
África y América Latina, China financia infraestructuras, invierte en empresas
productivas y no tiene bases militares para intervenir en países del Tercer
Mundo.
Estados Unidos y Europa secuestran conceptos progresistas como el populismo,
invirtiendo su significado y asimilándolo a movimientos, partidos y
personalidades reaccionarias.
Se colocan etiquetas de racismo y colonialismo a muchos “nacionalistas”, que han
demostrado ser defensores de la soberanía nacional y oponerse a la hegemonía
imperial. El lenguaje político al servicio del imperio no está libre de pecado.
* N.d.T.: “The White Man’s Burden” (La carga del hombre blanco) es el título de
un poema de Rudyard Kipling publicado en 1899. Aunque tenía connotaciones más
profundas, se popularizó su lectura directa desde los puntos de vista vigentes
en la época (racista, imperialista y eurocéntrico) que justifican la
intervención altruista del hombre blanco para ayudar al progreso de las “razas
inferiores”.

sexta-feira, 16 de novembro de 2018

Mais Médicos: prefeitos pedem que Bolsonaro recue e que médicos cubanos fiquem no programa



A FNP (Frente Nacional de Prefeitos) publicou nesta quinta-feira (15) nota
pedindo que o presidente eleito Jair Bolsonaro (PSL) recue nas "mudanças
drásticas" que pretende implantar no programa Mais Médicos e que culminaram na
saída dos médicos cubanos do programa.

Na quarta-feira, Havana anunciou que seus médicos irão abandonar o Mais Médicos
por causa do "desrespeito" e "referências diretas, depreciativas e ameaçadoras"
feitas por Bolsonaro.
"O cancelamento abrupto dos contratos em vigor representará perda cruel para
toda a população, especialmente para os mais pobres", afirmou a FNP na nota
publicada pelo Poder360.
A organização dos prefeitos também pontua que 8.500 médicos cubanos trabalham no
Mais Médicos hoje no Brasil e que o fim da parceria poderá deixar 29 milhões de
pessoas desassistidas.
"Os cubanos representam, atualmente, mais da metade dos médicos do programa. Por
isso, a rescisão repentina desses contratos aponta para um cenário desastroso
em, pelo menos, 3.243 municípios. Dos 5.570 municípios do país, 3.228 (79,5%) só
têm médico pelo programa e 90% dos atendimentos da população indígena é feito
por profissionais de Cuba", diz a nota da FNP.
Bolsonaro defende que os profissionais cubanos recebam integralmente os salários
pagos pelo Governo Federal, hoje parte dos vencimentos fica com a Organização
Pan-Americana da Saúde, órgão estatal cubano responsável por negociar o envio de
médicos para o exterior. O presidente eleito também afirma que os médicos
cubanos devem fazer exames de validação de seus diplomas no Brasil para atuar.
No final de 2017, o Supremo Tribunal Federal decidiu que a ausência de
revalidação de diplomas estrangeiros no Mais Médicos é legal, informa a Folha de
S. Paulo.
Bolsonaro afirma que o Mais Médicos seguirá e que os médicos cubanos serão
substituídos por profissionais brasileiros ou estrangeiros.
Confira a íntegra do pronunciamento da FNP:
Nota sobre o programa Mais Médicos e a saída dos profissionais cubanos do país
A Frente Nacional de Prefeitos (FNP) e o Conselho Nacional de Secretarias
Municipais de Saúde (Conasems) lamentam a interrupção da cooperação técnica
entre a organização Pan-Americana da Saúde (OPAS) e o governo de Cuba, que
possibilitava o trabalho de cerca de 8.500 médicos no Programa Mais Médicos. Com
a decisão do Ministério da Saúde de Cuba, anunciada nesta quarta-feira, 14, de
rescindir a parceria, mais de 29 milhões de brasileiros serão desassistidos.
Os cubanos representam, atualmente, mais da metade dos médicos do programa. Por
isso, a rescisão repentina desses contratos aponta para um cenário desastroso
em, pelo menos, 3.243 municípios. Dos 5.570 municípios do país, 3.228 (79,5%) só
têm médico pelo programa e 90% dos atendimentos da população indígena é feito
por profissionais de Cuba.
Além disso, o Mais Médicos é amplamente aprovado pelos usuários, 85% afirma que
a assistência em saúde melhorou com o programa. Nos municípios, também é
possível verificar maior permanência desses profissionais nas equipes de saúde
da família e sua fixação na localidade onde estão inseridos.
Cabe destacar que o programa é uma conquista dos municípios brasileiros em
resposta à campanha "Cadê o Médico?", liderada pela FNP, em 2013. Na ocasião,
prefeitas e prefeitos evidenciaram a dificuldade de contratar e fixar
profissionais no interior do país e na periferia das grandes cidades.
Com a missão de trabalhar na atenção primária e na prevenção de doenças, a
interrupção abrupta da cooperação com o governo de Cuba impactará negativamente
no sistema de saúde, aumentando as demandas por atendimentos nas redes de média
e alta complexidade, além de agravar as desigualdades regionais.
Para o g100, grupo de cidades populosas, com alta vulnerabilidade
socioeconômica, a situação é ainda mais devastadora. Com o objetivo de reduzir a
carência por serviços de atenção básica nessas cidades, o g100 é utilizado como
critério para priorizar o recebimento desses profissionais.
Diante disso, a FNP e o Conasems alertam o Governo recém-eleito para os
iminentes e irreparáveis prejuízos à saúde da população, inclusive para a
parcela que não é atendida pelo Mais Médicos.
Sendo assim, a FNP e o Conasems pedem a revisão do posicionamento do novo
Governo, que sinalizou mudanças drásticas nas regras do programa, o que foi
determinante para a decisão do governo de Cuba. Em caráter emergencial, sugerem
a manutenção das condições atuais de contratação, repactuadas em 2016, pelo
governo Michel Temer, e confirmadas pelo Supremo Tribunal Federal, em 2017.
O cancelamento abrupto dos contratos em vigor representará perda cruel para toda
a população, especialmente para os mais pobres. Não podemos abrir mão do
princípio constitucional da universalização do direito à saúde, nem compactuar
com esse retrocesso.
Frente Nacional de Prefeitos (FNP)
Conselho Nacional de Secretarias Municipais de Saúde (Conasems)

In
SPUTNIK BRASIL
https://br.sputniknews.com/brasil/2018111512685584-cuba-mais-medicos/
15/11/2018

quinta-feira, 15 de novembro de 2018

Joao Pedro Stédile no Festival de Artes do Movimento Sem Terra em Curitiba (PR).


Por Rafa Santos



O Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra completou 34 anos em 2018. Entre
perdas e conquistas, uma das maiores iniciativas populares do mundo terá no
governo de Jair Bolsonaro um grande adversário. Sempre que pode, o presidente
eleito faz questão de manifestar o desejo de tipificar o MST e o MTST como
entidades terroristas.
Principal líder do movimento, o economista João Pedro Stédile concedeu
entrevista exclusiva ao Yahoo Notícias. Ele ponderou sobre o atual cenário
político, a derrota da esquerda na eleição presidencial, atuação do judiciário e
fez um balanço das gestões petistas no plano federal.
Yahoo Notícias: O que a vitória de Bolsonaro nas urnas significa para os
movimentos sociais?
João Pedro Stédile: Houve uma vitória eleitoral do projeto do capital
financeiro, aliado com o capital estrangeiro, apoiado na militância de direita
encrustada nas PMs, nas FFAA, no agronegócio e na maçonaria.  Essa vitória só
foi possível porque utilizaram de forma ilegal, a partir de apoio externo de
potentes computadores para disseminar mentiras, de forma sistemática através das
redes sociais, em especial WhatsApp, e Facebook.  Foram milhões de mensagens
incontroláveis, construídas de forma científica para atender os grupos sociais
segmentados.
Agora, teremos um governo de natureza neofascista, com um plano econômico
ultraneoliberal, que vai aumentar ainda mais as dificuldades do povo e
aprofundar a crise econômica no país.  Seu projeto se baseia unicamente em
beneficiar o grande capital, e para isso se concentrará na liberdade total ao
capital, com as privatizações, o desmonte dos serviços públicos, da previdência,
 para sobrar mais dinheiro para pagamento de juros. E haverá uma maior
subordinação de nossa economia aos interesses do capital dos Estados unidos.
E aos que não concordarem, prometem repressão, como disse na campanha que iria
massacrar a minoria.
Yahoo Notícias:  A historiadora francesa Maud Chirio em entrevista ao jornal
Folha de S.Paulo afirmou que o que pode ser encarado como “bravata” do discurso
de Bolsonaro é, na verdade, um sistema de pensamento. Ela acredita que a eleição
do candidato do PSL representa o fim da Nova República e prevê que movimentos
sociais como o MST e o MTST serão declarações organizações terroristas e o PT
interditado. Como o senhor enxerga essa análise?
João Pedro Stédile: Claro, que as bravatas fazem parte de uma forma de
comunicação com seus apoiadores, com uma base social dispersa, que é
anti-sistema,  anti-elites, por ironia e aos que eram  anti-pt. Mas esse
discurso não tem ressonância numa base social real organizada na sociedade
brasileira. Por isso, já está mudando. O discurso foi apenas cortina de fumaça,
para não se discutir os projetos antagônicos que estavam em disputa na eleição.
Como disse o historiador Murilo de Carvalho, se ele transformar o discurso de
campanha em prática política, seria burrice e suicídio.
Os movimentos populares em geral, e em particular o MST e MTST  se baseiam no
direito constitucional, de liberdade de expressão e organização, para organizar
nosso povo a resolver seus problemas concretos, de moradia, de trabalho e acesso
a terra.  Estamos protegidos pela constituição e pela sociedade. Se ele cometer
a besteira de nos criminalizar, se isolaria da sociedade.   E teria que rasgar a
constituição.    
Parece que pelo menos o futuro ministro da justiça já entendeu isso e se
manifestou publicamente contra criminalizar movimentos populares.
A luta social e coletiva  é a única forma democrática e civilizada do povo
enfrentar e resolver seus problemas de melhoria das condições de vida.  Fora
disso é a barbárie, o vale tudo, o salve-se quem puder.
Yahoo Notícias: Qual a sua opinião sobre a ida do juiz Sérgio Moro para o
Ministério da Justiça?
João Pedro Stédile: Achei que foi um escárnio, um cinismo completo, um tapa na
cara do povo brasileiro.  Porque ficou claro que o juiz agia o tempo inteiro
para impedir a candidatura Lula, que ganharia em qualquer cenário, e beneficiar
o candidato Bolsonaro.  Em qualquer sociedade democrática, que as instituições
jurídicas funcionassem de forma neutra, o processo eleitoral seria investigado e
anulado.  Aquilo que dizíamos de que uma eleição sem Lula seria uma fraude
planejada.  Agora se revelou, com todos os seus contornos.
Mas aqui no Brasil o poder judiciário, formado majoritariamente por  filhinhos
da burguesia e da pequena burguesia, sem legitimidade do voto popular, que se
escudam em concursos fajutos, (porque a autoridade não pode vir do concurso,
segundo a constituição, todo poder, e portanto o poder judiciário) deve emanar
do povo.  E o povo,  a sociedade não tem nenhum controle social sobre o
Judiciário, que faz o que quer, como quer.  Haja visto esta afronta do auxilio
moradia, das férias… E dos altos salários. E agora o STF aumentar seus próprios
vencimentos em 16%. Porque não aplicam então para todos trabalhadores?
O general Mourão  deveria explicar agora, se o 13 salário, uma conquista
histórica, é mochila  de peso para os empresários, como se pode classificar os
altos salários e mordomias do intocável poder judiciário?
Em algum momento da nossa história teremos que fazer uma reforma política, do
modelo de aplicação da democracia que inclua a reforma do poder judiciário.
Yahoo Notícias: Uma característica comum no processo eleitoral neste ano é o
discurso de relativização e até desrespeito aos direitos humanos. Essa retórica
foi adotada por diferentes personagens. Desde candidatos à presidência até
postulantes ao legislativo estadual e se mostrou vitorioso em muitos casos. O
senhor acredita que caminhamos para o desrespeito sistemático dos direitos
humanos por agentes do Estado?
João Pedro Stédile: Não acredito. A sociedade brasileira não se organiza apenas
através do estado. O governo, o poder judiciário e as forças policiais podem ser
mais repressores, porem há na sociedade brasileira, outras formas de organização
social, que servirão como barreira, resistência e anteparo, contra essa ofensiva
conservadora.  Além das contradições que existem dentro do próprio governo
eleito e seus aliados.  Ele vai continuar discriminando negros e índios, quando
grande parte dos membros das PMs e FFAA são negros e índios? Continuará com
discurso e práticas homofóbicas, e como será quando se encontrar com
governadores eleitos que são homossexuais?
Yahoo Notícias: Após quatro vitórias seguidas, o PT foi derrotado. Como o campo
da esquerda brasileira pode ser encarado após esse insucesso?
João Pedro Stédile:  A esquerda brasileira tem muitos problemas.  Evidentemente
que cometeu muitos erros nos seus governos, e não soube ter a humildade de
reconhece-los e fazer a autocrítica. Mas fundamentalmente a esquerda perdeu a
batalha ideológica com a direita, quando a direita, usando todo seu poder
econômico, midiático e do judiciário, impôs a sua narrativa para a sociedade.  E
conseguiu convencer uma grande parcela dos pobres, do proletariado.
Estamos enfrentando uma crise econômica histórica, estrutural e internacional. 
É da natureza e da responsabilidade do sistema capitalista essas crises, como
aconteceu na década de 30, 60 e  80, em nosso país.  Mas agora a direita disse e
convenceu de que a culpa da crise foram os governos do PT.  A corrupção faz
parte dos métodos dos capitalistas se apoderarem dos recursos públicos e para
isso pagam as volumosas propinas a alguns operadores políticos.  Os dois maiores
partidos em numero e volume denunciados na Lava-jato foram o PP e o MDB.  No
entanto só aparece que o Lula é o culpado.
Os governos do PT foram governos neo-desenvolvimentistas, um pouco abaixo da
social-democracia europeia clássica. A direita emplacou a marca de que eram
comunistas, que distribuíam kit gays, mamadeiras de todo tipo…etc
E infelizmente com a força do capital e da mídia, uma parte do povo acreditou e
deu a vitoria ao Bolsonaro. Precisamos enfrentar essa batalha ideológica na
sociedade com todas as ferramentas possíveis.
Precisamos fazer um profundo debate estratégico. Retomar o trabalho de base,
para conscientizar e organizar os trabalhadores. Priorizar o trabalho com as
redes e meios de comunicação próprios. E pensar novas formas de lutas populares
que melhorem as condições de vida do povo.
A esquerda não pode pensar apenas em ganhar eleições. Precisa ter como meta
fundamental organizar o povo e recuperar a hegemonia das ideias da classe
trabalhadora na sociedade.  Recuperar os valores humanistas e socialistas, e
praticá-los, como a solidariedade, a defesa da justiça social e da igualdade
entre todos os seres humanos.
Yahoo Notícias: Liderados por Ciro Gomes e o PDT, uma nova frente pretende se
contrapor ao protagonismo do PT no campo da esquerda. Como o senhor encara esse
movimento?
João Pedro Stédile:  Isso é natural, mas é um movimento de articulação apenas
parlamentar, institucional. Como movimentos populares, nós precisamos ajudar a
constituir uma Frente Ampla Democrática, aonde todos os democratas,
progressistas, religiosos e intelectuais possam participar. Sem o protagonismo
de partidos políticos. Formar essas frentes em cada estado, para serem uma
resistência e denunciar iniciativas fascistas e de retirada dos direitos dos
trabalhadores. Uma frente que tenha como plataforma a defesa da democracia, da
soberania nacional, dos direitos sociais, da pluralidade de ideias e da defesa
do meio ambiente.
Yahoo Notícias: Lideranças políticas consolidadas como Geraldo Alckmin, Marina
Silva e Ciro Gomes amargaram resultados ruins nesse processo eleitoral. Quais
lideranças, não só no campo da esquerda, saíram fortalecidas desta eleição?
João Pedro Stédile: As lideranças que quiseram defender uma proposta de centro,
foram derrotadas, porque a eleição se transformou numa luta de classes, entre
dois projetos.  Um projeto do grande capital e um projeto da classe
trabalhadora.   Quem ficou no meio, não teve espaço, independente de sua
trajetória, natureza ou vontade política.
Também foram derrotados todos os políticos que estavam identificados com o
governo golpista do Temer.  O povo não perdoou o golpe.  Todos eles foram
derrotados, Perondi, Romero Jucá, Magno Malta, Eunício de Oliveria e os líderes
dos tucanos.
No quadro eleitoral, há diversas expressões importantes que se elegeram na
esquerda, no centro e na direita. E por tanto do ponto de vista eleitoral saíram
vitoriosos. Houve vitoriosos de todos os matizes ideológicas.  Não houve uma
vitória única, de um setor.
Na direita, houve substituição de velhos quadros, por novos quadros, ainda mais
reacionários, e alguns originários das forças policiais e militares. Sem nenhuma
experiência da luta política institucional.
Na esquerda, acho que a eleição dos 12 governadores do Nordeste que formam um
arco geográfico do Pará até Espirito Santo, foi muito importante. E entre eles a
vitória de Fátima Bezerra, no Rio grande do Norte, é um alento.  Pois ela
derrotou uma oligarquia que controlava o estado, há 400 anos…  E se transformou
a única governadora do país.  Tenho esperanças que haverão mudanças positivas
muito importantes por
Yahoo Notícias: Durante muito tempo, o MST foi encarado com simpatia pela
opinião pública. Nos últimos anos essa percepção mudou. O que aconteceu?
João Pedro Stédile: O MST só existe porque a sociedade brasileira nos apoia, nos
defende e compreende nossa luta histórica. Numa sociedade que levou 400 anos
para derrotar a escravidão de pessoas.  Em que tivemos jornais, como o
“Estadão”, que no seu nascimento vendia pessoas nos classificados… lutar pela
democratização da propriedade da terra é uma luta histórica, que vai levar
também muitos  anos… Que aliás já tem décadas, desde a luta dos quilombolas,
Canudos, ligas camponesas , até o dia de hoje.
A burguesia, as elites, claro, sempre combatem com todo seu arsenal midiático,
dos governos e do poder judiciário, qualquer iniciativa do povo se libertar e
democratizar a terra, água, os bens da natureza que deveriam ser comuns.   
Apesar disto a sociedade nos defende.  Veja, nós realizamos feiras de reforma
agrária com produtos agroecológicos em todos os estados.  O apoio é
impressionante.  Aqui em São Paulo todos os anos fazemos uma feira nacional.  Na
última realizada em maio de 2018, passaram pelo Parque da Água Branca 150 mil
pessoas.  Acho inclusive, que agora, além da democratização do direito a terra,
que é uma bandeira democrática, que todos países desenvolvidos aplicaram, nós
estamos avançando para que a população entenda que o modelo do capital, o
agronegócio não consegue produzir alimentos sadios.  Só produz com agrotóxico e
expulsando a população do campo.  Nós defendemos a produção agroecológica, para
garantir alimentos sadios, preservar a saúde das pessoas, o equilíbrio com meio
ambiente e prover mais trabalho no meio rural. Felizmente  estamos encontrando
aliados até entre a elite também, que sabe que agrotóxico gera câncer e outras
doenças. Alguns deles já estão produzindo nesta forma, como o empresário Paulo
Diniz e sua esposa.
O MST vai muito bem obrigado, o que vai mal é a reforma agraria, como um
processo de democratização da propriedade da terra…
Yahoo Notícias: Vivemos um período marcado pela distribuição massiva de fake
news e do assassinato de reputações via redes sociais. Como o MST se prepara
para lidar com mentiras sobre o movimento disseminadas no ambiente virtual?
João Pedro Stédile: Esse realmente é um problema muito grave. E não só do MST
mas de toda sociedade brasileira.  Veja que até a ministra Rosa Weber, de forma
patética, disse que não tinha o que fazer… Imagino que ela deveria saber que as
mentiras eram disparadas por potentes computadores desde o exterior, de forças
reacionárias que apoiaram o Bolsonaro, desde os Estados Unidos, Israel e Taiwan.
O desafio das forças populares e da sociedade brasileira é como se proteger
dessa avalanche de mentiras.  E que vai continuar.  O esquema continua montado,
como revelou um empresário do sul, do Instituto Liberdade, agora vão usar o
mesmo esquema para convencer a população da necessidade da reforma da
previdência, da pressão sobre os parlamentares etc.
Precisamos encontrar formas de bloquear as mentiras, e se contrapor com as
verdades,  e isso deve ser feito em todos os espaços, seja nas redes sociais,
mas também e sobretudo no trabalho de base, na conversa de casa em casa, nos
locais de trabalho, escolas, e nas ruas.
E espero que o poder judiciário, em especial o TSE crie vergonha, contrate
especialistas para bloquear o uso de Facebook e do WhatsApp, na difusão dessas
mentiras.
Recomendo que os leitores procurem ler o livro “Guerras Híbridas”, publicado
pela expressão popular, escrito em 2014, que descreve com detalhes esses métodos
como parte da nova estratégia do governo dos Estados Unidos e da direita
mundial, para controlar os governos.  Já foi aplicado para eleger o Trump, para
Brexit na Inglaterra, na Índia, e agora no Brasil.  E um dos seus mentores e
assessor do Trump, o senhor Steve Bannon,  anunciou que essas novas forças
reacionárias se aglutinarão numa articulação que se chama “Movimento”  e que
farão a primeira reunião em janeiro na Bélgica, para se contrapor ao encontro de
Davos, dos capitalistas. Ou seja, eles conseguem ser mais reacionários, e por
isso também são neofascistas, do que os 500 capitalistas mais inteligentes que
se reúnem  todos os janeiros na Suíça em Davos, para debater formas de continuar
acumulando capital.
Yahoo Notícias: O MST completou neste ano 34 anos de atuação. Quais foram os
maiores erros e maiores acertos da entidade?
João Pedro Stédile: Nos sempre adotamos a metodologia de fazermos avaliação
interna de nossos erros e acertos.  Como forma de corrigir e seguir adiante, e
por isso estamos firmes e fortes há 34 anos.   Nenhum movimento de camponeses
que lutou pela reforma agraria, sobreviveu no Brasil tanto tempo.
Há temas e erros, que procuramos manter de forma interna, até para não servir de
munição para nossos inimigos, os reacionários do latifúndio.
Mas entre nossos acertos, foi ter  focado na educação, e compreendido que não
basta ter terra, é preciso ter conhecimento.  E por isso incorporamos na nossa
luta, a conquista da educação, em todos os níveis.  Desde a alfabetização dos
adultos, na nossa base, até a conquista ainda no governo FHC, do direito dos
camponeses entrarem na universidade em cursos especiais, na forma de
alternância, que é o Programa Nacional de Educação na Reforma Agrária (PRONERA).
 E nós já formamos mais de cinco mil militantes em cursos superiores, e centenas
em mestrados e doutorados.  Este é o nosso maior orgulho.
Também acertamos, ainda que tardiamente, em adotar a agroecologia, como um
conjunto de técnicas agrícolas para produzir alimentos de forma saudável e em
equilíbrio com meio ambiente. Enfim tivemos muitos erros, mas os acertos nos
permitiram chegar até aqui.

Yahoo Notícias: Seja por falta de políticas públicas de incentivo ou pelo poder
financeiro do agronegócio, muitas famílias assentadas passaram a vender suas
terras nos últimos anos. O que o MST faz para coibir a prática?
João Pedro Stédile: A questão da venda de lotes conquistados na reforma agraria,
tem vários aspectos que precisam ser compreendidos. Primeiro, o MST e todos os
movimentos somos contra a venda de terra, e aprovamos na constituinte, uma lei
que garante a titularidade dos lotes na forma de  concessão de uso real,  ou
seja, a terra é destinada a uma família, que pode deixar para seus herdeiros,
pode até trocar com outro beneficiário, mas não pode vender ou comprar.  O
governo golpista do Temer, tentou aplicar nos últimos anos, uma política de
estimulo, para que os assentados aceitassem a titulação privada, com objetivo de
estimular a venda. Cada funcionário do Incra que conseguisse  convencer famílias
assentadas  ganhava como premio um Laptop.  Pode?  Felizmente a força de nosso
movimento esta barrando essa política, e o Temer, além de sair logo, terá que
responder na justiça, por suas falcatruas, a não ser que o senhor Bolsonaro,
garanta uma embaixada…
Segundo, a existência de venda de lotes existe, e na média nacional atinge 10%
dos beneficiários, o que é muito baixo.  O índice mundial segundo a FAO é de
15%. E aqui ela acontece mais na região amazônica, aonde a pressão do capital  é
maior, pois é uma forma rápida e legal, dos fazendeiros ampliarem suas fazendas,
com áreas publicas antes destinadas a reforma agraria.
Terceiro, a sociedade precisa compreender, que esse processo de venda ou troca, 
é normal, em qualquer agrupamento social.  Mesmo nos prédios da classe media, ou
do programa minha casa minha vida,  tem mudanças, vendas… E nem por isso se
disse, que não vale a pena construir prédios.
Nós procuramos evitar a pratica da venda,  por vezes ajudando a troca de lotes,
quando os vizinhos não se entendem ou o beneficiário quer ficar mais perto de
outros familiares.  E fazemos campanha permanente contra a venda.  Infelizmente
quem está  estimulando a venda é o governo golpista, e seus burocratas
oportunistas, os fazendeiros vizinhos, justamente para desmoralizar nossa luta e
nossa causa.
Yahoo Notícias: Qual o balanço que o senhor faz dos anos do PT no poder no que
diz respeito à reforma agrária?  Poderia ser feito mais?
João Pedro Stédile: Nós sempre tivemos uma postura crítica aos governos do PT no
quesito da reforma agraria, basta acompanhar a memória histórica de nossa página
na internet.  Seguimos nossa luta,  tivemos que fazer muitas ocupações, fizemos
muitas marchas, para seguir pressionando. E sempre defendemos o princípio da
autonomia dos movimentos populares em relação aos partidos, aos governos, às
igrejas e ao estado.
Houve avanços em termos de desapropriação de latifúndios no primeiro mandato do
Lula, e depois houve uma lentidão e no último governo da Dilma, a reforma
agraria parou.  Muitos fatores influenciaram: a política econômica, a falta de
preparo dos gestores, um INCRA (Instituto Nacional de Colonização e Reforma
Agrária) muito burocratizado, o poder judiciário sempre contra a reforma
agrária.  E a própria natureza do governo, que era um governo de composição de
classes.   Muitos latifundiários faziam parte do governo e impediam o avanço da
reforma agrária.  
Mas o principal debate de fundo é que os governos Lula-Dilma acreditaram que era
possível compartilhar as políticas públicas entre a reforma agraria e o
agronegócio.  Porque o agronegócio estava dentro do governo também.
Nós  dizíamos, que o problema não era a convivência entre a grande propriedade
produtiva e a necessidade de reforma agraria. O que o governo precisava deixar
claro é que o agronegócio é o modelo do capital de espoliação da agricultura, e
por tanto deveria ficar apenas na esfera do mercado, que eles tanto defendem. E
que as políticas públicas e a preocupação do governo deveria ser com os
camponeses, sem terra e com os agricultores familiares.
Entre as políticas públicas  que representaram avanços nesses governos, que 
conquistamos, de forma coletiva com todos os movimentos e os parlamentares
progressistas, tivemos o programa de compra antecipada de alimentos dos
agricultores.  A expansão do PRONERA, como acesso a universidade,  a política de
merenda escolar, dirigida para agricultura familiar e agroecológica. E a
elaboração do plano de redução do uso de agrotóxicos.
A expansão do crédito do  Programa Nacional de Fortalecimento da Agricultura
Familiar (PRONAF), que muitos elogiam, na nossa opinião, atendeu apenas aos
interesses das agroindústrias que integravam os camponeses, e por isso 75% era
aplicado no sul.
Yahoo Notícias: Qual a sua opinião sobre a escolha da deputada Tereza Cristina
para o cargo de Ministra da Agricultura?
É natural que com a nova correlação de forças oriundas das urnas, o governo
indicasse de novo, uma deputada ruralista para o cargo.
Não conheço a trajetória dessa senhora.  Só sei que no parlamento ficou
conhecida como a Rainha dos agrotóxicos. Ou seja, lá atuava em defesa dos
interesses das multinacionais como a  Bayer, BASF, Syngenta, DuPont e Monsanto,
que são as que produzem e ficam com o lucro do agrotóxico.
No passado recente, havíamos tido outro rei dos agrotóxicos, no parlamento, era
o deputado Moreira, do Mato grosso. Infelizmente não está mais conosco, morreu
de câncer no estômago, provavelmente causado por alimentos contaminados por
agrotóxicos.
Espero apenas que ela compreenda algum dia, que a função primordial da
agricultura na sociedade, o ato de cultivar o agro, é produzir alimentos
saudáveis e garantir acesso a toda população.  Já que o alimento é um direito de
todo ser um humano e  não uma mercadoria. E o modelo do agronegócio não consegue
e nem quer desempenhar essa função social.


In
YAHOO NOTÍCIAS
https://br.noticias.yahoo.com/ida-de-moro-ao-ministerio-da-justica-e-cinismo-completo-diz-lider-mst-194451010.html
12/11/2018

quarta-feira, 14 de novembro de 2018

Dois Projetos para o Brasil


Samuel Pinheiro Guimarães



 Dois  projetos para o Brasil se confrontam desde 1930, se alternaram no Poder
  desde então, se confrontaram no dia 28 de outubro de 2018 e continuarão a se
  confrontar após o dia 28, data em que Jair Bolsonaro foi eleito Presidente da
  República.


  O primeiro, é o projeto do “Mercado”. É o projeto dos muito ricos, dos
  megainvestidores, das empresas estrangeiras, dos rentistas, dos grandes
  ruralistas, dos proprietários dos meios de comunicação de massa, dos grandes
  empresários, dos grandes banqueiros, e de seus representantes na política, na
  mídia e na academia. É o projeto de uma ínfima minoria do povo brasileiro.


  Cerca de 30 milhões de brasileiros apresentam declaração de renda anual onde
  revelam ter rendimento superior a dois salários mínimos, cerca de 250 dólares
  por mês. Portanto, dos 150 milhões de brasileiros eleitores, 120 ganham menos
  de dois salários mínimos por mês.


  De outro lado, seis mil brasileiros têm rendimentos superiores a mais de 320
  salários mensais. Acima de 40 salários são cerca de 300 mil brasileiros que
  podem participar do “Mercado” como investidores ou especuladores. Todavia, se
  poderia dizer que os que controlam o “Mercado” seriam os que declaram mais de
  160 salários mínimos por mês, cerca de 20 mil indivíduos.


  O que se denomina de “Mercado” não é, certamente, portanto, o conjunto de
  consumidores, trabalhadores, capitalistas, altos executivos como se procura
  fazer acreditar.


  Esse projeto ultraneoliberal se fundamenta em premissas simples:

  a iniciativa privada pode resolver todos os problemas brasileiros;

  a iniciativa privada estrangeira é melhor do que a brasileira;

  o Estado impede a ação eficiente da iniciativa privada ao:
    cobrar impostos extorsivos;

    proteger o Trabalho e prejudicar o Capital;

    regulamentar em excesso as atividades econômicas;

    distorcer a economia com a ação de suas empresas estatais;

    causar a inflação;

    gerar a corrupção;

    inibir a iniciativa privada estrangeira.

(d) aceitação, da teoria das vantagens comparativas para explicar a divisão
internacional do trabalho entre nações industriais e nações
produtoras/exportadoras de matérias primas, e do Brasil como tal;
(e) o Brasil deve procurar se aproximar e se aliar a Estados poderosos do
Ocidente e não a países subdesenvolvidos.

  O projeto do “Mercado” foi executado pelo Governo de Michel Temer através de:

  congelamento constitucional dos gastos públicos primários, em termos reais,
  por vinte anos;

  prioridade absoluta ao pagamento do serviço da dívida pública;

  não aumento dos impostos;

  privatização de todas as empresas do Estado;

  abertura de todos os setores da economia a empresas estrangeiras, inclusive
  estatais;

  reforma da legislação trabalhista, com eliminação de direitos, para reduzir o
  “custo” do trabalho;

  política anti-inflacionária, de real valorizado e juros elevados, com
  desindustrialização;

  redução dos impostos sobre os ricos e as empresas;

  desregulamentação geral;

  redução do Estado ao mínimo;

  alinhamento político, militar e econômico com os Estados Unidos.


  Tais medidas, segundo os defensores desse projeto, seriam capazes de recuperar
  o grau de investimento conferido ao Brasil pelas agências internacionais de
  rating (classificação de risco) e a confiança dos investidores nacionais e
  estrangeiros, o que seria suficiente para gerar os investimentos necessários à
  retomada do crescimento.


  Ao contrário do esperado, essas políticas, aplicadas desde 2016, geraram 13
  milhões de desempregados, mais de seis milhões de “desalentados”, sessenta
  milhões de endividados, a falência de centenas de milhares de empresas, a
  estagnação da economia, a deterioração da infraestrutura, a
  desindustrialização, a precarização dos sistemas de saúde e educação, a volta
  de doenças há décadas erradicadas e a desconfiança dos investidores, ainda
  atraídos somente pelos baixos preços dos ativos brasileiros e pelas altíssimas
  taxas de juros.


  A situação econômica contribuiu fortemente para a emergência de antagonismos
  sociais e para o desânimo, a descrença, o desespero, a violência.


  A repulsa da população brasileira a essas políticas manifestou-se nos índices
  de popularidade de Michel Temer e de seu governo, inferiores a 5% nas mais
  conservadoras pesquisas de opinião.


  Mesmo assim, os candidatos a Presidente da República no primeiro turno das
  eleições em 7 de outubro, em especial Geraldo Alckmin, Henrique Meireles,
  Alvaro Dias e Marina Silva, tinham como principais assessores economistas
  neoliberais conhecidos, ligados ao sistema financeiro nacional e
  internacional, como Pérsio Arida, Paulo Rabelo, André Lara Rezende e Eduardo
  Gianetti que consideravam necessário aprofundar as “reformas” e as políticas
  de Temer.


  Além desses assessores formais, outros economistas importantes como Armínio
  Fraga, Pedro Malan e outros de menor presença na mídia declararam seu apoio a
  esse projeto econômico neoliberal como o único capaz de salvar o Brasil.


  O candidato defensor radical das políticas do “Mercado”, e por quem o Mercado
  trabalhou a partir de certo momento, através dos empresários, dos ruralistas,
  dos meios de comunicação e do Poder Judiciário, que “naturalizou” o processo
  eleitoral apesar de ter cassado os direitos políticos do Ex-Presidente Lula,
  foi o candidato Jair Bolsonaro.


  O Presidente Jair Bolsonaro tem como seu principal assessor econômico Paulo
  Guedes, economista ultra neoliberal, formado pela Universidade de Chicago,
  porém de menor prestígio entre seus colegas de profissão.


  Jair Bolsonaro declarou repetidas vezes nada entender de economia e que seu
  orientador é Paulo Guedes a quem devem, segundo ele, ser dirigidas todas as
  perguntas sobre economia.


  Jair Bolsonaro, eleito Presidente, e Paulo Guedes, designado super-ministro da
  economia, já declararam ser necessário prosseguir, acelerar e aprofundar o
  projeto de Temer que é o projeto do “Mercado”.


  Ao lado dessa visão e desse projeto econômico ultra-neoliberal do “Mercado” há
  um projeto social retrógado para o Brasil, patrocinado por organizações
  religiosas, setores mais conservadores das elites e classes médias, cujas
  premissas poderiam ser assim resumidas:

  a grande maioria da população brasileira, devido a suas condições econômicas e
  culturais, está sujeita a ser manipulada por indivíduos populistas,
  socialistas, comunistas etc. que fazem promessas irrealizáveis para conquistar
  e explorar o poder;

  o Brasil é uma sociedade intrinsecamente corrupta;

  todos os políticos e partidos são corruptos;

  os governos se sustentam através da corrupção e da compra de votos;

  a infração de direitos constitucionais e legais pelo Judiciário se justifica
  para combater a corrupção, inclusive as conduções coercitivas com espalhafato
  policial, as prisões por longos períodos, a extração de delações premiadas
  para reduzir penas excessivas e arbitrárias, o vazamento seletivo de denúncias
  sem provas;

  a corrupção foi combatida pela Operação Lava Jato, comandada por juiz de
  primeira instância, que contou com a conivência, ou até mesmo a aprovação, às
  vezes entusiasta, de membros dos tribunais superiores;

  as investigações da Lava Jato teriam “revelado” que o partido que promoveu a
  corrupção no sistema político brasileiro foi o PT, conduzido por Luiz Inácio
  Lula da Silva;

  tornou-se, assim, um objetivo não só político mas ético e moral, para combater
  a corrupção, principal mal da sociedade brasileira, impedir por todos os meios
  que o ex-Presidente Lula pudesse se candidatar e, iludindo o povo ingênuo, ser
  eleito e reimplantar os mecanismos de corrupção;

  uma das causas da corrupção na sociedade, na economia e na política
  brasileiras é o abandono dos valores tradicionais de família, de moral e de
  comportamento;

  o abandono dos valores tradicionais se fez através de métodos de ensino
  permissivos, em especial nas escolas públicas, e pela chamada “revolução de
  costumes” promovida pelo Estado, dirigido pelo PT.


  As politicas a serem executadas para implantar este projeto social para o
  Brasil seriam, segundo seus defensores:

  a “escola sem partido”;

  o ensino à distância;

  a reforma despolitizadora do ensino com a não obrigatoriedade do ensino de
  filosofia, história e sociologia e o regresso da disciplina “Moral e cívica”;

  o fim da “liberdade de cátedra”;

  a permissão implícita de luta contra a liberdade de orientação sexual, até
  pelo exercício da violência individual;

  a criminalização do aborto em qualquer circunstância;

  a repressão implacável do consumo, tráfico e produção de qualquer tipo de
  droga;

  a defesa do uso da violência policial extrema para combater a criminalidade;

  o armamento geral da população civil;

  a redução da idade mínima de responsabilidade penal para 16 e até 14 anos;

  a restauração do controle masculino sobre a família e a mulher e a leniência
  na penalização da violência contra a mulher;

  a censura a manifestações culturais não conservadoras.


  O segundo projeto para o Brasil para atender às necessidades e às aspirações
  da enorme maioria do povo brasileiro, isto é, de cerca de 120 milhões de
  adultos e não apenas às dos mais ricos, do “Mercado”, cerca de 20 mil
  brasileiros, se fundamenta nas seguintes premissas:

  a iniciativa privada nacional, cujo objetivo é maximizar o lucro e por não
  poder criar regras legais para a sociedade, não tem condições de enfrentar com
  êxito todos os desafios de uma sociedade como a brasileira;

  a iniciativa privada estrangeira, pelas mesmas razões, às quais se acrescenta
  o fato de as megaempresas multinacionais agirem de acordo com sistemas de
  planejamento cujo objetivo é a maximização global de seus lucros, não se
  vinculam a projetos de desenvolvimento nacionais a não ser quando induzida
  pelo Estado;

  o Estado também não é capaz de enfrentar sozinho estes desafios, mas pode
  criar condições de acumulação de capital e de investimento dinâmico para as
  atividades das empresas nacionais e estrangeiras na economia brasileira e
  gerar condições para a redução das disparidades sociais e das vulnerabilidades
  externas.


  O Brasil tem características e dimensões de território e clima, de população,
  de recursos naturais, de entorno geopolítico, de desenvolvimento industrial e
  tecnológico que o tornam capaz de vir a ser uma potência política e econômica
  mundial.


  O Brasil é uma sociedade complexa, caracterizada por enormes disparidades e
  concentração crescente de riqueza e renda; étnicas; de gênero; e regionais,
  agravadas pela estagnação econômica e pelas políticas de austeridade que levam
  ao desemprego, à desesperança, ao desespero e a manifestações violentas de
  preconceitos.


  O Brasil é caracterizado por graves vulnerabilidades externas, de natureza
  política, econômica, tecnológica, ideológica e militar.


  O Brasil não é uma sociedade desenvolvida, que estaria sendo atingida por
  fenômenos conjunturais de inflação, de corrupção, de ineficiência, de
  violência que poderiam ser enfrentados por solução simplistas de moralismo, de
  redução do Estado, de rigor policial, de sujeição da sociedade e do Estado à
  visão e aos interesses do Mercado e do capital estrangeiro.


  A estratégia para o Brasil, para a enorme maioria do povo brasileiro, não pode
  ser uma estratégia simplista, definida por iluminados radicais, de controle
  absoluto da inflação, de metas fiscais extremas, de demolição do Estado, de
  desregulamentação geral, de abertura radical da economia, de redução do custo
  do trabalho, isto é, de redução de salários e de direitos do trabalhador, de
  alinhamento com os Estados Unidos, em resumo, de total liberdade ao capital,
  que chamam de Mercado.


  E de retorno, simultaneamente, aos valores sociais do Brasil do Século XIX, de
  opressão da mulher, de discriminação racial, de exploração total do
  trabalhador, da violência policial contra os pobres e trabalhadores, de
  privilégio aos poderosos, de educação e cultura censuradas e restritas, de
  economia e atraso agroexportador, de não industrialização, de total domínio do
  sistema político pelos mais ricos.


  O projeto para a maioria do povo deve ter como metas, a se realizarem com
  firmeza, prudência e pertinácia:

  promover a democracia;

  promover o desenvolvimento;

  promover a justiça e a harmonia social;

  promover a soberania.


  Essas quatro metas se encontram entrelaçadas. O sucesso gradual na luta por
  uma delas reforça a possibilidade de avançar nas outras e as reforça e o
  enfraquecimento na luta por uma delas enfraquece a possibilidade de sucesso na
  luta pelas demais.


  Promover a democracia significa ampliar a participação da cidadania nas
  atividades de legislar, administrar e julgar.

  Ampliar a participação se faz pela mobilização popular, pela informação
  popular, pelo esclarecimento popular, pela participação popular.

  Ampliar a participação no processo de legislar requer a participação da
  cidadania no funcionamento dos Partidos e na escolha de candidatos, no debate
  de programas e na ampliação do período das campanhas eleitorais.

  Ampliar a participação dos cidadãos na Administração requer sua participação
  na direção das agências reguladoras; instituir o sistema de recall (revogação
  de mandato) para os cargos eletivos e de indicação; implantar tempo mínimo
  obrigatório de audiências públicas para debater políticas antes de serem
  implantadas; estabelecer período mínimo de tramitação de projetos de lei no
  Congresso.

  Ampliar a participação da cidadania no Poder Judiciário requer a eleição dos
  juízes de segunda instância, entre candidatos que tenham qualificação e
  experiência jurídicas e a possibilidade de seu recall (revogação de mandato).

  Ampliar a participação do povo, que é soberano, na política, requer
  diversificar os meios de comunicação de massa, a partir da distribuição
  democrática de verbas de publicidade do Estado e da proibição de propriedade
  cruzada de meios (televisão, jornal, rádio, imprensa, etc).


  Promover o desenvolvimento significa executar políticas para aumentar o
  crescimento do PIB, em termos absolutos e per capita, e melhorar sua
  distribuição.

  Aumentar o crescimento do PIB requer qualificar a força de trabalho,
  fortalecer o capital nacional físico e financeiro, explorar os recursos
  naturais, fortalecer as funções reguladora e planejadora do Estado,
  disciplinar a participação do capital estrangeiro na economia, estimular o
  desenvolvimento tecnológico.

  Qualificar a força de trabalho se faz por programas universais de segurança
  alimentar mínima, de saúde preventiva e saneamento básico e público, de
  educação pública, geral e gratuita, de treinamento profissional e
  desenvolvimento cultural, de fortalecimento dos Sindicatos.

  O fortalecimento do capital físico requer integrar o mercado nacional pela
  construção da infraestrutura de transportes, comunicações e energia.

  O fortalecimento do capital nacional físico (industrial, agrícola e comercial)
  se faz pelo crédito à produção compatível com índices razoáveis de
  lucratividade e pelo desenvolvimento tecnológico.

  Fortalecer o capital nacional financeiro se faz aprovando legislação que
  aumente sua capacidade de resistir à especulação global e que estimule a
  redução de juros.

  Explorar os recursos naturais do subsolo significa identificar sua existência
  no território e os explorar de forma sustentável.

  Explorar racionalmente os recursos do solo requer a realização da reforma
  agrária.

  Fortalecer o Estado significa recuperar o controle das empresas públicas, a
  começar pela Petrobras, e complementar a ação da iniciativa privada sempre que
  esta não for suficiente.

  O ajuste fiscal deve ser feito também pelo lado da Receita, eliminando
  isenções e desonerações, tornando a tributação mais progressiva, combatendo a
  evasão fiscal e exercendo uma política estratégica da dívida pública.

  Executar uma política tributária e de exportação que estimule as empresas de
  capital nacional a investir em pesquisa tecnológica.

  Executar uma política cambial que estimule a industrialização e as exportações
  industriais.

  Disciplinar a participação do capital estrangeiro significa estimular a
  implantação de unidades estrangeiras de tecnologia de ponta e o
  estabelecimento de metas de exportação para gerar divisas e reduzir a
  vulnerabilidade externa.


  Promover a justiça e a harmonia social significa reduzir as disparidades entre
  muito ricos e muito pobres, entre gêneros, entre etnias, entre regiões, e
  reduzir a violência na sociedade.

  Reduzir as disparidades de renda entre muito ricos e muito pobres, em tempo
  razoável, depende da ação do Estado para ampliar as oportunidades de emprego,
  estimular a distribuição regional equilibrada dos investimentos públicos e
  privados, transformar o sistema tributário de regressivo em progressivo.

  A ação do Estado para ampliar o emprego requer investimentos públicos e
  privados em atividades que podem ser mão-de-obra intensiva e estimular seu
uso.

  Estimular a distribuição regional equilibrada requer realizar investimentos
  públicos e estimular investimentos privados em municípios com índices de menor
  renda, por impostos diferenciados.

  Reduzir as disparidades entre gêneros requer legislação que estabeleça quotas
  progressivas, por Ministério, para mulheres nos cargos superiores da
  administração e que estimule as empresas que pratiquem políticas e apresentem
  resultados no preenchimento de cargos de direção por mulheres.

  Reduzir as disparidades entre etnias requer legislação que estabeleça quotas
  progressivas, por Ministério, para negros e afrodescendentes nos cargos
  superiores da administração e que estimule as empresas que pratiquem politicas
  e apresentem resultados no preenchimento de cargos de direção por negros e
  afrodescendentes.

  Permitir o aborto legal nos casos de estupro e de deformação grave do feto.

  Descriminalizar o consumo de drogas como a maconha e combater os grandes
  traficantes.

  Reduzir a violência na sociedade requer a vigilância contra as manifestações e
  campanhas de promoção do preconceito racial, de sexo e regional nos meios de
  comunicação de massa e nas redes sociais e o cumprimento com rigor da
  legislação de punição à violência contra mulheres, afrodescendentes, crianças
  e idosos e promover o desarmamento.


  Promover a soberania significa fortalecer a capacidade da sociedade e do
  Estado de executar sua estratégia de desenvolvimento politico, militar,
  econômico e social com o mínimo de restrições e interferências externas.

  A soberania requer o exercício de uma politica externa

  de diversificação, de forma equilibrada, de relações políticas, militares,
  econômicas e tecnológicas com os países vizinhos da América do Sul e África e
  com as principais potências políticas e econômicas, qualquer que seja seu
  regime político ou econômico;

  que, devido à localização geográfica e às dimensões relativas do Brasil na
  América do Sul, se guie, de modo rigoroso, pelos princípios de não-intervenção
  e autodeterminação;

  que não aceite sob nenhum disfarce a existência de enclave estrangeiro (bases)
  no território brasileiro;

  que não participe de acordos internacionais que limitem a capacidade do Estado
  brasileiro de promover a democracia, o desenvolvimento e a justiça social;

  de promoção da integração econômica e da cooperação política e econômica na
  América do Sul;

  de promoção da participação do Brasil, em melhores condições, nos níveis de
  decisão dos organismos internacionais, a partir do Conselho de Segurança.

  A soberania requer o estabelecimento de limites legais à participação do
  capital estrangeiro em setores de atividade econômica.

  A soberania requer uma política militar de construção de capacidade
  dissuasória em termos de doutrina militar e de equipamentos necessários à
  defesa do território e das fronteiras, do espaço aéreo e da zona marítima de
  jurisdição brasileira.

  A construção da capacidade dissuasória requer garantir recursos de longo prazo
  para os projetos estratégicos nas áreas cibernética, nuclear e aeroespacial.

- Samuel Pinheiro Guimarães, Secretário Geral do Itamaraty (2003-2009), Ministro
de Assuntos Estratégicos (2009-2010)

In
ALAINET
https://www.alainet.org/pt/articulo/196465
7/11/2018

segunda-feira, 12 de novembro de 2018

O sujeito oculto: ao vencedor as batatas



Por Mauro Luis Iasi.
Blog da Boitempo


Uma pergunta assombra os cérebros inquietos que procuram compreender o cenário
que se abre com a eleição de Bolsonaro: como isso foi possível? É compreensível,
uma vez que essas pessoas se pautam pela razão e o bom senso e imaginam que os
acontecimentos se definem por uma certa razoabilidade. Infelizmente, o que a
história nos comprova é que na luta de classes, como na guerra, a primeira
vítima é a razão.
Em um importante documentário de 2003, dirigido por Errol Morris, chamado Sob a
névoa da guerra, o ex-Secretário de Defesa dos EUA, McNamara, afirma exatamente
isso: “a racionalidade não nos salvará”. É evidente que qualquer pessoa sensata,
diante das alternativas apresentadas, não escolheria alguém que revelasse o
despreparo, a barbárie explícita e a evidente idiotia do candidato em questão.
Mas não se trata de escolhas movidas pela razão e, por mais que doa constatar,
não se trata de pessoas sensatas.
Neste ponto, a busca por respostas se refugia na noção de manipulação. Isto é,
estaríamos diante de pessoas sensatas, mas que estariam sendo manipuladas por
uma eficiente enxurrada de mentiras, eufemisticamente denominadas fake news.
Ciro Gomes parece apontar na direção dessa interpretação ao afirmar em
entrevista recente que não pode acreditar que quase 60% o eleitorado seja
fascista. Tendo a concordar, mas a pergunta persiste: então porque foram
receptivos à proposta do fascismo?
Outros procuram consolo em um raciocínio matemático pouco convincente. O
eleitorado estaria dividido em três partes: a primeira votou no candidato da
extrema direita (39% ou 57 milhões), a segunda em Haddad (32% ou 47 milhões) e
uma terceira formada pelas abstenções, votos brancos e nulos (29% ou 42
milhões). Por este raciocínio, a maioria não teria votado em Bolsonaro, isto é,
61% ou 89 milhões), querendo com isso acreditar que a maioria não o apoia.
Creio que esse argumento é falho por alguns motivos. Primeiro porque insiste que
a maioria sempre tende ao bom senso, o que não é verdade de forma alguma.
Rousseau acreditava nisso, mas ninguém leva muito a sério essa esperança.
Segundo porque esse argumento agrupa coisas de substâncias distintas
(abstenções, brancos e nulos) como se fossem votos contrários à extrema direita,
e não creio que seja verdade.
São expressões de quem não votou e só isso. Pessoas não votam por muitos e
diferentes motivos, desde ao possível erro de cadastramento, casualidades
fortuitas até o desencanto com as eleições e críticas variadas ao sistema. Caso
desprezemos os acidentes, ainda assim esse desencanto é combustível para a
posição política expressa na candidatura de Bolsonaro e para aqueles que ainda
defendem alternativas à esquerda. Estatisticamente é mais provável que esses
não-votos se distribuíssem na mesma proporção dos votos. Isto é, algo em torno
de 39% para o candidato eleito e 32% para seu opositor.
Acredito que esse deslocamento de uma maioria eleitoral para a direita e para a
extrema direita tem outra explicação. Defenderei aqui que uma pista para
compreender as determinações mais profundas desse processo remete nossa análise
para um “sujeito oculto”. Mas comecemos pelos sujeitos visíveis. Claramente o
espectro político brasileiro se dividiu em segmentos de direita e extrema
direta, de centro esquerda, de centro, de esquerda e de extrema esquerda. Esses
segmentos ganham suas personificações em indivíduos: Alckmin, Meirelles e Amoedo
(direita), Bolsonaro (extrema direita), Haddad e Ciro (centro esquerda), Marina
(centro ou centro direita, com ela a gente nunca sabe), Boulos (esquerda), Vera
(extrema esquerda) e assim por diante. Não me peçam para localizar um
ex-bombeiro, grevista, crente, deputado raivoso contra o risco do comunismo na
América Latina e contra os poderosos, porque francamente essa tarefa foge à
minha área de especialidade.
A questão de importância decisiva do ponto de vista eleitoral é determinar a
capacidade dessas expressões políticas mobilizarem massas eleitorais
significativas. Sigamos por eliminação. Por motivos diferentes, a direita, o
centro e a esquerda não tinham como mobilizar contingentes significativos. De um
lado pelo desgaste do governo Temer, a visível piora das condições de vida e a
insegurança; de outro o prolongado período de conciliação de classes e sabotagem
da capacidade de resistência e autonomia dos trabalhadores que limita a
possibilidade de um discurso de esquerda. Restam, num quadro de acirramento da
crise, a polaridade entre a extrema direita e o centro esquerda, materializada
nas três candidaturas que despontaram à frente no primeiro turno. Com métodos
eficientes, ainda que não muito louváveis, a centro esquerda pendeu para o
candidato petista e a polarização encontrou seu termo: antipetismo e petismo.
Como a direita e a extrema direita se uniram taticamente contra o petismo e,
desde o golpe parlamentar, midiático e institucional de 2016, operaram para
eliminar a maior chance de vitória da centro esquerda (Lula), o jogo se
desequilibrou a favor dos conservadores e depois, diante da falência da
alternativa Alckmin, para os reacionários.
O combustível principal da extrema direita sempre foi o antipetismo. Estou
convencido de que a maioria daqueles que se dispuseram a votar num fanfarrão
autoritário e despreparado foi a clara convicção de que era necessário evitar
que o PT voltasse a governar. Todos nossos alertas sobre o risco de medidas
fascistas, da violência, do retrocesso democrático, das propostas tresloucadas
na área econômica, da flagrante prepotência amoral e cínica, do preconceito
machista, homofóbico e racista, não faziam diferença diante da prioridade de se
livrar do PT.
Para dar um toque de perversidade ao já trágico cenário, muitos dos que se
beneficiaram das limitadíssimas políticas compensatórias na área social e das
condições de inserção via consumo, votaram contra o PT.
É evidente que há um componente de manipulação. Isso tudo não teria a
intensidade que teve não fora o massivo ataque dos meios de comunicação, a ação
judicial que priorizou o ataque aos petistas envolvidos nos esquemas de
corrupção, à insistente vinculação da pregação moral de um certo fundamentalismo
religioso às posturas minimamente progressistas no campo dos costumes como
depravação e uma ameaça à família e aos bons costumes. Da mesma forma, ficou
comprovado um poderoso e milionário esquema de organizações que difundem uma
espécie de liberalismo raivoso de extrema direita na criação de movimentos e
personalidades para agir na propaganda e contra informação como armas de guerra
e de desestabilização, como as iniciativas dos bilionários irmãos Charles e
David Koch, da ultradireitista John Birch Society, da organização Students for
Liberty, além de recursos vindos de partidos (PSDB, DEM, etc.) e empresários.
Se somarmos a isso a doutrinação sistemática operada por um conjunto de
segmentos ditos religiosos, mais precisamente envolvidos em empresas altamente
lucrativas de exploração da fé e do obscurantismo, temos uma boa explicação da
imensa capacidade de manipulação de massa operada.
Caso o petismo dependesse de si mesmo teria sido derrotado de forma ainda mais
fragorosa. Para muitos, isso é um mistério. As pessoas deviam reconhecer o que
foi afirmado como o melhor governo de nossa história, a atenção aos que se
encontram abaixo da miséria absoluta, o Bolsa Família, o acesso à universidade,
a valorização do salário mínimo, as oportunidades de consumo e crédito, e tudo
isso fazendo com que os empresários, o agronegócio e os bancos ganhassem muito
dinheiro, como o ex-presidente adora lembrar.
O pragmatismo petista, é verdade, colheu os frutos de seus governos. Estes
foram, comparativamente, governos “bons” – foram gestores bons e responsáveis,
aceitaram e trabalharam dentro das regras e das posturas vigentes (o que inclui,
ainda que alguns finjam não saber, praticas declaradas de corrupção direta e
indireta). A surpresa é compreensível: por que uma experiência de governo que
abre mão de qualquer perspectiva revolucionária e aceita se ater aos limites da
institucionalidade burguesa foi vítima de tanto ódio, preconceito e violência?
Uma parte do reconhecimento aos seus feitos deu uma sobrevida ao PT, em grande
parte pelo contraste com a catástrofe do desgoverno Temer, em parte pela
liderança carismática de seu principal líder. Isso, somado a algumas manobras,
colocou seu candidato no segundo turno, mas não foi suficiente para equilibrar
ou pretender virar o jogo contra a extrema direita. A balança eleitoral só se
equilibrou porque para o PT confluiu o antifascismo, o que é uma conformação
para lá de heterogênea – vai desde a esquerda (interessante notar, toda ela, o
que inclui a extrema esquerda), passando por segmentos médios progressistas mas
que tinham se desiludido com o PT, e até segmentos do centro direita e da
direita, como é o caso da Marina e de determinadas figuras e setores do próprio
PSDB.
Até aqui, trabalhamos apenas no descritor do movimento dos segmentos e sua
polarização entre a extrema direita e o centro esquerda. Uma questão segue sem
resposta: por que a classe trabalhadora não saiu em defesa, primeiro do governo
do PT e depois da democracia contra o fascismo? Ou pelo menos, por que não o fez
na dimensão e força que poderia?
Eis que aparece nosso sujeito oculto: a classe trabalhadora. Lembram dela?
Aquela que teria deixado de existir em tempos agora “pós-industriais”, numa
sociedade do “fim do trabalho”; aquela cuja identidade de classe a
multiplicidade de identidades secundarizou e cuja centralidade na luta política
se diluiu em “novos sujeitos” e “novas formas de luta”… Pois então, este sujeito
que ninguém mais via, que havia deixado de existir e ter importância nas
disputas políticas, este sujeito decidiu a eleição a favor do fascismo.
Há bastante tempo, algumas vozes destoantes insistem que a classe trabalhadora
passou por um processo de mudança de forma graças a uma nova configuração do
mundo do trabalho. Ela teria assumido uma nova morfologia, mas não somente
continuaria existindo como mantém uma centralidade na configuração contemporânea
do modo de produção capitalista. Não quero ser injusto esquecendo contribuições
essenciais nesta direção, mas bastaria citar a consistente obra de Ricardo
Antunes, as contribuições valorosas de Ruy Braga, Giovanni Alves, Edvânia
Lourenço, Maria Orlanda Pinassi, Marilda Iamamoto, só para citar algumas das
pessoas que ficaram na linha de frente desta resistência contra a ideologia do
“fim do mundo do trabalho”.
Queria, aqui, somar minha modesta contribuição no que diz respeito à
configuração de classe e da consciência de classe. Já faz tempo que temos
alertado para o fato de que a mudança da morfologia da classe trabalhadora,
apesar de não alterar (concordando com os autores acima citados) a sua
centralidade na ordem capitalista contemporânea, não deixar de produzir
importantes alterações no que diz respeito à consciência de classe.
Resumidamente, sabemos que não há uma correspondência mecânica entre o ser da
classe e sua consciência, de forma que os trabalhadores, pela posição que ocupam
nas relações sociais, possam adquirir uma consciência correspondente. Os
trabalhadores, na forma imediata de sua manifestação, são apenas indivíduos
inseridos na divisão social do trabalho e na concorrência, se apresentando
portanto como adversários imediatos uns dos outros. Nesta forma imediata,
configuram aquilo que Sartre chama de “serialidade”. Isto é: estão no mesmo
espaço, fazendo a mesma coisa, mas não se conformam como um grupo ou uma forma
mais orgânica de unidade política. É no enfrentamento contra as contradições da
ordem capitalista, primeiro de forma isolada e casual, depois de maneira mais
sistemática, que esses indivíduos encontram pontos de fusão que podem levá-los à
condição de classe, primeiramente como mera oposição aos capitalistas (como
classe em si), depois, em certas condições, como possibilidade de se constituir
como sujeitos de um projeto histórico contra e para além do capital (classe para
si).
Como vemos, para a teoria marxista, a classe e a consciência de classe se
inserem em um movimento de continua constituição e desconstrução, determinado
pela luta de classes, como bem captou E. P. Thompson. Ora, quando analisamos o
movimento objeto da classe trabalhadora desde a crise da autocracia burguesa nos
anos 1970 até hoje, vemos claramente um processo no interior do qual se tornou
possível a fusão de classe e a passagem para uma classe em si nos anos 1980,
seguida de uma interrupção nesse caminho e sua desconstrução como classe que
culmina no período de conciliação de classes dos governos petistas e sua
reversão à serialidade no período recente.
Caso agreguemos a isso as transformações no mundo do trabalho, compreenderemos a
base material que, somada aos desvios políticos, leva a uma configuração da
classe em novo e brutal momento de serialidade. O que nos interessa neste
momento é entender como isso se manifesta em um particular comportamento
político. Para tanto, temos que remeter nossa análise para uma passagem do
famoso O 18 de brumário de Luís Bonaparte em que Marx trata dos camponeses,
naquela oportunidade procurando responder qual seria a base de massa para a
aventura golpista de Luís Bonaparte.
Em síntese, Marx afirma que os camponeses, pela posição que ocupavam nas
relações sociais e diante das formas de propriedade, formavam um certo
agrupamento de classe mas no entanto não constituíam uma classe propriamente
dita. Por viverem do mesmo modo, partilharem de uma determinada cultura e
manifestarem certos interesses, formavam uma classe; mas, não formavam uma
comunidade mais ampla do que aquela dos interesses e situações mais imediatas,
não formavam qualquer união nacional, não podiam se representar, tinham que ser
representados, por isso, não eram ainda uma classe. Seriam, na metáfora do
autor, como “batatas que somadas, constituem um saco de batatas”.
Muita gente considera que isso não passava de um preconceito de Marx em relação
aos camponeses. Mas na minha avaliação essa observação não vale apenas para as
condições objetivas do campesinato na França daquela época, e pode servir para
qualquer classe em seu processo de formação – inclusive para o proletariado
urbano e, mais do que isso, cabe perfeitamente para a condição se serialidade
que estamos descrevendo.
Os trabalhadores se fragmentaram: romperam-se os laços que os uniam, eles se
dispersaram geograficamente, foram derrotados politicamente (em parte, traídos),
serializaram-se. Mas, uma vez fragmentados, invisíveis e desprezados, ainda
existem e em seu conjunto são os responsáveis pela produção e distribuição de
tudo que é necessário à existência, desde produtos, serviços, manutenção e tudo
que faz a materialidade da economia girar em favor do capital. Uma vez quebrados
em sua unidade política de classe, voltam-se a outras formas de pertencimento e
grupalização, na qual expressam seus interesses imediatos e os elementos
constitutivos de sua cultura.
No caso presente, o que os uniu foi o ódio. Vejam, não é um ódio ao PT, é um
profundo descontentamento com a vida, com a violência diária vinda da
criminalidade, das condições de moradia, um ódio diante de uma sociedade
hipócrita que valoriza a meritocracia e retira as condições para que se
desenvolvam suas potencialidades, um ódio contra uma corja de sangue sugas que
controlam as instituições de governo para saquear os recursos e enriquecer
ilicitamente, um ódio contra uma democracia representativa que não representa
ninguém além daqueles que dela se apropriaram como instrumento de garantia de
privilégios, com juízes que se colocam sob a capa da lei para ser injustos,
contra a desigualdade gritante, contra a opulência de poucos que são sempre os
maus… Enfim, ressentimento e ódio contra um mundo que os despreza.
A centro esquerda viu nesse ódio, por vezes, apenas um recurso eleitoral, como
quando tentou se valer dele no segundo turno de Dilma contra Aécio em 2014, para
depois das eleições voltar ao discurso pragmático da governabilidade aliando-se
aos seus algozes. O fato é que essa força foi desprezada no sentido de dar forma
a uma consciência de classe, anticapitalista e socialista.
Coube à direita dar forma a esse ódio, colando nele a máscara de seu adversário.
O PT é o culpado da crise, das filas no atendimento na saúde, da precariedade da
educação, da corrupção, da desagregação das famílias, da explosão de uma
sexualidade aberrante que ameaça, de mulheres que levantam a voz e colocam o
dedo na cara de quem as oprime, de índios (meu deus, ainda tinham índios neste
país) querendo as terras tão bem ocupadas por mineradoras, madeireiras e o
agronegócio. A mensagem da extrema direita encontra o ódio de uma boa parte dos
trabalhadores e os representa: essa democracia é uma farsa (pode fechar o
Congresso e o STF), este Estado é um cabide de emprego, privatiza tudo, manda a
polícia atirar para matar, tirem os doutrinadores das escolas, matem viados,
negros, índios, feministas, petistas, comunistas…
Esse ódio e esse enorme ressentimento não nasce dos trabalhadores, como é
possível perceber. Ele vem de fora, contrabandeando coisas que os trabalhadores
não teriam porque temer. Por que um trabalhador deveria se preocupar com uma
maior ou menor presença do Estado na economia, ou defender privatizações, ou
destruir sua possibilidade de se aposentar um dia? Esse ressentimento nasce dos
setores médios, que vêm acumulando ódio há anos. A extrema direita, que como
sempre nasce dos segmentos médios e pequeno-burgueses, logrou colar seu ódio e
ressentimento no ódio dos trabalhadores e, assim, ganhar base de massas para seu
projeto reacionário.
A chave do enigma está em uma frase do Marx que citamos acima: não podem se
representar, tem que ser representados. A impossibilidade de se conformar como
uma classe encontra a unidade fora de si, em tempos de crise e acirramento da
luta de classes, numa figura salvadora, aparentemente acima dos interesses em
luta, que se sobrepõe à imagem abstrata de Nação e Ordem e as personifica: Luís
Bonaparte na França do Segundo Império, Getúlio Vargas na década de 1930, Perón
na Argentina, ou em outras situações mais agudas em que se somam outras
determinações, Mussolini na Itália, Hitler na Alemanha… Mais recentemente, Tump
nos EUA, e agora Bolsonaro no Brasil.
A guerra, assim como a luta de classes, não é racional. Como dizia Weber,
trata-se da manipulação de paixões irracionais para fins racionalmente
calculados. Machado de Assis, em seu magistral Quincas Borba, dizia que era como
uma disputa de duas tribos por um campo de batatas que não podia ser dividido,
pois se isso fizessem os dois lados morreriam de inanição. Por isso, conclui o
literato, é compreensível que pessoas sensatas festejem um vitória que custou o
assassinato de seus adversários, “pelo motivo real de que o homem só comemora e
ama o que lhe é aprazível ou vantajoso, e pelo motivo racional de que nenhuma
pessoa canoniza uma ação que virtualmente a destrói. Ao vencido, ódio ou
compaixão; ao vencedor, as batatas”.
No nosso triste cenário, não creio em compaixão. Quem ganhou as eleições foram
as batatas.

In
PCB
https://pcb.org.br/portal2/21313/o-sujeito-oculto-ao-vencedor-as-batatas/
5/11/2018