sábado, 22 de agosto de 2015

El ciudadanismo o la ideología difusa de la ciudadanía






Mario Domínguez Sánchez



El propósito de escribir sobre o contra la ciudadanía no es ofrecer
recetas directas para actuar identificando con claridad una ideología para
salirse de ella, ni tampoco se trata de fijar una forma contemplativa y
desesperada que invite a la inacción. Estamos además en presencia de un
paradigma explicativo débil, hecho de pequeños conceptos o nociones que
tratan de conjugar aspectos contradictorios, máxime cuando se trata de
buscar las conexiones del yo a lo social y a lo político. También cabe
insistir en la ambivalencia de los conceptos analizados: los dispositivos
ideológicos y políticos desplegados sirven, han servido, a la vez de
mecanismos de liberación y de captura. No hay una praxis de superación y
quizá por ello existen motivos para insistir en la necesaria autonomía de
la teoría. Si no estuviera permitido pensar ni decir más que aquello que
se puede traducir en una forma de acción práctica no sería posible
formular ni un pensamiento radical (por aquello de que va a las raíces de
las cosas), ni subversivo (esto es, que calcula las leyes que funcionan
por debajo de lo visible). La crítica no se puede cambiar a toda prisa en
moneda política (como sucede en cierta medida con las teorías de la
multitud o de los comunes) ni admite una aplicación a la vida personal de
cada uno/a. Por todo ello, pensar la ruptura de las categorías
fundamentales de la socialización capitalista trata siempre de imaginar
más allá de las propuestas que buscan mejorar el presente sin cambiar nada
y de las cuales el ciudadanismo es un buen ejemplo.

1. Nuevos actores y repertorios de la acción colectiva

La emergencia de nuevos sujetos colectivos, movimientos sociales,
repertorios de acción colectiva y generación de identidades comunitarias
detectables en un nuevo espacio de relación e interacción social se ha
venido produciendo como consecuencia no tanto de un desarrollo tecnológico
sino gracias a la “invención” de una nueva clase de política que hunde sus
raíces en las crisis de 1968. Dicho con brevedad, si hay algo que
caracteriza estas transformaciones consiste en que a partir de finales de
los años sesenta del siglo pasado los expertos constatan la fusión de las
esferas política y no política de la vida social, no sólo a nivel de
manifestaciones globales sociopolíticas, sino también al nivel de los
ciudadanos como actores políticos primarios. Se desdibuja la línea
divisoria que divide los asuntos y comportamientos “políticos” de los
“privados”, por ejemplo, económicos o morales. Toda una serie de
analistas, en su mayor parte neoconservadores, han calificado este ciclo
como extremadamente viciado y peligroso; ciclo que produce una erosión de
la autoridad política e incluso de la capacidad de gobernar, la llamada
ingobernabilidad que se une a la crisis de legitimidad (Habermas, 1975).
En el bando contrario han saludado este proceso como una profundización en
los sistemas democráticos o una especie de “segunda ciudadanía” por cuanto
supone de mayor participación y despliegue de virtudes cívicas. Tal
diagnóstico se apoya en al menos tres fenómenos distintos (Offe, 1988):
El aumento de ideologías y de actitudes “participativas”, que lleva a la
ciudadanía a servirse cada vez más del repertorio de los derechos
democráticos existentes.
El uso creciente de formas no institucionales o no convencionales de
participación política.
Las exigencias y los conflictos políticos relacionados con cuestiones
que se solían considerar temas prepolíticos de carácter moral o bien
temas económicos más que estrictamente políticos.

No obstante, pese a su evidente oposición al contenido del proyecto
neoconservador, el enfoque político de los nuevos movimientos sociales
comparte con los defensores de ese ideal un planteamiento analítico
importante. Ambos parten de que no se pueden seguir resolviendo los
conflictos y las contradicciones de la sociedad industrial avanzada por
medio del estatismo, la regulación política e incluyendo más exigencias y
cuestiones en el temario de las autoridades burocráticas. Pero a
diferencia de los neoconservadores, los nuevos movimientos sociales tratan
de politizar las instituciones de la sociedad de forma no restringida por
los canales de las instituciones políticas representativo-burocráticas,
reconstituyendo así una socialidad que no dependa de una regulación,
control e intervención cada vez mayores. Para poderse emancipar de las
instituciones mediadoras del Estado, ha de politizarse la misma sociedad
civil —sus instituciones de trabajo, producción, distribución, relaciones
familiares— por medio de prácticas que se sitúan en una esfera intermedia
entre el quehacer y las preocupaciones “privadas”, por un lado, y las
actuaciones políticas institucionales, sancionadas por el Estado, por
otro.

La irrupción de estas redes e identidades colectivas novedosas han vuelto
obsoletas las estructuras asociativas previas (sindicatos, partidos),
hasta el punto de plantear la actual convivencia, que no superación, de
los paradigmas explicativos respecto a la movilización política. En
principio, aunque no es el espacio para ofrecer una definición sustantiva
del campo de la política, es posible especificar a partir de estos
denominados “nuevos movimientos de protesta” o de forma más genérica
“movimientos alternativos” la politización de una serie de cuestiones no
fácilmente codificables con el código binario del universo que subyacía a
la teoría política dominante hasta ese momento (las versiones liberal y
socialdemócrata) y para la cual puede categorizarse cualquier acción como
“privada” o “pública” (= política). Los nuevos movimientos reivindican
para sí un tipo de contenidos que no son ni “privados”, en el sentido de
que otros no se sientan legítimamente afectados, ni “públicos”, en el
sentido de que se les reconozca como objeto legítimo de las instituciones
y actores políticos oficiales; sino que son los resultados y los efectos
colaterales colectivamente “relevantes” de actuaciones privadas o
político-institucionales de las que sin embargo no pueden hacerse
responsables ni pedir cuentas por medios institucionales o legales
disponibles a sus actores. Por ello el campo de acción de los nuevos
movimientos es un espacio de política no institucional, cuya existencia no
está prevista en las doctrinas ni en la práctica de la democracia liberal
ni del Estado del bienestar de base socialdemócrata.

En tales movimientos, las redes que los activistas crean, tratar de
emerger como facilitadoras y no como centralizadoras. Por ello definen su
identidad como espacios democráticos de vinculación; en cuanto a su
autonomía les interesa no ser hegemonizados por grupos particulares, por
lo que rechazan los comités ejecutivos, direcciones, etc., y en su lugar
crean pequeñas coordinaciones que se relevan y que no pueden asumir la
representación de todos. El grupo de actores así movilizado se concibe a
sí mismo como una alianza de veto, ad hoc y a menudo monotemática, que
deja un amplio espacio para una ingente diversidad de legitimaciones y
creencias. Este modo de actuar enfatiza además el planteamiento de sus
exigencias como de principio y no negociables, lo que puede considerarse
tanto una virtud como una necesidad. En cualquier caso esta lógica apenas
permite desarrollar prácticas de negociación política ni tácticas
gradualistas ya experimentadas: los movimientos son incapaces de negociar
porque no tienen nada que ofrecer como contrapartida a las concesiones que
se les puedan hacer a sus exigencias.1

Finalmente en lo que respecta a los actores de los nuevos movimientos
sociales, lo que más llama la atención es que en su autoidentificación no
se refieren al código político establecido (izquierda/derecha,
liberal/conservador...) ni a los códigos socioeconómicos parcialmente
correspondientes (clase obrera/clase media, población rural/urbana). Más
bien se codifica el código político en categorías provenientes de los
planteamientos ad hoc, tales como género, edad, lugar, etc., o en el caso
de algunos movimientos ecologistas y pacifistas, el género humano en su
conjunto.

De las muchas consecuencias que ha podido traer consigo tal cambio nos
centraremos en una que cabe anticipar como esencial: el modo de
autocategorización resultante o la identificación que surge en las
condiciones de una “crisis de adolescencia” virtualmente permanente, es
decir, de un “desligamiento” continuo de los lazos que conectan los
individuos con colectividades estructurales o culturales. Así cuanto mayor
es la experiencia de contingencia, incertidumbre y movilidad de las
personas, experiencia a menudo involuntaria e impredecible, mayor es la
propensión a escoger parámetros “permanentes” de la identidad social como
focos de gestación de empeños políticos y de acción colectiva. Tal vez hay
que constatar en esto no tanto un antagonismo entre las dos
interpretaciones de lo político según los nuevos y viejos movimientos
sociales, sino una modesta correlación positiva entre la disposición a la
participación convencional y la inclinación hacia un comportamiento de
protesta. Se trata de una pertenencia múltiple y no contradictoria; y lo
mismo podemos decir del comportamiento: protesta no convencional y voto (a
un partido), o viceversa. Tal es la tensión entre ambos arquetipos
aplicados a las identidades colectivas y los movimientos sociales: la
modernidad anterior a 1968 homogeneiza, la posmodernidad heterogeneiza; la
modernidad juega con atracciones, la posmodernidad con atracciones y
repulsiones; la modernidad elimina al otro, la posmodernidad lo asimila.
Pues bien, a pesar de tal ambivalencia, si hay una identidad sociopolítica
que se ha convertido en el mínimo común que recorre en ambos sentidos los
espacios de ruptura entre nuevos y viejos movimientos, e incluso acapara
esa incertidumbre cuando se trata de buscar las conexiones del yo a lo
social y a lo político, es el concepto de ciudadano y su aplicación
política en la ciudadanía.

2. Ciudadanía y ciudadano

El término ciudadanía indica una forma de identidad sociopolítica que no
sin problemas (de anacronismo y de mantenimiento de una categoría con
visos de universalidad y transformable sólo en su apariencia externa) se
puede rastrear en épocas pretéritas. Los analistas conceden que serían
cinco las principales que se pueden experimentar (Heater, 2003) y se
encuentran en los sistemas feudal, monárquico, tiránico, nacional y
cívico. Cada una de estas formas nace de una relación que define a la
época e implica que el individuo ostenta un estatus, un sentimiento hacia
la relación y que se comporta de manera apropiada en ese contexto. Si
atendemos a las dos últimas, que lo son también en un sentido histórico,
se comprueba que en la ciudadanía nacional, cuando los individuos se
identifican con la nación, reconocen su condición de miembros de un grupo
cultural a través de la conciencia de las tradiciones y el apego a la
nación.2 En cambio, la ciudadanía cívica se define como la relación de un
individuo no con otro individuo (como era el caso del sistema monárquico,
por ejemplo) o con un grupo (como sucede con la nación) sino con la idea
de Estado. El objetivo prioritario de esta ciudadanía de ciudadanos por
tanto es el de crear vínculos entre todos los individuos con el Estado;
mientras la prioridad de la identidad nacional por su parte es la de crear
vínculos entre los individuos con su comunidad cultural, la cual viene por
lo común definida por su lengua y/o religión. La creencia decimonónica de
que los ciudadanos, como miembros de una nación, encarnaban ambas
identidades se ha demostrado por lo común como una falacia. Quiere ello
decir que la identidad cívica se consagra en los derechos otorgados por el
Estado a los ciudadanos individuales y en las obligaciones que éstos deben
cumplir. De ahí que la propia idea de ciudadanía cívica suponga por
definición un sentimiento de lealtad hacia el Estado y un sentido de la
responsabilidad respecto a sus deberes. Por todo ello se hace
imprescindible que los ciudadanos cuenten con la preparación necesaria
para este tipo de participación cívica.

Hay diversos modelos de este tipo de ciudadanía cívica. El más influyente
corresponde a Thomas H. Marshall, coautor de Ciudadanía y clase social
(1998, original 1949) quien plantea dos cuestiones importantes: 1) su
tesis de que la igualdad inherente a la ciudadanía puede ser compatible
con la desigualdad consustancial a la estructura de clases; 2) junto a
ello, identifica tres formas de ciudadanía y por tanto sus límites y
correlación con el Estado; a saber, civil (igualdad ante la ley), política
(igualdad de voto) y social (Estado del bienestar que permitía ejercer las
anteriores), formas que según este autor se desarrollaron históricamente
por ese orden en los siglos XVIII, XIX y XX respectivamente. Reconoce
también que los derechos sociales poseen una naturaleza distinta de los
civiles o políticos pues mientras estos últimos pueden definirse y
reconocerse con cierta precisión, los derechos sociales atañen a la
calidad de vida. Y no obstante son básicos para el disfrute efectivo de
los derechos civiles y políticos, pues la pobreza y la ignorancia merman
el deseo y la oportunidad de poder beneficiarse de ellos.

Peter Riesenberg (1992) sugiere por su parte dos modelos, siendo el
segundo a partir de la época de las revoluciones de finales del XVIII el
que transformó al mundo occidental desplazando la antigua y elitista
ciudadanía de la virtud por una ciudadanía más global, democrática y
nacional, centrada no ya en una conciencia moral e histórica (propia del
voto censitario) sino en el requisito de la lealtad. Otros autores han
inscrito a la primera ciudadanía en la tradición “cívica republicana” y a
la segunda en la “liberal”. El modelo de pensamiento clásico republicano
supone una ciudadanía formada por hombres (así, solo en masculino)
políticamente virtuosos y un modelo justo de gobierno con un Estado
constituido en “república” en el sentido de un gobierno constitucional, de
modo que la ciudadanía supondría ante todo obligaciones y virtud cívica.
La postura alternativa y liberal que surge a partir del siglo XIX sostiene
que el Estado existe para beneficio de sus ciudadanos y tiene la
obligación de garantizar la existencia y disfrute de ciertos derechos. La
diferencia parece clara: mientras la tradición republicana tiende a
contemplar la libertad como producto de leyes en las que han participado
los ciudadanos para ofrecérselas a sí mismos, el liberalismo ha tendido a
considerar la ley como un mal necesario que debería tratar de preservar en
lo posible la libertad natural de los individuos en tanto sea compatible
con la vida social.

La cosa se complica aún más, puesto que aunque la ciudadanía cívica (en su
versión tanto liberal como republicana) parecería predominar en la
actualidad sobre la ciudadanía nacional, sin embargo no sucede así. En
términos de estructura constitucional la mayor parte de las sociedades
occidentales han diseñado sistemas de gobierno de al menos dos niveles. En
Europa por ejemplo encontramos tres tipos diversos de constituciones
escalonadas, partiendo de lo que denominamos “ciudadanía estratificada”.
Estas constituciones escalonadas son: el federalismo como tal, la Unión
Europea -como un acuerdo sui generis- y la disposición denominada
transferencia de competencias. Estos sistemas permiten que el poder se
reparta entre los estratos superiores e inferiores con el objetivo de
combinar autoridad y toma de decisiones desde el poder central con una
identidad comunitaria para los Estados y provincias que lo componen. En
cualquier caso la realidad de una ciudadanía europea, tanto en la práctica
como en el sentimiento, no es más que una pálida sombra al lado de la
ciudadanía nacional. Ello explica que la ciudadanía constituya ante todo
un estatus legal sinónimo de nacionalidad en la nación-Estado
contemporánea. En pocas palabras, lo habitual en el ámbito europeo y
occidental es encontrarnos con una mezcla de modelos de ciudadanía cívica
y nacional, a la par que republicana y liberal.

Una de las cuestiones estriba en decidir si los derechos sociales se
otorgan como derechos, concesiones o a modo de cautela. Si un gobierno
concede voluntariamente a todos los ciudadanos derechos sociales
(incluyendo los económicos) como derechos inalienables, entonces se están
reconociendo como derechos de la ciudadanía. Si se otorgan únicamente como
concesiones para aliviar la dura situación de los más pobres, entonces
estamos hablando de beneficencia estatal. Si son entregados como medida de
prevención ante una posible agitación social, estamos ante un prudente a
la par que maquiavélico mantenimiento de la estabilidad social. La prueba
de la ciudadanía social radica, al menos al inicio, en el motivo del
Estado, si bien es cierto que una vez que se alcanza este compromiso puede
endurecerse hasta convertirse en un componente aceptado de la condición
ciudadana.

Por otra parte, muchos teóricos políticos y gobiernos están de acuerdo en
la necesidad de reforzar -forjar incluso- los lazos que unen y comprometen
al ciudadano tanto con el Estado como con otros ciudadanos, hasta el punto
de generar auténticas religiones cívicas.3 Una demanda básica de la idea
de ciudadanía reside en la más que probada y beneficiosa mezcla de
participación y abstinencia en los asuntos públicos para el mantenimiento
del statu quo político. Se han escuchado múltiples quejas que lamentan la
desilusión, alienación y apatía que despierta la participación en la vida
pública (Jowell y Park, 1998). La ciudadanía activa es necesaria para un
sistema bien ordenado y saludable, por lo que una acusada actitud negativa
resulta poco sana e incluso peligrosa para su reproducción. Pero al otro
lado del espectro de la apatía más fría se sitúa el fervor acalorado que
también debe ser prescrito. Por tanto, cómo animar a una ciudadanía pasiva
sin provocar una pasión descontrolada es un dilema para los teóricos,
incluso si en la práctica el fanatismo cívico del mundo contemporáneo esté
lo suficientemente alejado del nazismo o del de los Guardias rojos chinos.
La solución de esa tibieza activa requerida a la ciudadanía nacional a la
vez que cívica, con elementos tanto liberales como republicanos sería el
ciudadanismo.

3. El ciudadanismo como ideología

El concepto de “ciudadanismo” es en realidad un neologismo que traduce el
término inglés republicanism y que evita utilizar un vocablo como
“civilismo”, por sus referencias a la guerra civil. Coincide además con la
recuperación del concepto relativo a la ciudadanía activa (pero cuya
actividad sea tibia), a la “sociedad civil”, más identitario que político,
o al menos con esa identidad política antes mencionada. Así pues, y de un
modo operativo, entendemos en principio por ciudadanismo una ideología
difusa, asociada a un cierto conjunto de prácticas políticas y ampliamente
difundida cuyos rasgos principales son: 1) la oposición considerada
natural entre democracia y capitalismo, 2) el reforzamiento del Estado, 3)
la apelación al espacio público como escenario de su aparición, 4) la
reivindicación de los derechos como carta de presentación, 5) su vocación
participativa y pedagógica que se aúnan en la aspiración de aglutinar una
mayoría social, y por último, 6) el espectáculo integrado en que deviene
la conjunción de las anteriores características (véase Domínguez, 2010).

3.1. La oposición entre democracia y capitalismo

A pesar de su carácter difuso, el ciudadanismo comparte la creencia de que
la democracia en todas sus vertientes en especial las más republicanas
(participativas y directas) es capaz de oponerse al capitalismo de modo
que los ciudadanos constituyen entonces la base activa de esta política.
Por ello su principio activo propone un control ciudadano de las
instancias nacionales e internacionales, como si fuera el déficit de
democracia lo que produce la explotación capitalista. No se comparte la
idea de que, bajo la supuesta superestructura de la democracia “formal”,
se oculte la infraestructura de la explotación real. Pero a nuestro juicio
lo que siempre ha estado detrás del viejo y del nuevo orden democrático
(en sus diferentes variables), con sus libertades y derechos, no ha sido
otra cosa que el capitalismo: los derechos humanos, el Estado de derecho,
el conjunto de instituciones jurídicas y políticas que caracterizan esta
democracia constituyen todo ese tipo de aspectos que la definición cívica
de ciudadanía en general y la ideología ciudadanista en particular han
solido considerar como “conquistas universales”, a la vez que una muy
peculiar forma de libertad, las condiciones institucionales que hacen
posible la centralidad y universalidad del mercado y la “autorregulación”
de la esfera económica. Eso no significa que el capitalismo sea previo al
orden liberal democrático y lo determine, sino que el propio orden liberal
democrático es condición de existencia del capitalismo (véase Brown,
2009).

Nada de esta historia de reforzamiento mutuo entre democracia y
capitalismo importa. En vez de ello, el ciudadanismo se concentra
esencialmente alrededor de un deseo de democracia más directa,
“participativa”, de una democracia de “ciudadanos”; naturalmente no
proponen ningún modo de conseguirlo, y este deseo de democracia directa
acaba, como siempre, ante las urnas o en la abstención impotente. Pero
incluso en la asunción más participativa de la democracia, esta idea de
los ciudadanos como depositarios últimos de la soberanía sigue insistiendo
en la relevancia estratégica del individuo por lo que se mueve entre el
individualismo extremo y la masa. En efecto, ya indicábamos antes que los
términos de ciudadano y ciudadanía subrayan la individualidad de la
persona, la ausencia de cualquier aspecto colectivo, la desafección hacia
el interés de un conjunto mientras permanezca por encima del individuo. La
acción heroica del individuo consciente porque sí, sin relación alguna con
una adscripción colectiva se sigue de la complicidad de la masa o de su
versión posmoderna, la multitud. El analista decantado en favor de las
multitudes piensa sin dobleces que el número de manifestantes, de
seguidores en Internet o de mensajes basta para justificar sus
pretensiones políticas y lograr un efecto de palanca en las estructuras
sociales (Sampedro, 2005). Sin embargo, confiar en esta multitud es
inútil; despolitizada no es ni puede ser ningún sujeto político. Las masas
no quieren hacer política, quieren ser objeto de la política; no quieren
cambiar la sociedad, en todo caso quieren que alguien se ocupe de ellas;
por eso son masas. La referencia a la sociedad civil juega permanentemente
con la ambigüedad, pues se sustrae a la prohibición legal y al tabú que
pesa sobre toda actividad política, a la vez que impulsa una movilización
social; un ejemplo suficiente de ello es su rechazo sin ambages hacia la
violencia política en cualquiera de sus formas (incluida la autodefensa e
incluso en la desobediencia civil) y la afirmación de una no-violencia,
que tal y como se plantea asume el carácter pasivo como su atributo
esencial.

Esta democracia pretende ser el único sistema que acepta al ser humano tal
y como es, con sus diferencias y sus contradicciones; sistema que estaría
de acuerdo con una supuesta naturaleza humana, aunque sustituya a la
multiplicidad conflictiva que forma el tejido social de los antagonismos
configurados por la razón económica, a través de la única dimensión de la
representación política. Se le considerará ante todo como alguien que no
actúa, ni piensa ni desea a partir de sus raíces, sino desde este ideal
humano estandarizado, canjeable por (casi) cualquier otro y que elimina
toda referencia a la multiplicidad que le compone para reducirle a esta
imagen con la que debe identificarse.4 Como indica Marx (2004: 38,
original 1844), “el hombre real sólo es reconocido bajo la forma del
individuo egoísta, el verdadero hombre sólo bajo la forma del ciudadano
abstracto”. Todos los deseos contradictorios, opacos, no desplegables ni
comprensibles en un encasillado utilitarista lineal, se verán etiquetados
bajo la forma de deseos egoístas –etiqueta aceptable en la medida en que
se ajusta a la visión ideológica según la cual el ser humano se mueve por
intereses, que deben ser claros, enunciables y transparentes a la razón.
Por consiguiente, sólo en la medida en que este individuo configura y
reprime su multiplicidad, tendrá el derecho de ser un/a ciudadano/a, un
“igual”.

La propuesta de más democracia es pues de un posibilismo pragmático
equidistante de la socialdemocracia y del liberalismo, y conforma un
auténtico “centro radical”5 como espacio del nuevo tiempo y el nuevo
consenso. Dados los problemas de desafección de la política, la crisis de
la democracia representativa, la apreciación alarmada de que los partidos
“no funcionan como tendrían que funcionar” y el anhelo de la opinión
publicada (que no pública) de una política honesta (unidad perdida de la
moral y la política); dados todos esos problemas, decíamos, no sólo basta
con modificar el sistema de listas electorales, sino ante todo lograr una
mayor participación y por tanto implicación, gracias a la exigencia de
eficacia, coherencia y representatividad. De este modo nos podemos
encontrar en la literatura ciudadanista propuestas como las que siguen:

1. Se busca la participación activa en el sistema político o al menos que
cambie el sistema de participación democrática, bajo eslóganes como “la
ciudadanía está harta de que no se la tenga en cuenta”, e incluso que se
admita la inclusión de los movimientos sociales para alcanzar un
reforzamiento de las instituciones, del consenso y la legitimidad social
de las políticas, buscando en cierta forma la reforma de las culturas
políticas y técnicas. Se trata de una organización estructural que
canaliza las demandas de los movimientos sociales y de la acción colectiva
en forma de creación de foros, consejos, estructuras asociativas
consolidadas, etc.

2. Importancia del gobierno local en la búsqueda de la participación (aquí
se sitúan todas las teorías de la glocalización). Se trataría de
reformular el llamado “pacto del bienestar”, pero buscando no sólo la
información del ciudadano, sino la formación e integración a partir de
consejos consultivos, núcleos de intervención participativa y otras
asociaciones en forma de acción pública.

3. Alcanzar la vertebración de la sociedad frente a la pérdida de
autoridad y como legitimación de las democracias occidentales. También así
se cumplen las garantías de funcionamiento de las instituciones
tradicionales (cohesión e integración social, e incluso con carácter
cultural y nacional, por ejemplo en el caso de inmigrantes, jóvenes,
etc.).

4. Los movimientos sociales seleccionan y reducen la complejidad de las
demandas de la ciudadanía organizada y permiten su mejor solución. Es
digno de aprecio los artículos y libros que tratan sobre los instrumentos
participativos a desarrollar con sugerencias como el análisis
pormenorizado de las tres formas de articular la participación ciudadana:
a través del monólogo (few talk), del parloteo (many talk) y del diálogo
(some talk) (Font, 2001: 46).

5. Los agentes político-institucionales encauzan y transforman dichas
demandas en propuestas concretas en el Parlamento. Además pueden ofrecer
respuestas políticas de cambio real a tales inquietudes, formar a los
líderes, aportar los valores históricos y el conocimiento útil de la
experiencia en la gestión municipal y parlamentaria.

En definitiva, de lo que se trata es de aportar soluciones a los problemas
que se plantean al sistema político democrático, no de transformarlo. A
fin de cuentas la democracia, en cualquiera de sus versiones, instituye
ese lugar óptimo para la mediación entre sociedad y Estado –lo que
equivale a decir entre sociabilidad y ciudadanía–, organizado para que en
él puedan cobrar vida los principios democráticos que hacen posible el
libre flujo de iniciativas, juicios e ideas. En ese marco el conflicto
antagonista no puede percibirse sino como estridencia o mejor aún
patología. De ahí este absoluto incuestionado de la democracia, según el
cual ningún conflicto sería aceptable si cuestiona sus fundamentos.
Sistema que no tolera los conflictos más que a condición de que se
inserten en las normas. En las democracias modernas es cierto que este
absoluto se oculta gracias a la reivindicación asumida de la controversia,
de las opiniones divergentes o del respeto hacia el antagonismo de los
intereses. Salvo que estas controversias y divergencias no tengan el
derecho a existir en el marco de una normalización interior dentro del
sistema.

3.2. Reforzamiento del Estado y lo público

El Estado de derecho, a través del mecanismo de legitimación otorgado por
la defensa de los derechos y de la esfera protegida de lo público, puede
aparecer ante sectores sociales con intereses y objetivos incompatibles –y
al servicio de uno de los cuales existe y actúa– como ciertamente neutral,
encarnación de la posibilidad misma de elevarse por encima de los
enfrentamientos sociales o de arbitrarlos en un espacio de conciliación en
que las luchas sociales queden en suspenso y los segmentos enfrentados
declaren una especie de tregua ilimitada (véase Bartra, 1977). De este
modo, la combinación de democracia liberal, economía de mercado y Estado
de derecho se presenta como una suerte de fase final de la historia
humana. Terminada la guerra fría y con ello enterrada la lucha de clases,
el socialismo, el comunismo y todo lo que pudiera cuestionar el orden
social triunfante, los ideales ilustrados coincidentes con los valores del
pensamiento liberal clásico por fin podrían realizarse. Pero no se ha
reparado en una serie de implicaciones.

Ante todo que el Estado de derecho, esa creación histórica (del
liberalismo) y donde se ubica la actual democracia que se presenta a sí
misma como el único marco político compatible con los derechos humanos, es
al igual que los mismos “derechos humanos” inseparable del orden social
capitalista. Ambos son parte integrante de su marco institucional: el
dispositivo de gobierno democrático liberal. Siguiendo la inspiración de
Michel Foucault y de sus cursos de los años 1970 dedicados a la
biopolítica (2003, 2006, 2007), las diferentes fórmulas sobre el arte de
gobernar que desembocan e incluyen al Estado de derecho, deben ser
inscritas en la formación del biopoder.6 Tal biopoder ha constituido
además un elemento indispensable para el desarrollo del capitalismo; ha
servido para asegurar la inserción controlada de los cuerpos en el aparato
productivo y para ajustar los fenómenos de la población a los procesos
económicos.

En segundo lugar se maneja un concepto de “razón pública” vinculada al
Estado y de su correlato que sería el “ciudadano razonable”, exento de
conflicto fundamental, lo cual se traduce únicamente en consenso o en un
retrato del debate argumentativo más propio de una discusión filosófica
sobre las formas ideales de comunicación. Todo ello desatiende la
necesidad de la decisión, los costes de transacción, la inevitable
dimensión de conflicto, la necesidad de la negociación estratégica y, en
concreto, la defensa de los intereses de los grupos subordinados e impide
dar cuenta del lugar necesario de la disrupción y el variado repertorio
contemporáneo de antagonismos.7

Ante tales implicaciones el ciudadanismo propone respuestas irrisorias,
como cuando se intenta recomponer el vínculo que unía antiguamente a la
“clase obrera” mediante otro que uniese a los “ciudadanos”, es decir, el
Estado. La voluntad de reconstituir dicho vínculo a través del Estado se
manifiesta en el nacionalismo latente del ciudadanismo; se sustituye el
capital abstracto y sin rostro por figuras nacionales.8 Pero el Estado
sólo puede proponer símbolos y sucedáneos a esos vínculos, puesto que él
mismo está saturado de capital, por así decirlo, y tan sólo puede agitar
sus símbolos en el sentido que le dicta la lógica capitalista a la que
pertenece. Proponer al “ciudadano” como vínculo manifiesta la existencia
de un vacío, o mejor dicho, que incumbe ahora al capitalismo, y únicamente
a él, la tarea de integrar a esos miles de millones de personas que se
encuentran privadas de la comunidad. Y debemos constatar que, hasta ahora,
lo consigue a duras penas.

El ciudadanismo además tenderá siempre a desempeñar el papel de mediador
entre los movimientos sociales y el Estado, desde el reconocimiento de que
éste último, el Estado, puede ser el mediador neutro entre el capital y
los movimientos sociales. En el ciudadanismo encontramos pues una fuerte
defensa del sector público y no como cuestionamiento de la lógica
capitalista en general, tal y como se manifiesta en el servicio público.
La defensa de dicho sector implica lógicamente que se considera que dicho
sector está, o debería estar, fuera de la lógica capitalista. No fue una
buena crítica la que se le hizo a este movimiento cuando se le reprochó
ser un movimiento de privilegiados, o sencillamente de egoístas
corporativistas. Pero sí se puede constatar que incluso las acciones más
generosas o radicales de este movimiento contenían los mismos límites.9

En suma, de forma implícita o explícita, anida en toda propuesta
ciudadanista el proyecto de reforzar el Estado (o los Estados) para poner
en marcha esta política de participación democrática; de ahí que postulen
volver atrás la marcha del desarrollo capitalista: la tendencia a favor de
la recuperación del Estado del bienestar y las políticas keynesianas, la
denuncia de los excesos de la financiarización de la economía frente a las
virtudes de la economía productiva, las propuestas para gravar fiscalmente
el tráfico de capital o las “distintas” modalidades de integración
económica. El ciudadanismo entiende que el Estado democrático es un medio
válido para paliar —incluso para acabar con— las desigualdades sociales.
Dado que éste sufre grandes presiones del Capital —llámense grandes
corporaciones o empresas multinacionales—, postula que para contrarrestar
tan malvada influencia se hace imprescindible una mayor atención del
ciudadano de a pie a los asuntos de Estado y que obligue al gobierno a
realizar políticas sociales. Los ciudadanos no sólo deben elegir
representantes sino presionarles para que actúen como corresponde.

Estos liberal-socialdemócratas de nuevo cuño, que miran con nostalgia a la
edad dorada del Estado del bienestar, no son conscientes de que las
reformas tendentes a un mayor poder adquisitivo de los trabajadores
históricamente se han implantado para la recuperación del capitalismo tras
la crisis económica y sólo en parte, para mermar la radicalidad de una
clase obrera que amenazaba con hacer la revolución, pero nunca por la
acción de la ciudadanía en tanto tal. A pesar de ello se empeñan en exigir
una mayor intervención de la población en la res pública. Y es que parece
que ignoren que la integración de las luchas sociales en las estructuras
del Estado —lo que se reclama como democracia participativa y
deliberativa— no es sino garantía de la desintegración de las mismas.

Como mecanismo de cierre, el propio Estado acepta generosamente estas
prácticas, y cualquiera puede hoy hacer una pequeña manifestación, por
ejemplo, bloquear la periferia y ser recibido oficialmente a continuación
para exponer sus reivindicaciones. Los ciudadanistas se indignan con este
estado de cosas que han contribuido a crear, pensando que, aún y así, no
se debe molestar al Estado por minucias. Los interlocutores privilegiados
ven con malos ojos a los parásitos y demás aves de rapiña de la
democracia. Asimismo, algunas prácticas ciudadanistas son promovidas
directamente por el Estado en la versión de democracia participativa y
deliberativa, como lo demuestran las “conferencias ciudadanas” o “los
debates de ciudadanos” con las cuales el Estado se arroga el “dar la
palabra a los ciudadanos”. Es interesante ver hasta qué punto este
movimiento se conforma con cualquier sucedáneo de diálogo, y sus
componentes están dispuestos a ceder en cualquier cosa con tal de que se
les escuche y que los expertos hayan “atendido a sus inquietudes”. Un
auténtico reparto de papeles donde el Estado desempeña aquí el papel de
mediador entre la “sociedad civil” y las instancias económicas, del mismo
modo que los ciudadanistas harán de intermediarios entre el programa del
Estado (que no es otra cosa que la correa de transmisión de la dinámica
del Capital) revisado de forma crítica, y la “sociedad civil”.

3.3. Ciudadanismo y derechos humanos

El auge reciente de múltiples discursos ciudadanistas acerca de la
democratización de la globalización o la defensa del ámbito europeo de los
derechos humanos, contribuyen a una curiosa operación de reabsorción por
la vía de convalidar las exigencias antagonistas en derechos consagrados
en alguna suerte de Constitución global o, en su defecto, europea. Que la
lucha por los servicios públicos contra su mercantilización se resuelva en
una Declaración de Derechos en la futura Constitución puede parecer un
ejercicio de realismo pero contribuye con seguridad a reproducir los
mecanismos de delegación y mediación que son la fuente de la aceptación
social del dominio capitalista. Se pueden ahorrar los realistas sus
tentaciones sarcásticas: lo anterior no implica renuncia alguna al
ejercicio de los derechos hasta el límite de sus posibilidades.

La facilidad antes entrevista en convertirse en un auténtico partido del
Estado, idea madre de la intelectualidad estatista ansiosa por inventar un
nuevo discurso políticamente correcto y posibilista, no impide su
diferencia. Ese “partido del Estado” ciudadanista nunca puede ser el
Estado, pero no confundamos tal cosa con un logro sino con una
diferenciación funcional. En efecto, la delimitación del ámbito de lo
político implica el establecimiento de un límite. Esto significa que la
simple idea de un poder ilimitado es ajena a lo político, o en otras
palabras, que un poder no puede al mismo tiempo ser ilimitado y ser
político. El poder político se hace posible porque excluye algo de su
esfera de influencia, algo queda exceptuado de su poder, de ahí la
necesidad del afuera para el Estado. El Derecho no sería entonces otra
cosa que una colección de procedimientos que aseguran y refuerzan esa
exclusión, posibilitando los límites naturales del poder.10

Como antes indicábamos, más bien vemos en el Estado de derecho, en los
derechos humanos y en sus derivados jurídicos y constitucionales un
elemento fundamental de la propia existencia del mercado universal como
institución central del régimen capitalista, dado que aquellos funcionan
como operadores discursivos del mercado universal, a lo que se une su
carácter performativo, esto es, que contribuyen a la generación de una
relación social.
Gracias a la eficacia jurídica de los derechos humanos, la economía se
constituye como un todo independiente y autorregulado en torno a su
institución fundamental, el mercado.
Constituyen la base de la autonomía de la sociedad civil que se articula
a través de relaciones e intercambios interindividuales modelados según
el paradigma mercantil.
Constituyen los indicadores de un tránsito interno a la propia economía
capitalista entre sus dos facetas constitutivas: el mercado y la esfera
de la producción/ reproducción. Son así el interfaz entre vida y derecho
mediante el cual la política encuentra en un primer movimiento su verdad
en la economía, gestión biopolítica de la población y de los individuos,
y la economía sirve en un segundo momento de punto de partida a un
planteamiento de la política basado en la representación.

La Carta de los Derechos Humanos Emergentes de Barcelona (2004), que
insiste en la necesidad de reconocer una serie de derechos hasta el
momento sumergidos, y de reivindicar la necesidad de contemplar una serie
de nuevos derechos surgidos de las transformaciones del mundo actual,
vincula estrechamente este texto programático que “emana de la sociedad
civil global y materializa las reivindicaciones de los movimientos
sociales” a una nueva concepción de la participación ciudadana y concibe
todos los derechos como derechos ciudadanos.

En principio, todo el mundo está en favor de los derechos humanos. Pero
cuando se plantea esta cuestión de los derechos humanos, la pregunta
principal es ¿qué es el ser humano?, ¿qué es la humanidad?, ¿quién tiene
derechos? ¿El ser humano es el hombre blanco, occidental, rico?, ¿es el
consumidor?, ¿es el que está sometido al capital?, ¿es aquel que piensa
que la política es votar cada cuatro años?, ¿es éste el que tiene derechos
y es éste el que está hablando de los derechos de los demás?, ¿es éste el
que tiene derechos de policía sobre el mundo entero? Los derechos humanos
suponen actualmente una ideología del capitalismo globalizado (Badiou,
2000). Esta ideología considera que hay una sola posibilidad en el mundo:
la sumisión económica al mercado y la sumisión política a la democracia
representativa.

En este marco, el ser humano que tiene derechos es quien padece esta doble
sumisión. O bien es una simple víctima, o bien tiene que despertar piedad.
Debemos verlo sufrir y morir en televisión y entonces se dirá que va a
tener derecho a recibir la ayuda humanitaria, sobre todo del Estado. En el
fondo, el Derecho es como un centro de simetría que dispone de manera
alternada esos dos términos que son el Estado y la política. Cuando el
Derecho —es decir, la fuerza de la regla— se presenta como categoría
central de la política, el Estado democrático se muestra indiferente al
pensamiento político, si consideramos la política en el sentido
aristotélico según el cual el animal político se caracteriza por poner en
juego su vida como ser vivo (véase nota 11).

Aquí encajaría el esencialismo democrático que caracteriza al
ciudadanismo: la vinculación necesaria del Estado de derecho a la
democracia constitucional supone la defensa de un ámbito inmodificable,
fijado de una vez por todas en la Constitución (la cual es a la vez límite
y fundamento del poder del Estado) y que en líneas generales incluye los
derechos fundamentales de la persona (así, en singular) y las reglas
básicas de ordenamiento del Estado de derecho. Los derechos del ciudadano
se nos presentan pues como un horizonte inmóvil compuesto por una serie de
valores, los cuales a su vez constituyen el sustento de derechos que se
consideran derivados de la propia naturaleza humana (propiedad, libertad,
asociación, información) y presentados como indiscutibles. Junto a un
orden económico no menos rígido que sólo cabe analizar y comprender, pero
que es imposible de transformar en sus aspectos esenciales. Y aunque los
derechos del ciudadano se plantean como un límite del poder político, más
bien contribuyen a la despolitización.11 El Estado de derecho anclado en
una democracia constitucional establece un régimen alérgico a la decisión
pues procura fundamentarse en la naturaleza, basando sus normas en una
verdad natural relativa al ser humano o en las pretendidas leyes objetivas
que rigen la vida en común de éste sobre la base de relaciones
fundamentalmente económicas.

3.4. El espacio público, escenario del ciudadanismo

La esfera pública aparece en el lenguaje político como una construcción en
la que cada ser humano se ve reconocido como tal y como relación con
otros, con los que se vincula a partir de pactos reflexivos
permanentemente reactualizados. Ese espacio constituye la base
institucional misma sobre la que se asienta la posibilidad de una
racionalización democrática de la política. Como de manera extensa ha
explicado Manuel Delgado (1999, 2007, 2011) a quien seguimos en este
epígrafe, el espacio público desde su nacimiento con la modernidad se ha
configurado como garantía de la democracia y como espacio de libertad para
los ciudadanos, esto es, como un espacio donde el Estado pretende
desmentir la naturaleza asimétrica de las relaciones sociales que
administra, ofreciendo el escenario “perfecto” para el sueño imposible del
consenso equitativo en el que puede llevar a cabo su función integradora y
de mediación. De ahí la vocación normativa que el concepto de espacio
público viene a explicitar como totalidad moral, conformado y determinado
por ese “deber ser” en torno al cual se articulan todo tipo de prácticas
sociales y políticas, que exigen de ese marco que se convierta en lo que
se supone que es.

Ese sentido eidético, que remite a significaciones y compromisos morales
que deben verse cumplidos, es el que la noción de espacio público se haya
constituido en uno de los ingredientes conceptuales básicos de la
ideología ciudadanista, donde se despliega el moralismo abstracto kantiano
o la eticidad del Estado constitucional moderno postulada por Hegel. Aquí
es donde el espacio público vendría a ser ese dominio en que ese principio
de solidaridad comunicativa se escenifica, ámbito en que es posible y
necesario un acuerdo interaccional y una conformación discursiva
coproducida. Espacio público y solidaridad comunicativa constituyen el
escenario idóneo en el que esa ideología ciudadanista se pretende ver a sí
misma reificiada,12 el lugar en el que el Estado logra desmentir
momentáneamente la naturaleza asimétrica de las relaciones sociales que
administra y a las que sirve y escenifica el sueño imposible de un
consenso equitativo en el que puede llevar a cabo su función integradora y
de mediación.

“En realidad, ese espacio público es el ámbito de lo que Lukács hubiera
denominado cosificación, puesto que se le confiere la responsabilidad de
convertirse como sea en lo que se presupone que es y que en realidad sólo
es un debería ser. El espacio público es una de aquellas nociones que
exige ver cumplida la realidad que evoca y que en cierto modo también
invoca, una ficción nominal concebida para inducir a pensar y a actuar de
cierta manera y que urge verse instituida como realidad objetiva. Un
cierto aspecto de la ideología dominante –en este caso el desvanecimiento
de las desigualdades y su disolución en valores universales de orden
superior– adquiere, de pronto y por emplear la imagen que el propio Lukács
proponía, una “objetividad fantasmal”. Se consigue, por esa vía y en ese
marco, que el orden económico en torno al cual gira la sociedad quede
soslayado o elidido. En la calle, devenida ahora espacio público, la
figura hasta aquel momento enteléquica del ciudadano, en que se resumen
los principios de igualdad y universalidad democráticas, se materializa,
en este caso bajo el aspecto de usuario” (Delgado y Malet, 2007).

De este modo, la noción de espacio público, en tanto que concreción física
en que se dramatiza la ilusión ciudadanista, funcionaría como un mecanismo
a través del cual la clase dominante consigue que no aparezcan como
evidentes las contradicciones que la sostienen, al tiempo que obtiene
también la aprobación de la clase dominada al valerse de un instrumento
–el sistema político– capaz de convencer a los dominados de su
neutralidad. Ciudadanismo y espacio público vendrían a ser ejemplos de
ideas dominantes –en el doble sentido de ideas de quienes dominan y de
ideas que están concebidas para dominar–, en tanto que pretendidos ejes
que justifican y legitiman la gestión de lo que vendría a ser un consenso
coercitivo o una coacción hasta un cierto límite consensuada con los
propios coaccionados Consiste igualmente en generar el efecto óptico de
una unidad entre sociedad y Estado, en la medida en que los supuestos
representantes de la primera han logrado un consenso superador de las
diferencias de clase. A través de los mecanismos de mediación –en este
caso, la ideología ciudadanista y su supuesta concreción física en el
espacio público– las clases dominantes consiguen que los gobiernos a su
servicio obtengan el consentimiento activo de los gobernados, incluso la
colaboración de los sectores sociales maltratados, trabados por formas de
dominación mucho más sutiles que las basadas en la simple coacción. Se
sabe que lo que garantiza la perduración y el desarrollo de la dominación
de clase nunca es la violencia, “sino el consentimiento que prestan los
dominados a su dominación, consentimiento que hasta cierto punto les hace
cooperar en la reproducción de dicha dominación [...] El consentimiento es
la parte del poder que los dominados agregan al poder que los dominadores
ejercen directamente sobre ellos” (Godelier, 1989: 31).

Se pone de nuevo de manifiesto que la dominación de una clase sobre otra
no se puede producir sólo mediante la violencia y la represión, sino que
requiere el trabajo de lo que Althusser (1974) presentó como “aparatos
ideológicos del Estado”, a través de los cuales los dominados son educados
para acabar asumiendo como “natural” e inevitable el sistema de dominación
que padecen, al tiempo en que integran, creyéndolas propias, sus premisas
teóricas. La dominación no sólo domina sino que también dirige y orienta
moralmente tanto el pensamiento como la acción sociales. Esos instrumentos
ideológicos incorporan cada vez más la virtud de la versatilidad
adaptativa, sobre todo porque tienden a renunciar a constituirse en un
sistema formal completo y acabado, sino que se plantean a la manera de un
conjunto de orientaciones más bien vagas, cuya naturaleza abstracta,
inconcreta y flexible las hacen acomodables a cualquier circunstancia, en
relación con la cual consiguen tener efectos clarificadores. Se trata pues
de disuadir y de persuadir cualquier disidencia, cualquier capacidad de
contestación o resistencia y –también por extensión– toda apropiación
considerada inapropiada del espacio público por la vía de la violencia si
es preciso, pero previamente y sobre todo por una descalificación o una
deshabilitación.

3.5. Vocación participativa y pedagógica para aglutinar mayorías

Como hemos visto al hablar de la racionalización democrática de la
política, una de las fuerzas del ciudadanismo reside en ese carácter
esencialmente moral, por no decir moralizador. Pasa fácilmente de la
denuncia de la “crisis” a la propuesta de “repartir los frutos del
crecimiento” sin tener en cuenta los hechos y sin realizar ningún
análisis. Lo que cuenta es tener la posición más “cívica” posible, es
decir, la más generosa, la más moral. El ideal organizativo del
ciudadanismo busca siempre un ámbito en el que quepan todas las
manifestaciones del discurso, excepto las que se aproximan a la violencia.
Claro que se trata de discursos despojados de su carácter performativo:
son pura semántica. Que carezcan de carácter performativo supone la
asunción del voluntarismo de la concepción liberal: “todo sujeto nace
libre”. El lenguaje se vuelve cada vez más apologético, una pura máquina
lingüística llena de fórmulas verbales adecuadas donde la nimiedad —enviar
mensajes, votar, navegar por la red, amontonarse— se convierte en lucidez
histórica y heroísmo. Debajo de lo que se cree es un movimiento, si se
quitan las cámaras y los medios de comunicación, se puede comprobar que es
retrato de una amalgama creada artificialmente por dichos medios. El
espacio de lucha no son ya las fábricas, la calle, el barrio, la
metrópolis..., sino los medios de comunicación. De ahí que le venga muy
bien esa especie de cajón de sastre, de sustitutos del concepto de clase
que sería la multitud: una suerte de conglomerado de insatisfacción o
marginalidad que es lo que piensa alguien como Toni Negri (Negri y Hardt,
2004), cada vez más figura de la izquierda ciudadana.13

La participación ciudadana se caracteriza además por su capacidad para
educar y concienciar a la ciudadanía enseñándole a conocer los problemas
comunes y a pensar en términos públicos y de mutualidad por medio de la
deliberación. La atención al cultivo, mediante prácticas e instituciones
normativamente adecuadas que impulsen una idea sustantiva de vida buena,
de las virtudes cívicas de los ciudadanos activamente implicados en la res
pública, desborda ampliamente la reductiva atención a sus solos intereses.
El ciudadano desplaza así a la figura del mero votante y se propugna la
necesaria interferencia legítima del Estado (Pettit, 1999) mediante
políticas varias de igualdad de oportunidades.

Disponer de esta ciudadanía, además, no únicamente mejora el
funcionamiento de los instrumentos participativos sino del conjunto de la
comunidad. Es decir, la participación tiene como objetivo directo escuchar
a los ciudadanos, aunque indirectamente sirve para algo quizá más
importante: generar el capital social que garantizará el buen
funcionamiento de nuestra sociedad. Su interés fundamental reside pues en
mejorar la calidad de las instituciones y tiende a dejar de lado los
intereses, necesidades e identidades de los grupos cuyas demandas vayan
más allá de los límites de los derechos y las instituciones de la
democracia constitucional y cívica, y que, en su excesiva pretensión de
alcanzar consensos, pierde de vista la inevitabilidad del conflicto
subyacente en la sociedad. Es difícil aceptar que los procesos
participativos institucionalizados generen realmente una voluntad popular
debido a los sesgos que introducen dichos mecanismos previamente
desarmados de todo cuestionamiento de las reglas de juego previas, y más
bien cabe pensar cuánto de dinamismo legitimador introducen los procesos
de consenso.

También cabe plantear, como antes indicábamos, hasta qué punto los
procesos deliberativos tienen capacidad performativa (de actuación sobre
los aspectos sociales, económicos e incuso políticos) o más bien tienden a
transformarse en un mero dispositivo de obtención de información directa y
útil a intereses ajenos a la supuestamente protegida voluntad popular, o
incluso a convertirse en la arena política inicial de los participantes
con mucha ambición y aspiraciones políticas. Dicho de otro modo, hasta qué
punto se contempla la posibilidad de adopción de decisiones vinculantes, y
no sólo a efectos consultivos o formativos de opinión, desde ámbitos
locales participativo-deliberativos.

Un concepto de “razón pública” y “ciudadano razonable”, exento de
conflicto fundamental, que se traduce únicamente en consenso o en un
retrato del debate argumentativo más propio de una discusión filosófica,
impide dar cuenta del lugar necesario de la disrupción y el variado
repertorio contemporáneo de protesta en una teoría de la democracia
constitucional y cívica. Asimismo cabe interrogarse hasta qué punto el
poder que emana de la acción colectiva, fuera de las instituciones, y que
genera de modo autoconstituyente grupos, colectivos, movimientos o
identidades (políticas, contingentes, no esencialistas) es capaz de
introducir nuevas demandas de acceso y voz en el escenario político. En
otras palabras, si la participación ciudadana bajo este modelo
ciudadanista permite una ecología de nuevos agentes sociales y políticos,
del poder que emerge de la acción colectiva caracterizado por su
intransitividad, la movilización, la contestación, el conflicto.

Como decíamos, la principal virtud de la participación ciudadanista era
que ésta contribuye a educar cívicamente al ciudadano, enseñándolo a
conocer los problemas comunes y a pensar en términos públicos y de
mutualidad por medio de la deliberación en el espacio público. De todos
modos, la constante insistencia en la formación previa, la instrucción
pedagógica de las masas populares y consideraciones paralelas hace pensar
en una cierta desconfianza respecto a la mayoría de edad “deliberativa” de
la mayoría de la población, lo que favorece las tentativas a la
manipulación y abuso de los órganos consultivos.14

La insistencia en la participación y la vocación pedagógica del
ciudadanismo se aúnan en una gran aspiración estratégica consistente en
encontrar propuestas que tengan la virtud de aglutinar una inmensa mayoría
social en contra de la minoría de políticos financieros y académicos
neoliberales del pensamiento único que orientan la dirección de la
globalización. La adopción del pacifismo como principio indiscutible de
acción purgó de las asambleas y las manifestaciones a los radicales, pero
su objetivo principal era el diálogo con el poder. No querían enfrentarse
a nada; no aspiraban a cambiar el mundo sino a participar en su gestión.
Con ellos otra gestión capitalista era posible. Lo que pretendían reformar
no eran más que los mecanismos de cooptación de la clase dominante.

Aglutinar una mayoría no es tan complicado si se utilizan estos mimbres.
La finalidad expresa del ciudadanismo es humanizar el capitalismo,
volverlo más justo, proporcionarle de alguna forma un suplemento de alma y
en cierto modo de manifestar la sumisión democráticamente. La lucha de
clases es sustituida aquí por la participación política de los ciudadanos,
que no sólo deben elegir a sus representantes, sino además deliberar
constantemente para hacer presión sobre ellos, con el fin de que apliquen
aquello para lo que fueron elegidos. Naturalmente los ciudadanos no deben
en ningún caso sustituir a los poderes públicos. El ciudadanismo se
desarrolla como ideología producida de modo necesario por una sociedad que
no concibe perspectivas de superación (del sistema). Se trata pues de una
servidumbre voluntaria; es la oposición a casi nada (a lo que es más
obviamente falso e injusto del capitalismo) y a solicitar “control
ciudadano” para todos los extremos crueles del capitalismo.

3.6. El espectáculo integrado

Las movilizaciones contra la guerra del Golfo y el No a la OTAN, las
campañas por el 0,7%, por la renta básica o los zapatistas, fueron las
primeras aproximaciones de ese intento de acercamiento a la movilización
cívica que a finales de la década de 1990 cristalizó en el ciudadanismo. A
ello se unió el espejismo virtual de un “espacio ciudadano” donde
desarrollar las actividades complementarias a la política institucional de
partidos y sindicatos, lo cual permitió redescubrir los encantos del
sindicalismo minoritario, del tercermundismo, de las subvenciones y de las
multitudes.

Las raíces del ciudadanismo deben buscarse en la disolución del viejo
movimiento obrero (Amorós, 2004). Las causas de esta disolución se
encuentran tanto en la integración de la vieja comunidad obrera como en el
fracaso manifiesto de su proyecto histórico, el cual ha podido
manifestarse bajo formas extremadamente diversas (digamos, del
marxismo-leninismo a los consejistas). La desaparición de la conciencia de
clase y de su proyecto histórico, agotados tras el estallido y la
parcelación del trabajo, tras la desaparición progresiva de la gran
fábrica “comunitaria” así como la precarización laboral (todo ello
resultado no de un complot que trata de amordazar al proletariado, sino
del proceso de acumulación del capital que ha conducido a la
mundialización actual), han dejado al proletariado afónico. En cuanto a
los Estados, acompañan esta mundialización deshaciéndose del sector
público heredado de la economía de guerra (desnacionalización),
“flexibilizando” y reduciendo el coste del trabajo tanto como sea posible.
El proletariado llega así incluso a dudar de su propia existencia, duda
que ha sido enardecida por gran número de intelectuales y por lo que Guy
Debord (2003, original 1967) definió como el “espectáculo integrado”, que
no es más que la integración al espectáculo. Ante esta ausencia de
perspectivas, la lucha de clases únicamente podía encerrarse en luchas
defensivas, a veces muy violentas.15

Como irónicamente explica Miquel Amorós (2004) tras los años ochenta del
siglo pasado, el espectáculo como relación social se había apoderado de la
sociedad y los jóvenes conectados a Internet y dedicados al turismo
antiglobalización se habían convertido en la vanguardia de su imperio. Las
masas juveniles son más sensibles que las adultas al mayor mal de la
sociedad del espectáculo: el aburrimiento. Lejos de sentir como suya la
causa de la libertad o la lucha contra la opresión social, lo que
realmente sienten es una necesidad ilimitada de entretenimiento. Las masas
juveniles, profundamente despolitizadas y sin ningún interés por
politizarse, salieron masivamente a la calle a divertirse luciendo su
pañuelo palestino, escenificando su falsa generosidad y proclamando su
compromiso volátil. En la sociedad del espectáculo la protesta es una
forma de ocio y el pathos trágico de la lucha de clases ha de retroceder
ante la comicidad, el desenfado y la fiesta.

Se trataba en última instancia de una actitud que pretendía ser
pragmática, es decir, levemente crítica y profundamente conformista,
dispuesta a caminar por las sendas trilladas y a discurrir por los cauces
inocuos. Encontraron sus herramientas intelectuales en ideologías light,
puras máquinas lingüísticas como el postobrerismo, el ecologismo, los
productos de las marcas ATTAC y demás. Conceptos como “movimiento de
movimientos”, “lo social”, “el imaginario”, “ciudadanía”, “pluralidad”,
“multitud”, etc., sirvieron para la evacuación de arcaísmos ideológicos
obreristas, derribando de paso conquistas intelectuales básicas,
aportaciones críticas imprescindibles, y en general, echando por la borda
todo el bagaje teórico de la lucha precedente. Quizá estaban en lo cierto,
y lo anterior ya no servía; pero no nos ha dado tiempo a comprobarlo. Como
coartada política se buscó un proletariado de sustitución en los seres
inermes y amorfos calificados por los pensadores orgánicos de “multitud”,
ciudadanía, sociedad civil o simplemente “la gente”, y en plan castizo,
“la peña” o “la peñuki”.

El nuevo sujeto histórico era pura ficción puesto que el verdadero había
sido liquidado por el capitalismo, pero su imagen ficticia era necesaria
porque el espectáculo del combate social necesitaba un fantasma; su
legitimidad no podía apoyarse en una clase real sino en una de prestado.
Una nueva clase imaginaria escapaba de los verdaderos escenarios de lucha
para situarse en el terreno del espectáculo, puesto que ni ella era clase,
ni su lucha era lucha. Para ello nada mejor que las metonimias que ha
practicado el post-obrerismo italiano: construir a partir de metáforas
descriptivas (obrero masa vs. obrero social vs. multitud) categorías
universalistas de intelección histórica del antagonismo capital/trabajo.

Para otros autores en cambio, no hace falta indagar en la evaporación del
sujeto político proletario. Según Alain C. (s/f), por ejemplo, el
ciudadanismo refleja las preocupaciones de una determinada clase media
culta y de una pequeña burguesía que ha visto desaparecer sus privilegios
y su influencia política a la vez que desaparecía la antigua clase obrera.
Sería pues el último refugio doctrinal en que han venido a resguardarse
los restos del izquierdismo de clase media, pero también de buena parte de
lo que ha sobrevivido del movimiento obrero. El ciudadanismo se define
como una especie de democraticismo radical que trabaja en la perspectiva
de realizar empíricamente el proyecto cultural de la modernidad en su
dimensión política, que entendería la democracia no como forma de
gobierno, sino más bien como modo de vida y como asociación ética. La
reestructuración mundial del capitalismo ha provocado la caída del viejo
capital nacional y por consiguiente, la de la burguesía que lo poseía y de
las clases medias que ésta empleaba. La antigua sociedad burguesa del
siglo XIX, oliendo todavía a Ancien Régime, ha desaparecido por completo.
La consolidación del Estado y la crítica de la mundialización actúan como
nostalgia de ese viejo capital nacional y de esa sociedad burguesa, así
como la crítica de las multinacionales no es sino expresión de la
nostalgia de los negocios familiares. Una vez más, se lamentan de un mundo
que se ha perdido. Mediante el ciudadanismo las clases medias desheredadas
reconstruyen entonces su identidad de clase perdida. De modo que un local
“bio” puede presentarse como “un escaparate de los estilos de vida y de
pensamiento ciudadano”.

No obstante, es importante destacar que la base social del ciudadanismo es
mucho más amplia y difusa que la formada por militantes de asociaciones y
de sindicatos, debido en gran medida a su posibilismo, a la multiplicidad
de fórmulas listas y desplegables para solucionar las demandas de los
ciudadanos. Lo que sí resulta fácil de entender es la fascinación que la
versión erudita del ciudadanismo, el republicanismo,16 ha podido ejercer
sobre el afligido cuerpo de la socialdemocracia, obligada por la historia
y por la realidad a ir modificando sus teorías para evitar el peso de los
pasados errores. Antes que reconocer los errores siempre resulta
preferible acogerse al confortable manto protector de una teoría que, sin
darnos la razón del todo, al menos se la niega al viejo adversario
liberal. En otras palabras, el republicanismo vendría a ser algo así como
el socialismo democrático despojado de sus más tradicionales y patentes
errores, despojado, en suma, del socialismo.

En definitiva, si hacemos un poco de historia comprobaremos cómo esta
ideología ciudadanista se manifiesta a través de una nebulosa de
asociaciones, de sindicatos, de órganos de prensa, de partidos políticos;
y eso tanto a escala local, estatal, y europea como planetaria.17 Lo
difícil a veces es decir en cuáles no se manifiesta. Hay incluso un
ciudadanismo de derechas y de izquierdas, en pugna por conseguir la
interlocución privilegiada del Estado.18

A pesar de esta extensión e intensidad, Alain C. habla no obstante de un
impasse, de una crisis del ciudadanismo debido a que sus partidarios más
notables contaron con la complicidad de las masas, que como antes se
indicaba es una labor destinada al fracaso debido a la despolitización de
aquellas. De todas maneras, es interesante ver cómo en esta mini-crisis,
un ciudadanista se apresura en proponer sus servicios de mediador al
Estado, por lo que este autor considera que el ciudadanismo es
potencialmente un movimiento contrarrevolucionario. El ejemplo muestra
también que el ciudadanismo es incapaz de reaccionar ante movimientos que
no han sido creados por él mismo.

La irónica frase que introduce Alain C. (s/f) en su panfleto, “Proletarios
del mundo, no tengo ninguna consigna que daros” sería tal vez un buen
recordatorio de lo que no es ni puede ser ciudadanista. Es paralelo a
plantear el rechazo de participar en el circo del juego democrático y en
el espectáculo de la representación. No pedir nada (ni siquiera derechos)
pues la derrota está en la reivindicación misma. Se trataría entonces de
romper sin pedir, reivindicar sin negociar... no hay fórmulas
propositivas, es ridículo darlas. Tampoco quedarse en la resistencia:
ninguna ruptura política puede ni debe definirse a través de la pura
negatividad; no “resistir”, sino crear otra cosa, otro pensamiento, otra
práctica, organizada y perdurable, que controla sus propios tiempos.

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In
psicoanalisis en el sur
http://www.psicoanalisisenelsur.org/num8_articulo3.htm
20/8/2015

sexta-feira, 21 de agosto de 2015

Tenemos que reencausar el proyecto socialista hacia lo que verdaderamente es, trabajar con el pueblo y para el pueblo




"Tenemos que reencausar el proyecto socialista hacia lo que verdaderamente es,
trabajar con el pueblo y para el pueblo": Entrevista al coronel José M. Raga
Escrito por Prensa Lucha de Clases, tomado de Newsweek en español
Detalles


A continuación publicamos la entrevista realizada por la periodista burguesa
Gitanjali Wolfermann para la revista Newsweek en Español, al coronel activo del
Ejercito José Martín Raga. El contenido de la entrevista ha generado mucho
revuelo entre la militancia revolucionaria de base, debido a que en la misma, el
coronel Raga expresa fuertes críticas a la quinta columna burocrática que existe
dentro del gobierno bolivariano, y a la ineficiencia de ésta frente a las
tareas, desafíos y contradicciones que afronta hoy la revolución, sobre todo de
cara a la cuestión de la guerra económica. Según fue anunciado en las redes
sociales, por la periodista Sebastiana Baráez del semanario burgués Quinto Día,
y luego confirmada por la esposa del coronel, Marisol Bracamonte, éste fue
detenido el día miércoles junto a otros 6 militares que también se econtraban
destacados en el Nudo de Desarrollo Endógeno de La Mariposa, Edo. Miranda. Muy
probablamente sea dado de baja y relevado del cargo que ocupaba al frente del
NUDE, debido a sus declaraciones.

La Revolución Bolivariana está atravesando actualmente por la etapa más difícil
de su historia. La guerra económica, como expresión de la lucha de clases en el
campo económico, entre la burguesía y los terratenientes por un lado, y el
pueblo trabajador por el otro, se agrava cada día más, y es precisamente el
pueblo trabajador, el que está padeciendo duramente los embates de dicha
embestida por parte de las clases dominantes. Asimismo, dentro del campo
revolucionario se está desarrollando una dura lucha entre los sectores
burócraticos de la dirigencia del gobierno y el partido, acomodados y
privilegiados a las estructuras de poder del estado burgués, y las bases
revolucionarias, en la cual, los primeros pugnan por la defensa de sus
privilegios y prebendas antes que por la defensa y profundización de la
revolución, mientras el pueblo lucha por defender a la revolución de los embates
de la derecha burguesa, pero también, por profundizar la revolución hacia el
socialismo.


Del resultado de esta lucha, dependerá el futuro de la Revolución Bolivariana.
Por lo tanto, consideramos que debe abrirse un profundo debate entre las bases
revolucionarias, y sobre todo dentro del PSUV, sobre los errores de nuestra
dirigencia a nivel de las políticas programáticas en materia económica, entre
otras áreas, que nos permita como pueblo trabajador, enrumbar este proceso
revolucionario hacia su radicalización, dando un golpe de timón a la izquierda
para derrotar de una vez por todas a la burguesía, como lo planteó nuestro
comandante Chávez a pocos meses de su desaparición física.


Por lo tanto, repudiamos totalmente la detención del camarada Raga. El derecho a
la crítica es fundamental para la construcción de una revolución sana, en la que
pueda combatirse realmente a la quinta columna burocrática enquistada dentro de
la revolución. Quien critica a la burocracia y al reformismo no es de derecha,
ni tampoco contrarrevolucionario, muy al contrario, es un deber todo verdadero
revolucionario dar batalla sin cuartel a estos terribles lastres de la sociedad
capitalista, que hoy perviven dentro de nuestra revolución.


En las próximas horas la Corriente Marxista Lucha de Clases del PSUV, publicará
una declaración oficial, tanto sobre las críticas expresadas por Raga, como
también al respecto de las posibles razones de su detención, y de la necesidad
de abrir un debate real, honesto y abierto, entre las bases de la revolución,
sobre las contradicciones que existen dentro de ésta, pero no para que sea un
mero debate catárquico, sino exigiendo a nuestra dirigencia, que tenga un
carácter vinculante desde el poder popular, a fin de poder dar el tan necesario
golpe de timón hacia la izquierda, en nuestra revolución.


Acá hemos reproducido la totalidad de la entrevista:

-¿De dónde sale usted?

-Tengo 27 años de servicio como militar.Pasé 17 años en frontera, así que a mí
no me pueden echar cuentos de cómo llegué yo a coronel; no soy coronel técnico,
soy coronel de comando.Trabajé bastante en frontera y conozco completicos todos
los problemas institucionales, porque me forjé en el campo de batalla; no es que
yo soy un recién llegado. Yo sé de dónde vengo, no soy ningún loco. Ocupé todos
los cargos de comando. Vengo de eso, de trabajar con soldados y sigo haciéndolo…
pero ahora estoy en otras esferas, enseñándoles a los soldados un trabajo
productivo.

“Nosotros, en las Fuerzas Armadas estamos desaprovechando el recurso más
preciado que tenemos, que es la mano de obra. A todos esos muchachos que llegan
a los cuarteles se les enseña a manejar armas, y cuando se van para la calle, de
baja, de vuelta a la vida civil, qué hacen, se integran a una banda criminal
porque lo único que saben es manejar armas. Los conceptos militares son muy
básicos. Si no les enseñamos un trabajo útil,¿qué van a hacer cuando se vayan de
baja? ¡Vamos a enseñarles un trabajo útil! Debemos ser escuelas de formación
cívica. Vamos a enseñarles y darles los recursos.

-Muchos se sorprenderán al escuchar una voz tan crítica a lo interno de las
FANB…

-Somos muy críticos, es más, somos hipercríticos, lo que pasa es que no podemos
manifestarlo de viva voz. Yo creo mucho en el proyecto socialista, creo que es
la única vía para llevar a los pueblos a su desarrollo. Por supuesto, no de la
forma como se ha hecho aquí, ahí es donde está el problema. Hay que ser crítico,
eso está bien.No se puede ser un mono que aplauda en cada discurso.

-¿Y cuál es la forma que ha tomado el socialismo aquí?

-En alguna parte se torció y tenemos que reencausar el proyecto socialista hacia
lo que verdaderamente es, trabajar con el pueblo y para el pueblo. El problema
es que se crearon cúpulas y élites; antes eran las cúpulas industriales, de los
grandes ricos, cinco apellidos que siempre manejaron la riqueza de Venezuela;
ahora hay unos nuevos ricos que son los que controlan el poder. Esto se estancó
en algún momento; si recuerdas el país antes del golpe de 2002, iba bien
enrumbado, lo que pasa es que el proceso ha sido bien paulatino, bien chévere
como hacemos todo los venezolanos, que nos gusta beber caña y mujerear, así es
como ha sido el proceso político venezolano, y en ese proceso descuidamos las
cuestiones principales, la educación y la cultura del trabajo.

-Menciona en sus tuits que una de las causas de las ineficiencias del gobierno
son los “superministros”…

-Esa es una de las tantas cuestiones que le critiqué a Chávez en su momento. No
puede descargarle a una misma persona tanto poder porque lo hace incapaz; la
misma acumulación de poder hace al hombre incapaz. Un superministro que es a su
vez viceministro, presidente de no sé qué cosa y gerente de otra institución, al
final no logra hacer nada. El esfuerzo se diluye. Puede ser que el hombre tenga
las capacidades, pero con tantas cosas encima no va a poder rendir los frutos
que la revolución requiere para avanzar.

-En sus tuits se declara chavista, pero al gobierno no le gustan las críticas…

-A nadie le gustan. Lo dejo claro, yo soy chavista, creo en el proyecto. Lo que
no soy es sinvergüenza ni gafo. No podemos tapar el sol con un dedo. La guerra
económica existe, es una realidad, pero parte de la guerra económica ha sido
producto de nuestra propia ineficiencia. Nosotros, los militares somos parte de
esa guerra económica.

-¿Cómo han contribuido los militares a la guerra económica?

-¿Quiénes son los responsables de las fronteras del país? Los militares, los
productos de primera necesidad se están yendo hacia Colombia y otras partes por
la frontera. Mientras no aceptemos nuestra propia realidad, nuestra corrupción
interna, nuestras debilidades; mientras no apretemos la disciplina y sancionemos
a los responsables esta vaina se va a convertir en un desastre.

-¿Y a ustedes quién les pide cuentas?

-Yo no soy un carajo sinvergüenza, ni siquiera tengo pasaporte. Tanto es mi
interés por salir de Venezuela que se me venció hace cinco años y no lo he
renovado. Ah, pero hay militares que se la pasan afuera; a esos quién los
supervisa. ¿Cómo un coronel sale 20 veces para Estados Unidos? Si quisiéramos
ser estrictos y aplicar los correctivos tendríamos los medios, que no lo
queremos hacer es otra cosa.

- La impresión es que la extensión de la corrupción es tal, que muchos se
preguntan si tendrá remedio.

-La corrupción está a todos los niveles, eso es triste y lamentable porque ahí
es donde caen las instituciones del Estado. Cuando un funcionario de bajo nivel
se corrompe, por ejemplo, en una alcabala, y su superior le pide cuentas, el
primero le responde que él lo hace también. ¿Dónde está la moral? Pero sí hay
remedio, está en aplicar las disciplinas. Venezuela es un país que se jacta de
tener leyes para todo, el problema es que no se aplican. Cuando me digan que hay
un ministro preso, un presidente de una institución preso porque se corrompió,
okey, pero ¿qué es lo que hacemos aquí? la gran rotación:si un carajo lo está
haciendo mal o se está robando unos reales, lo sacan disimuladamente y lo mandan
de agregado militar o de embajador para tal parte, o lo meten como candidato a
la Asamblea o a una gobernación.

-¿Qué consecuencias ha traído esa gran rotación?

-El deterioro del proyecto socialista y el deterioro de la credibilidad;falta de
confianza de la gente, porque a pesar de todo lo que estamos viviendo, la gente
aún cree en el proceso socialista. Así como yo hay muchos, ocho o 10 millones de
venezolanos que aún creemos que estamos encausados hacia el rumbo de un mejor
país. Que estos no son los métodos que se deberían usar, sí… pero
lamentablemente no se piden cuentas y chocamos con la realidad: unas Fuerzas
Armadas corruptas, unas fuerzas policiales corruptas, donde el policía en vez de
combatir al malandro, es un malandro aún peor.

-Usted ha sido muy crítico con el estado actual de la producción agrícola del
país. ¿Qué ha pasado ahí?

-Hay dos grandes responsables de que en Venezuela no se produzcan alimentos:
Juan Carlos Loyo y Elías Jaua. Jaua fue uno de los grandes líderes de cuando
Chávez estaba vivo y todavía sigue en el poder como protector de no sé qué, pero
¿es eficiente? no. A lo mejor el tipo no es un corrupto, vamos a pensar que no,
pero el grupo de poder que lo rodea sí está corrompido. Donde él llega lo que
hacen es destrozar, acabar y destruir. Juan Carlos Loyo ha sido uno de los
ministros que más daño le ha hecho a este país. Ese tipo de funcionario es el
que tenemos que combatir.

”Entre los ministros de Agricultura y Tierra, Berroterán ha sido el más inepto;
nunca ha sembrado una mata. Yo no digo que seas especialista, pero un buen
gerente debe rodearse de un buen equipo que dé soluciones. El presidente Chávez
no nació aprendido, pero leía y aprendía. Si hablamos de que somos unos 15
millones de chavistas, ¿me van a decir que no hay un solo carajo que sirva como
ministro de Agricultura y Tierra; o de Sanidad?… ¿Por qué tienen que ser siempre
los mismos?

“Tenemos que hacer una revisión interna de verdad, depurar las instituciones.
¿Qué hacemos con un poco de funcionarios que no sirven, que no funcionan? Vuelvo
a ser hipercrítico con mi institución: ¿Por qué Barroso es ahora General? ese
fue el premio por haber permitido que se dilapidara esa enorme cantidad de real
cuando estuvo al frente de Cadivi. El premio fue ascenderlo para callarlo. A lo
mejor yo soy muy radical, pero él debería estar preso. Detrás de él hay un grupo
de civiles y militares que se enriquecieron”.

-En sus tuitsreiteradamente solicita apoyo al presidente y a otros funcionarios
para la labor que lleva a cabo en el NUDE Bejarano. ¿Ha recibido alguna
respuesta?

-¿Sabes cómo produzco yo aquí? con mi propio bolsillo, porque me da pena que
alguien venga para acá y me pregunte qué he sembrado y yo tenga que decirle que
nada porque no tengo con qué sembrar. Con mi dinero compramos las semillas, el
abono y lo poco que producimos lo vendemos y lo reinvertimos. Así vamos.

”Hemos solicitado apoyo a todo el mundo pero nadie para bola porque en realidad
no les interesa. En estos días puse un tuit en el que felicitaba a Carlos Osorio
por su excelente labor como ministro de Uruguay. Pareciera que fuera ministro de
ese país por la negociación que acaba de hacer por 300 millones de dólares para
traer alimentos. Y yo tengo aquí unos galpones con capacidad para ocho mil
pollos que están vacíos porque nadie me apoya.

”Aquí supuestamente funciona junto con nosotros una escuela agrícola del Fondas,
pregúntame qué ha puesto aquí el Fondas. Nada, la otra vez les pedí un apoyo a
unos ingenieros que vinieron y se fueron porque aquí hacía mucho sol… esa
institución tiene 2600 ingenieros agrónomos en oficinas cuando deberían estar en
el campo asesorando técnicamente al campesino, al productor primario. Para eso
fue creado ese organismo, pero ellos ya se convirtieron en una élite.

“Si verdaderamente el Estado trabajara en función de la producción deberíamos
estar haciendo acuerdos de asociaciones mixtas con la empresa privada, no todos
son escuálidos. No es cuestión de entregar los dólares y que la gente se vuelva
loca y los gaste en otro lado, como ha pasado. El problema es que todo lo
tapamos con real. Después de que tienen los billetes en el bolsillo se les
olvida el socialismo, se les olvida todo. Es así, lamentablemente es así”.

-Pero se acabaron los reales ¿Qué pasará ahora?

-Entonces hay que producir. Mis orígenes son campesinos, soy del Táchira pero me
crié en Trujillo, pueblo agrícola.Estudié en el núcleo de la ULA antes de entrar
en la Academia Militar. Siempre he sentido una inclinación por el campo. Tengo
tres hectáreas y no necesito más.Para hacer dinero no necesitas ser
terrateniente, sino ser productivo, eficiente. Muchos quieren la tierra por
tenerla, ese es otro error que ha cometido el Estado, no es quitarle la tierra
al industrial y dársela al pobre, porque si el pobre no ha trabajado la tierra
no sabrá qué hacer con ella. Eso es como el problema de la Misión Vivienda, si
sacas a la gente del cerro y le das un apartamento, sin enseñarle normas de
convivencia, van a convertir los apartamentos en ranchos.

“Cuando a Chávez le vendieron que el proyecto de las cooperativas era lo mejor
para industrializar el campo, toda la gente comenzó a organizar cooperativas y
¿qué hicieron? se repartieron los reales, se los comieron y no lo pagaron. No
tienen la educación productiva.

”El Estado ha sido un mal controlador, quiere controlarlo todo. En ese afán
fijan precios sin saber. En el Mercado de Coche se evidencia la gran debacle de
la producción agrícola en Venezuela. Ahí los distribuidores son los que fijan
los precios, son una especie de papa-today, zanahoria-today y cebolla-today;
ellos son los que marcan la pauta de los precios y dicen cuánto cuestan cada día
los productos porque controlan el monopolio de la compra. Cuando vas a los
estados andinos,ves que un saco de zanahoria lo pagan al productor en 400 Bs,
pero en Coche lo venden en tres mil Bs.

“¿Conclusión? Somos unos incapaces, unos ineptos; porque cómo es posible que el
Estado en tanto tiempo no haya mejorado las carreteras, colocado los medios de
transporte para que los productores vendan su mercancía directamente.¿Por qué
Agropatria funcionaba cuando estaba en manos privadas y no ahora cuando está en
manos del Estado? Porque hemos puesto a una cuerda de incapaces ahí. Eso pasa
cuando el ministro se dedica a vender comida en ferias en lugar de reunirse con
los campesinos y productores para conocer sus problemas. La centralización de
las instituciones ha frenado la dinamización”.

-Tras 16 años, el Estado sigue actuando como si tuvieran apenas meses en el
poder…

-Sí, hay gente que le sigue echando la culpa a la cuarta república; por eso te
digo, nosotros mismos somos culpables de la guerra económica que estamos
viviendo.

-¿Qué solución avizora?

-Yo no veo una solución violenta ni nada por el estilo, pero sí pienso que el
pueblo tiene que buscar la manera de reclamarle al gobierno, de decirle que ya
está bueno.

-¿Las Parlamentarias del 6D serán una oportunidad para efectuar ese reclamo?

-¿Crees que aquí va a haber una salida electoral? Ahí tienes las elecciones
internas del PSUV, la gente demostró que todavía cree en el proceso. Ahí tienes
la marcha de hace unos días de la oposición, se vio que no tienen ni voz ni voto
en el país. La salida vendrá del mismo pueblo chavista. Tienen que salir los
líderes emergentes que tomen las riendas de las instituciones. Tiene que haber
una Contraloría rígida, una Fiscalía que haga imponer las leyes. El mismo pueblo
se va a cansar y le exigirá el presidente que deje de hablar tanta vaina y se
dedique a gobernar.

“Pobrecito, yo admiro a Maduro, otro se hubiera ido. Tiene valor para aguantar;
ah, ¿que no tiene el conocimiento, que le falta madurez política? es verdad,
pero ha ido aprendiendo. Lo importante es el cogollo a su alrededor, la gente
que está en su entorno. Esa depuración la tiene que hacer el pueblo. ¿Hasta
cuándo Elías Jaua?, ¿no hay otro?, ¿hasta cuándo Yván Gil? Entre 15 millones de
chavistas tiene que haber uno que funcione, pero el criterio que rige la
selección es la partidocracia”.

-En cada tópico tratado surge la misma impresión: que al Gobierno no le interesa
resolver los problemas…

-¿Sabes por qué? porque aquí todo lo redujeron al negocio del dólar. De esos
negocios deben quedar comisiones inmensas repartidas entre la camarilla.
Insisto, tiene que haber una revisión interna. Toma como ejemplo el caso de la
fulana OLP, pero Dios mío, no pueden estar hablando de un proceso para liberar
al pueblo, ¿liberarlo de qué… de una delincuencia que ellos mismos permitieron?
Si el Estado tuviera unos órganos de seguridad responsables y disciplinados esto
no estuviera pasando.

“Por ahí salió un ministro hablando sobre que habían incautado mil cajas de
cerveza, ¿acaso eso es importante para la seguridad del país?, ¿acaso no será
más importante acabar con la banda del Picure que tiene años azotando a los
productores y campesinos del estado Guárico?”

-¿Por qué no se abocan a resolver ese caso?

-Porque hay funcionarios que están involucrados con las bandas criminales, es
así.

-¿No tiene temor al hablar con tanta franqueza?

-Pero, por Dios, a estas alturas del partido tenemos que ser realistas. Ver a
qué nos enfrentamos. Mi esposa me dice que en algún momento va a llegar una
comisión de la DIM a ponerme preso. ¡Ojalá! Para poder decírselos en la cara, no
puede ser tal la ineptitud. La repercusión que más me duele es que nadie apoya.
Dirán que quiero figurar políticamente, pero yo no tengo ninguna pretensión.

”Claro, por mi lengua tan hipercrítica no he ascendido ni ascenderé a General.
De verdad que no es relevante, llega un momento en el que te importa más tu
sobrevivencia como grupo familiar. Ser General por supuesto que siempre ha sido
una aspiración, pero si no se puede, no se puede. Vengo de una casta militar, mi
papá fue militar, pero me preocupa más mi país, qué va a pasar en los próximos
diez años, porque así como vamos no tenemos solución.

“Ojo, y la solución no es votar por el contrario, que es peor. Si la oposición
aquí en Venezuela tuviera un poquito de cerebro y se sentara a pensar en un
proyecto de país, tendría cómo sacarle punta a todas las debilidades del
gobierno, pero no lo hacen porque están más preocupados por sus pugnas y su
corrupción interna, corrupción que existe y eso que no están en los puestos de
gobierno”.

-Finalmente, ¿por qué habla ahora?

-No es ahora, yo siempre he sido así. Cuando era capitán fui integrante de la
Comisión Presidencial para la Seguridad Alimentaria. Eso fue hace unos 15 años.
Me asignaron para hacer una revisión del Instituto Nacional de Nutrición. Visité
todas las instancias y presenté un informe detallando que el ente estaba
totalmente corrompido, que los comedores industriales no funcionaban por la
ineficiencia de los funcionarios que estaban en ese momento.

“El presidente de la Comisión, el general Acosta Pérez, me llamó y me dijo:
‘Raga, tú estás loco’; le pregunté por qué. Respondió que él no podía darle eso
al Presidente, que si él le entregaba ese informe iba a agarrar una arrechera.
Me lo devolvió para que lo modificara y le dije que lo sentía, que yo no iba a
cambiar una sola palabra, que si quería me sancionaba. ¿Sabes qué hizo? Llamó a
otro capitán para que lo modificara, lo maquillara y lo pusiera bonito para que
el Presidente no dijera nada. Aún tengo mi informe guardadito”.



Crédito fuente: Newsweek en español

http://nwnoticias.com/venezuela/#!/noticias/los-militares-somos-parte-de-la-guerra-economica

In
Lucha de clases
21/8/2015
http://www.luchadeclases.org.ve/venezuela/7894-tenemos-que-reencausar-el-proyecto-socialista-hacia-lo-que-verdaderamente-es

quinta-feira, 20 de agosto de 2015

Golpe branco no Brasil: O capital ganha com a crise e os trabalhadores pagam a conta





– PCB não participa dos atos governistas de 20/Agosto

por PCB [*]

Aproveitando-se do auge da crise política que estimularam – sangrando o PT
– e preocupados com um iminente impasse institucional em meio ao
agravamento da versão brasileira da crise mundial do capitalismo, os
monopólios patrocinadores das campanhas eleitorais da grande maioria dos
governantes e parlamentares impõem um novo pacto burguês ao país.

Em troca de uma garantia formal e conjuntural de governabilidade, o PT –
já no fundo do poço de sua trajetória de conciliação com o capital e
traição à classe trabalhadora – terá que aceitar uma maior terceirização
do governo, reprimir a rebeldia popular e resgatar uma cara hipoteca: a
chamada "Agenda Brasil". Isto significa que haverá mais exploração dos
trabalhadores, privatização do patrimônio público residual, destruição do
meio ambiente e sucateamento dos serviços públicos e do Estado, para
alavancar a lucratividade dos monopólios em nome da "responsabilidade
fiscal", eufemismo para garantir o fiel e pontual pagamento aos banqueiros
e outros rentistas beneficiários de uma dívida pública sem transparência.

Para assegurar essa governabilidade (que em verdade só será garantida se
a economia apresentar sinais de recuperação), resolvendo a crise política
institucional para se concentrar na crise econômica, instala-se um
parlamentarismo de fato, sob o comando do indefectível PMDB. Os próximos
passos, que já se presumem, são tirar das ruas as manifestações contra e a
favor de Dilma, livrar de processos judiciais por corrupção os que
aderirem à conciliação premiada, desativar a pauta "bomba", no que se
refere às questões fiscais, e isolar e amaciar os parlamentares
recalcitrantes que insistirem em botar fogo no circo da democracia
burguesa.

O acordo imposto pelos monopólios e costurado com as cúpulas do PT e do
PMDB, e que certamente contou com o respaldo de setores do PSDB mais
orgânicos ao capital, não significa um respaldo ao mandato de Dilma até
2018, mas uma trégua para apagar o incêndio da atual crise política. A
arma do impedimento da Presidente continuará como uma ameaça potencial,
para que ela ceda a mais exigências do capital e se torne cada vez mais
refém dos caciques do PMDB, que detêm todos os cargos na linha de eventual
sucessão de Dilma, por qualquer motivo.

Antevendo a vigorosa reação dos trabalhadores e dos setores populares,
tanto ao ajuste fiscal e ao corte de direitos que já vêm sendo praticados
por Dilma como à nova agenda neoliberal anunciada como de "união
nacional", o governo da Presidente eleita pelo PT apresentou ao Congresso
Nacional um projeto de lei (número 2.016), já aprovado pela Câmara, que, a
pretexto de combater o terrorismo, tem como principal objetivo a repressão
e a criminalização das lutas populares contra a ordem do capital.

O PCB chama a atenção de militantes de partidos, correntes e movimentos
sociais ditos de esquerda que, a partir de agora, será ainda mais
insustentável a mobilização popular sob o discurso de "defesa da
democracia e contra o golpe". A burguesia já deu o golpe e ele foi contra
os trabalhadores e dentro do que chamam de democracia!

Convidamos todas as forças e expressões anticapitalistas, principalmente
as que se opõem ao governo petista numa perspectiva de esquerda, à
necessária e urgente organização e mobilização dos trabalhadores e demais
setores explorados numa unitária e massiva campanha contra as medidas
neoliberalizantes contidas nos ajustes fiscais de Dilma e na "Agenda
Brasil" e contra o projeto de lei 2016.

É preciso ainda incluir nesta pauta a luta pela suspensão imediata do
pagamento da dívida pública. Em 2014, enquanto a União consumiu 45,11% do
seu orçamento para pagar juros e amortizações da dívida, dedicou apenas
3,98% para a saúde e 3,73% para a educação. Para assegurar o pagamento aos
rentistas, pontualmente, são cortados investimentos públicos e se adiam
pagamentos de direitos trabalhistas, como foi o caso recente do abono
salarial e, agora, da primeira parcela do décimo terceiro aos aposentados.

Basta de alimentar ilusões na classe trabalhadora. Não existe qualquer
possibilidade de administrar o capitalismo de forma a torná-lo humano e
ético, sobretudo em meio à crise sistêmica de sua forma imperialista.

Só a luta dos trabalhadores e demais setores proletários pode garantir
seus direitos e acumular forças para acabar com a exploração e construir o
Poder Popular, pavimentando o caminho à sociedade socialista.

PCB – Partido Comunista Brasileiro
Comitê Central, 18/agosto/2015




PCB não participa de ato governista.
A luta segue pelo poder popular!

O PCB compreende a iniciativa de movimentos sociais e de setores da
esquerda governista que participarão dos atos convocados para o dia 20/08.
A pauta destas manifestações é o enfrentamento à ofensiva da oposição de
direita e em defesa dos trabalhadores contra o ajuste fiscal e os cortes
impostos pelo governo Dilma. Também é alvo dos protestos o acordo por cima
em torno dos pontos da chamada Agenda Brasil, apresentado pelo presidente
do Senado e aceito pelo governo, acordo este que impõe medidas ainda mais
duras contra os trabalhadores e a população brasileira. Por fim, os
movimentos reafirmam a necessidade de uma mudança profunda e radical em
favor dos trabalhadores.

Infelizmente, estes setores não foram e não serão capazes de neutralizar
a tendência dominante de transformar essas manifestações em atos de defesa
do governo Dilma, relativizando seu conteúdo crítico, pois governo e
direção do PT jogam peso no sentido de atenuar os elementos de crítica ao
ajuste, enfatizando a luta pela chamada "legalidade democrática".

O governo Dilma já operou o acordo por cima para se salvar, pacto que foi
referendado pelos meios de comunicação, incluindo a Rede Globo e o
Financial Times , assim como as poderosas organizações empresariais
FIRJAN e FIESP. E trabalha para sacralizá-lo com o Congresso Nacional, ao
preço de aprofundar ainda mais os ataques aos trabalhadores, aos povos
indígenas, ao meio ambiente e a toda população, destruindo o caráter
público do SUS e avançando na política de cortes de verbas, que já atingem
mortalmente a educação pública e as políticas sociais.

Participar de manifestação de apoio ao governo neste momento é dar
legitimidade ao acordo que já está em andamento, como ocorreu com o
respaldo dado à presidente por estes mesmos setores nas últimas eleições.

Por isso o PCB não participará dos atos chamados para o dia 20. A pauta
de luta contra o ajuste e os ataques aos trabalhadores terá que seguir
para além desta data, nas greves em curso e naquelas que emergirão, na
luta pela terra e pela moradia, na luta pela saúde e a educação pública e
gratuita de qualidade, acumulando para a construção do Poder Popular,
verdadeira alternativa à crise conjuntural e ao poder burguês. Estas lutas
serão, necessariamente, contra o governo Dilma e seus aliados de direita.
Nota Política do Comitê Central do PCB

Esta notas políticas encontram-se em http://resistir.info/ .

http://resistir.info/brasil/golpe_branco_18ago15.html

20/8/2015

quarta-feira, 19 de agosto de 2015

O jogo da oligarquia imperial





por Adriano Benayon



1. Muitas pessoas não concebem como possível a perversidade
com que são conduzidas as políticas de Estado das potências
imperiais, seja essa perversidade o motivo primeiro ou efeito
colateral de seus jogos de poder.



2. A oligarquia financeira controla os governos dessas
potências e os seus sistemas de instrução pública e de
comunicação social, incumbidos de gerar a carência de
capacidade analítica e interpretativa dos fatos, que determina
as maiorias a não perceberem o quanto as políticas imperiais
são destrutivas e mesmo genocidas.



3. As potências imperiais são o Reino Unido (Inglaterra) e os
Estados Unidos, cujas oligarquias financeiras se
interpenetram. Outras, a elas associadas, são subimperiais,
antigas potências imperiais derrotadas na disputa pela
hegemonia e que se associaram ao império dominante.



4. É o caso, pela ordem cronológica, de Holanda, França e
Alemanha. Esta aparece, hoje, como a principal delas, dando,
na Europa a falsa impressão de ter luz própria, ao aparecer
como o grande opressor direto dos países relegados à condição
de periferia da União Europeia.



5. A notável vocação tecnológica e industrial da Alemanha,
semelhante e maior em grau que a da França, tornou-se, para o
império angloamericano, um sério risco, do ponto de vista de
sua pretensão de hegemonia mundial absoluta.



6. Essa é a origem das duas guerras mundiais que marcaram o
século 20. A França já caíra a segundo plano, desde o final
das guerras napoleônicas, e a Holanda fora batida na segunda
metade do século 17.



7. A Alemanha desenvolveu-se, desde o século 18, impulsionada
por clarividentes políticas de Estado, que culminaram, na
segunda metade do século 19, com o primeiro-ministro Otto von
Bismarck, levando a Alemanha pouco após sua morte, em 1890, a
ultrapassar a Inglaterra em poder industrial.



8. Pouco antes disso, intrigas da diplomacia e dos serviços
secretos britânicos fizeram com que Bismark fosse demitido
pelo novo Imperador, Guilherme II.



9. O objetivo fora desmontar o edifício de alianças construído
por Bismarck, que assegurou evitar a eclosão de algo como a
primeira guerra mundial ainda no século 19.



10. Não que Bismarck fosse pacifista. Nada disso: o mestre-mor
do realismo político ficara contente com o status quo, após
ter liderado a Alemanha em várias guerras e vitórias que a
colocaram em posição de destaque no cenário do poder
internacional.



11. Finalmente, a Grã-Bretanha (Inglaterra) logrou envolver o
Imperador alemão em suas provocações, após o ter afastado da
Rússia e desencadear a guerra, em 1914, da qual acabaram
participando dezenas de países nas duas coligações que se
opuseram.



12. O objetivo mesmo foi debilitar Alemanha e França ao mesmo
tempo, eliminar a Alemanha como concorrente na hegemonia
mundial e consolidar a condição de potência de segundo plano
da França.



13. Conseguiu: entre outros resultados, morreram 6 milhões de
franceses e 5,5 milhões de alemães, sem falar em milhões de
mortos de aliados de uma e de outra.



14. A Alemanha foi, ademais, condenada, em função da “Paz” de
Versalhes (1919), a pesadas reparações de guerra, que teve de
pagar principalmente à França e também à Grã-Bretanha, as
quais repassavam o dinheiro aos EUA para servir a dívida
decorrente dos financiamentos recebidos para custear a guerra.



15. Seguiu-se a enganosa euforia dos anos 1920 e a depressão
econômica e social dos anos 1930, entre cujas manifestações
políticas avultou o fascismo, inclusive nazismo.



16. Muito se tem discutido sobre a natureza desse regime. Há
pouco se divulgou artigo referente à obra do historiador
italiano Renzo de Felice, segundo o qual o fascismo teria, na
maioria dos casos, ascendido ao poder através de golpes de
audácia, favorecidos pela covardia das classes dominantes e
médias.



17. Nesses debates apareceu a asserção, equivocada, mas não
contestada, de que a Alemanha foi o único caso em que o
fascismo chegou ao poder por eleições diretas.



18. De fato, foi uma conspiração, envolvendo chantagem junto
ao presidente, Marechal Hindenburg, conduzida por banqueiros
alemães associados à oligarquia financeira angloamericana.



19. Do ponto de vista formal, assinale-se que no regime
parlamentarista da Constituição de Weimar nem existiam
eleições diretas. Mas o importante é que os nazistas, nas
eleições para o Reichstag, nunca tiveram votos suficientes
para escolher o chefe do governo (o presidente é o Chefe de
Estado).



20. Os nazistas nunca obtiveram, nem de perto, a maioria
absoluta, que os levasse a comandar o parlamento e o governo
conforme a Constituição.



21. Nas últimas eleições, em novembro de 1932, tiveram
declínio na votação, para 32%. Nunca havia maioria parlamentar
e o presidente sempre escolhia o Kanzler, conforme um artigo
de exceção, no caso de não haver maioria no Reichstag.



22. Hindenburg decidira, após aquela eleição, nomear o chefe
do Estado-maior do Exército, General Kurt von Schleicher, o
qual reverteria a depressão e o descalabro financeiro, com
economistas, como Lautenbach e outros, de confiança de
Federações patronais e de sindicatos de trabalhadores, com
políticas de conteúdo superior às de Keynes e de Schaacht, o
czar da economia de Hitler.



23. Isso não agradou, de forma alguma, a oligarquia financeira
angloamericana, que jogou a carta de Hitler, com intenção,
convertida em realidade, de causar a 2ª Guerra Mundial. Ao
contrário da difundida e falsa imagem do ditador nazista, ele
não era nacionalista, mas sim somente racista, fanático
admirador do imperialismo britânico.



24. Antes de galgar o poder e fazê-lo absoluto, com o golpe de
incendiar o Reichstag, cassar os mandatos dos deputados
comunistas, para obter a maioria absoluta que lhe permitiu
conseguir os plenos poderes, Hitler prometera invadir a
Rússia, o que cumpriu em junho de 1941.



25. Foi notório e conspícuo o apoio e a admiração recíproca
entre líderes da indústria e das finanças angloamericanas, bem
como de figuras de proa da família real britânica, e Hitler.



26. A simpatia deste pelos britânicos teve, entre outras
confirmações, a determinação do Führer aos chefes militares de
darem ordem de alto ao Exército, sem a qual os panzers alemães
teriam esmagado, em Flandres (França e Bélgica), a força
expedicionária do Reino Unido (ou a feito prisioneira), no
final de maio de 1940, quando mais de 300 mil combatentes
foram evacuados na famosa retirada de Dunquerque.



27. A 2ª Guerra Mundial começou para valer na Europa, no verão
seguinte, quando Hitler ordenou a operação Barbarossa (invasão
da Rússia), engajando nela a quase totalidade do poderio
armado alemão.



28. Então, ocorreram as grandes batalhas da 2ª Guerra Mundial,
por quatro anos, até o final de maio de 1945, a maior parte
das quais em território da União Soviética, cujos mortos são
calculados em 20 milhões, além de seis milhões de alemães,
afora enorme devastação material.



29. Novamente, o objetivo era destruir duas potências rivais.
No caso da Alemanha, completar o debilitamento encetado com a
1ª Guerra Mundial. No da Rússia, aniquilar a economia e o
poder de um enorme país que apresentava potencial de surgir
como potência de primeiro plano.



30. As forças angloamericanas – notadamente a aviação área, em
que tinham superioridade – ajudaram a destruir a
infraestrutura alemã, na fase final da guerra, quando a Rússia
já havia feito o essencial do serviço. Além disso, os
angloamericanos assassinaram centenas de milhares de alemães,
por meio dos bombardeios genocidas a várias cidades,
notadamente Dresden e Berlim, com o objetivo colateral de
intimidar a Rússia.



31. Fizeram algo semelhante na Guerra com o Japão, quando este
já estava derrotado e pronto a assinar a rendição, fazendo os
bombardeios nucleares sobre Hiroshima e Nagasaki (6 e 9 de
agosto de 1945).


In
Correio da Cidadania
http://www.correiocidadania.com.br/index.php?option=com_content&view=article&id=11030:o-jogo-da-oligarquia-imperial&catid=72:imagens-rolantes
18/8/2015

segunda-feira, 17 de agosto de 2015

"El gobierno contra el gobierno"


Comuna El Maizal recibe ataque de Guardia Nacional mientras Presidente Maduro le
transfiere casas de cultivo

Organizaciones Abajo Firmantes / Aporrea.org

16 de agosto de 2015.- A nuestra redacción llegó un comunicado denunciando
agresiones por parte de la GNB a los compas de la Comuna El Maizal, hecho
que contradictoriamente ocurrió en el marco de la transferencia de casa de
cultivo por parte del Presidente Nicolás Maduro.

Montañas rebeldes de Lara y Portuguesa

El día 15 de agosto del corriente año los comuneros y comuneras del Maizal
recibimos nuevamente otro ataque en la primera línea de combate de la
Guerra económica librada en nuestra Patria, mientras que en Cadena
Nacional asumíamos la transferencia de las casas de Cultivo del FONDAS a
nuestra administración, de manos del Propio Presidente de la República
Nicolás Maduro Moros durante el Consejo Presidencial Para las Comunas, El
mismo Presidente Obrero que hace apenas unos días nos otorgaba la orden
EZEQUIEL ZAMORA en su primer grado, en reconocimiento la sostenida
producción colectiva de diversos rubros alimentarios (Maíz, Carne, Queso,
Café, Hortalizas y otros) que estamos colocando en manos del pueblo de
forma directa y justa en una contraofensiva alimentaria diseñada
estratégicamente en el seno de nuestro parlamento comunero, además de la
distribución de gas, servicio de transporte, construcción de casas. Lo que
remueve la herida de la Derecha y sus lacayos infiltrados, por lo cual hoy
paralelamente a la cadena Nacional, es enviado un comando regional de la
Guardia Nacional de Simón Planas a atacar los trabajos de ganadería para
el engorde de animales vacunos adelantados en el Predio "El Piñal" ubicado
en el Ámbito de nuestra comuna (Infraestructura de Chozas de trabajo y
corrales para becerros). Tal latifundio que durante años de desidia
Institucional, a pesar de los reiterados tramites efectuados por La comuna
el Maizal ante el Ministerio del Poder Popular para Agricultura y Tierras
de Lara y el Instituto Nacional de tierras (INTI) se mantiene
improductivo, Es decir La Ley de Tierras violada durante Años hasta la
presente por los propios directores del Instituto de Tierras, resguardando
así los intereses de la empresa trasnacional Smurfit, y de los traficantes
de Madera que hacen Lucrosos negocios con los arboles presentes, cabe
destacar sin ningún tipo de problemas para atravesar de dia y de noche la
alcabala de la Guardia Nacional apostada a pocos metros de la entrada del
Predio El Piñal ya que cuentan con el permiso de un Funcionario público de
IMPARQUES vinculado a tales hechos.

En estos momentos donde producir comida y entregársela al pueblo es de
vital importancia para la nación, Decimos ¡BASTA! a las trampas
burocratistas del Ministerio de Agricultura y Tierras del INTI en Lara,
¡BASTA! A la violencia de la Guardia Nacional contra campesinos y
campesinas, apoyar la producción nacional en vez de destruir corrales y
casas de trabajo como lo hicieron en presente fecha en el seno de nuestra
Comuna, ¡BASTA! Del tráfico ilegal de madera, ¡BASTA! De la matraca al
pueblo trabajador en las alcabalas, ¡BASTA! Al bachaqueo de comida
auspiciado por las mafias cívico-militares.

Las agresiones hoy recibidas no son contra un grupo de 50 trabajadores y
trabajadoras campesinos, no son contra 6.000 Comuneros y Comuneras del
Maizal, tampoco contra 30.000 Comuneros y Comuneras del Corredor Político
Territorial Argimiro Gabaldón. Tales ofensas son contra el legado del
Gigante HUGO RAFAEL Chávez FRIAS y eso es algo que hemos jurado defender
con nuestras vidas, como lo hemos demostrado en más de un escenario, que
han ido desde la propia pretensión de algunos personeros del máximo
tribunal nacional de despojarnos de la legalidad de la tierra rescatada
sobre la cual producimos, hasta ataques de bandas Paramilitares.

Por todo esto ¡EXIGIMOS! Definitiva carta Agraria del Predio "El Piñal" a
la comuna El Maizal sin más demora por parte del Director de Agricultura y
el Director del INTI Lara, ¡EXIGIMOS! Disculpas Públicas en Asamblea de
Comuneros y Comuneras del Maizal por parte de las Autoridades Oficiales de
la Guardia Nacional del Municipio Simón Planas del Estado Lara, y la
expulsión de los Guardias involucrados en los ataques de hoy que ensucian
el estandarte de las Fuerzas Armadas Venezolanas, ¡EXIGIMOS! Contraloría
Popular Comunera en todas las alcabalas de la Patria, con especial énfasis
en aquellas ubicadas hacia la ruta fronteriza Colombo-Venezolana.

Nos declaramos en Asamblea Comunera permanente hasta alcanzar las justas
demandas, mientras que con las bendiciones de Dios, redoblamos todas las
fuerzas nuestro potencial productivo en atención a los proyectos aprobados
en nuestra máxima instancia asamblearia (Producción de semilla local,
mayor producción de los rubros agrícolas establecidos, diversificación de
rubros agrícolas, sustitución de modelo agrotóxico, empoderamiento de
todos los eslabones de la cadena productiva) desde esta trinchera que
defendemos en todo nuestro ámbito, incluyendo desde luego el predio EL
PIÑAL.

¡GUERRA AL LATIFUNDIO!

¡RESPETO AL CAMPESINO!

¡SOMOS LA ALEGRIA Y LA VIDA EN CONSTANTE LUCHA CONTRA LA TRISTEZA Y LA
MUERTE!

¡CHAVEZ VIVE, LA LUCHA SIGUE!

¡COMUNA O NADA!

Firman:

VOCEROS DEL PARLAMENTO COMUNA EL MAIZAL

Suscriben:

CORREDOR POLITICO TERRITORIAL ARGIMIRO GABALDON (LARA)

CORREDOR POLITICO TERRITORIAL NEGRO MIGUEL (LARA)

CORREDOR POLITICO TERRITORIAL FABRICIO OJEDA (PORTUGUESA-LARA)

MOVIMIENTO POPULAR REVOLUCIONARIO ARGIMIRO GABALDON (BLOQUES LARA,
PORTUGUESA, YARACUY)

CONSEJO CAMPESINO COMANDANTE ARGIMIRO GABALDON (LARA)

Aporrea
http://www.aporrea.org/desalambrar/n275850.html
16/8/2015

sábado, 15 de agosto de 2015

Livro: Questão Agrária, Cooperação e Agroecologia


Questão Agrária, Cooperação e Agroecologia
Henrique Novaes, Angelo Mazin, Laís Santos (Org).
Outras Expressões



Henrique Novaes, Angelo Mazin e Laís Santos nos apresentam este livro por eles organizado, e enriquecido com seus próprios escritos.
O conjunto de textos está voltado sobretudo para a questão agrária no Brasil. No entanto, os mesmos têm um valor nacional e universal porque as temáticas e conceitos trabalhados, ao mesmo tempo em que captam as especificidades nacionais, operam também com categorias que são estruturantes da civilização burguesa.
Trata-se de análises críticas que colidem com o pensamento oficial ou oficialista predominante. São de interesse da classe trabalhadora e particularmente da juventude porque as atuais políticas neoliberais, emanadas das empresas ou do Estado burguês, deixam entrever um futuro sombrio para todos.
O mundo ficou pequeno para as necessidades de expansão infinita e a qualquer custo do capital, do que decorre a crise crônica. Daí que a burguesia deixou de lado seus florilégios quanto ao welfare, a democracia e o desenvolvimento sem fim. Afora as fantasias diuturnamente veiculadas pela mídia, nada mais tem a oferecer aos trabalhadores. E em ação reversa trata de amputar ou simplesmente suprimir direitos sociais que pareciam consagrados, enquanto que concomitantemente parece não se importar em exaurir a natureza e nos envenenar com agrotóxicos.
Por mais adversa que seja essa situação, é muito difícil para os trabalhadores formarem uma ideia minimamente clara a seu respeito. Isto porque a produção e difusão de conhecimentos e informações estão direcionados pelo aparato de controle ideológico criado pelo imperialismo euro-atlântico após a segunda guerra mundial.
Dado esse contexto fica claro que, se nós trabalhadores quisermos compreender a realidade social em que vivemos, precisamos fazer um esforço extra para que possamos saltar a ciclópica barreira de desinformação existente. Para essa tarefa os textos apresentados neste livro têm um papel importante. Porque eles não são apenas textos de ciência social. São textos de ciência social elaborados segundo nossa perspectiva de classe trabalhadora. É por essa razão que categorias como movimentos sociais, Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra, reforma agrária, agroecologia, cooperação e trabalho associado têm seu lugar nas análises apresentadas.

Candido G. Vieitez






sexta-feira, 14 de agosto de 2015

Basil Davidson e «O Fardo do Homem Negro»



Miguel Urbano Rodrigues


A África foi até muito recentemente um continente sem História escrita. Cabe a
Basil Davidson o mérito de nos seus livros ter iluminado o passado esquecido da
África que em plena Idade Media construiu estados multinacionais organizados,
mais extensos do que as grandes potências da época.

Fui amigo de Basil Davidson (1914-2010) e li quase todos os seus livros.

Desconhecia a existência de O Fardo do Homem Negro, cuja tradução em português
foi publicada em Luanda no ano 2000*.

Creio ser dos mais importantes. O título é uma réplica irónica ao Fardo do Homem
Branco, do escritor inglês Rudyard Kipling, epígono do imperialismo.

Davidson combateu na segunda guerra mundial como oficial do exército britânico.
Bateu-se na Jugoslávia e na Itália ao lado dos guerrilheiros que enfrentavam os
ocupantes alemães.

Foi uma personagem fascinante sobre a qual escrevi muitas páginas. Trocamos
correspondência durante o meu exílio brasileiro, mas só o conheci em Lisboa,
após o 25 de Abril. A admiração que me inspirava foi prólogo de uma grande
amizade.

A sua paixão pela África nasceu tarde, mas cresceu torrencialmente. Fez dele,
como assinalou a New York Review of Books, «o mais ilustre conhecedor da África
Negra».

A leitura da sua obra de historiador é hoje indispensável ao conhecimento do
doloroso processo de descolonização da África Subsaariana.
Não assumiu uma posição de distanciamento. Como escritor, historiador e
professor (em Universidades da Inglaterra, dos EUA e da África) tomou partido
pelos que lutavam no Continente pela liberdade e pela independência dos seus
povos.

Que eu saiba foi o único europeu a ser guindado pelos governos de antigas
colónias portuguesas a herói da Guiné Bissau, de Cabo Verde, de Angola, de
Moçambique.

Nas páginas de O Fardo do Homem Negro sintetiza uma parcela do saber que
adquiriu no estudo de um continente humilhado e saqueado.
O Fardo do Homem Negro empurra o leitor para uma reflexão profunda sobre a
tragédia de um Continente que durante séculos exportou escravos para a América.

Não há estatísticas credíveis, mas os demógrafos admitem que 19 milhões de
homens e mulheres foram arrancados das suas aldeias africanas e transportados
como mercadoria para o outro lado do Atlântico. Mais de um terço pereceu durante
a travessia nos porões infectos dos navios negreiros.
Terminado o tráfico infamante, a África foi partilhada em l884 na Conferência
de Berlim como se fosse um gigantesco parque zoológico. Disraeli e Bismark, ao
atribuírem territórios densamente povoados a países europeus, retalharam o
Continente quase a régua e compasso, traçando fronteiras que separaram povos com
origens, tradições e línguas comuns.

Essas fronteiras, artificiais, não refletem regiões naturais nem os limites de
diferentes grupos étnicos.

Os capítulos do Fardo do Homem Negro sobre a descolonização, o nacionalismo e o
tribalismo contribuem para desmentir a historiografia africana dos colonizadores
europeus, iluminando uma África desconhecida, muito diferente da apresentada por
aqueles que a oprimiram e devastaram.
Foi inesperado no após guerra o vendaval da descolonização, iniciado com a
independência de Gana em 1957 e da Guiné Conakry em 1958.

A resistência das burocracias britânica e francesa aos movimentos
independentistas foi forte. Em l959,o secretário do Colonial Office declarava em
Londres: «não é ainda possível perspectivar uma época em que seja possível a um
governo britânico transferir as suas responsabilidades finais pelo destino e
pelo bem-estar do Quénia”. O governador da colónia, sir Philips Mitchell,
escreveu então: “Como é primitivo o estado destas pessoas (…) como é deplorável
o caos espiritual, moral e social em que se encontram».

Mas os quenianos conquistaram a independência em 1963 após a insurreição armada
dos Mau Mau cujo chefe, Jomo Kenniatta, foi o primeiro presidente da Republica.

Em l957,o governador do Tanganika, sir Edward Twining, definiu como agitador «um
tal Julius Nyerere», sugerindo aos funcionários superiores da administração que
evitassem contactos com ele e «não o recebessem». Essa a opinião que formara do
homem que seria um dos maiores dirigentes africanos da segunda metade do século
XX.

A Historia desmentiu esses admiradores de Rudyard Kipling.

O Tanganica proclamou a independência em 1961, Uganda em l962,o Malawi e Zâmbia
em 1964.

A França, envolvida em guerras coloniais no Magreb, acreditou que poderia
resistir no Sul à vaga independentista. Projetou criar duas grandes federações
que agrupariam as doze colónias da África Ocidental e Equatorial no âmbito da
União Francesa. Esse sonho utópico logo se desvaneceu. Todas essas colónias e
Madagáscar proclamaram a independência em l960.

A independência económica não acompanhou, porem, a política.

Ao colonialismo tradicional sucedeu nas jovens repúblicas africanas um
neocolonialismo cujos mecanismos de exploração, menos transparentes, não são
menos cruéis.

Atualmente a África Subsaariana continua a ser exportadora da riqueza produzida.
O volume de capitais saído é muito superior ao total da ajuda recebida, como
Davidson lembra no seu livro, apoiado em documentação oficial.

Os governantes africanos que sucederam aos procônsules do colonialismo foram
inicialmente, com raras exceções, dirigentes formados em universidades
europeias. Essa elite tudo fez para implantar nos seus países os modelos da
«democracia representativa» britânica e francesa. Ora nas sociedades africanas
inexistiam as classes sociais que na Europa são teoricamente a fonte dos
partidos políticos.

Essa opção pelos dirigentes «instruídos e civilizados» ignorou as chefias
tradicionais e a riqueza das culturas étnicas africanas, definidas pelos
políticos educados em Londres e Paris como tribalistas e retrógradas,
incompatíveis com o progresso.
Tremendo erro esse.

A África foi até muito recentemente um continente sem História escrita. Cabe a
Basil Davidson o mérito de nos seus livros ter iluminado o passado esquecido da
África**que em plena Idade Media construiu estados multinacionais organizados,
mais extensos do que as grandes potências da época. Entre outros, Gana, Mali,
Songhay e Kanem.

É conhecido o desfecho das fracassadas caricaturas de democracias de modelo
ocidental: guerras civis como as da Libéria e Serra Leoa e a de Biafra na
Nigéria, e ditaduras sanguinárias lideradas por tiranos como Mobutu, Bokassa e
Idi Amin.

A tentativa de implantar em África o socialismo, esboçada pelos movimentos
revolucionários do MPLA, da FRELIMO e do PAIGCV, também fracassou. Quando os
guerrilheiros que haviam combatido com heroísmo o colonialismo português e o
imperialismo saíram do mato para as cidades ficou transparente que o projeto
programático de partidos que pretendiam aplicar o marxismo na transformação de
sociedades arcaicas era utópico. Hoje, a Guiné-Bissau, Angola e Moçambique estão
plenamente integrados no sistema capitalista. Com uma peculiaridade: nos três o
capitalismo implantado justifica o qualificativo de «selvagem», diferenciado das
fontes que o inspiraram.

Faço minha a opinião do historiador britânico Eric Hobsbawm: O Fardo do Homem
Negro «é um livro de importância maior (…) não é só da África que fala, mas
também de etnicidade, de nações e de problemas da vida em sociedade em qualquer
parte do mundo.»

*Basil Davidson, O Fardo do Homem Negro, Editora Caxinde, Luanda, 2000.
* *Basil Davidson, A Descoberta do Passado da África, Sá da Costa, Lisboa,1981.

In
O Diário.info
http://www.odiario.info/?p=3740
14/8/2015