domingo, 1 de março de 2015

La era de la salud pública nació en la URSS



Juan Manuel Olarieta

El concepto y, sobre todo, la práctica de la salud pública no han existido
siempre sino que son una conquista de la Revolución de Octubre. Algo tan
sencillo como esa práctica cotidiana y actual que consiste en acudir a un centro
médico para cuidar nuestras enfermedades gratuitamente se la debemos al esfuerzo
de los bolcheviques. La atención médica ha existido siempre… para unos pocos
privilegiados; la atención a los obreros, los campesinos y la población, en
general, sólo existen desde 1917 y sólo existirá en el futuro si somos capaces
de defenderla al menos con tanta energía como pusieron otros en conseguirla.

La primera red sanitaria general de la historia fue obra de Nikolai A. Semashko,
fundador del partido bolchevique y primer comisario (ministro) de Sanidad desde
1918 hasta 1930. En su libro sobre la “Protección de la salud en la URSS”,
publicado en 1934, Semashko estableció tres principios básicos que debía reunir
el servicio soviético de salud: unidad en la organización, participación de la
población en la totalidad del trabajo de protección de salud y medidas
profilácticas, es decir, la prevención.



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La sanidad soviética, por tanto, no era un servicio especialmente destinado a
los obreros y campesinos sino una tarea en cuya planificación participaban
activamente los sindicatos obreros, las cooperativas agrarias, los soviets y la
población en general, es decir, millones de personas que atendían y eran
atendidos por la red sanitaria más grande que nunca se había puesto en
funcionamiento, alcanzado a cada uno de los rincones de la extensa URSS,
incluidos los más alejados y remotos.

La implantación del modelo de medicina soviética en el mundo capitalista fue
obra del suizo Henry E. Sigerist que, entre otros, impartió cursos en el
Instituto de Historia de la Medicina de la Universidad John Hopkins de Estados
Unidos. Sigerist viajó varias veces a la URSS y estudió meticulosamente su
sistema sanitario, del que se convirtió en su divulgador más entusiasta: “Los
estudios que he hecho durante tres veranos en la URSS -escribió- fueron quizás
los más inspiradores de toda mi carrera. Admito francamente que estoy
impresionado por todo lo que vi, por el esfuerzo honesto de una nación entera
para darle atención médica a todo el pueblo”. El médico suizo siempre reconoció
honestamente las aportaciones pioneras de la revolución socialista a la medicina
mundial, que describió en su libro “Socialized Medicine in the Soviet Union”
publicado en Nueva York en 1937.

Durante la I Guerra Mundial Sigerist fue movilizado como médico del ejército
francés, lo que le permitió comprender el carácter imperialista de aquella
terrible masacre y, a la vez, valorar la trascendencia histórica de la
revolución de 1917: “Un nuevo orden político, económico y social ha nacido de
allí y ha modificado muy profundamente las formas de la atención médica […]
Puesto que la salud es un bien al que todos tienen derecho el servicio médico es
gratuito […] La medicina preventiva tiene prioridad decisiva […] El servicio
médico se lleva a la población cada vez más por centros médicos, dispensarios,
policlínicos […] La cultura física se ha hecho popular […] Lo que está
sucediendo allá es el inicio de un nuevo período de la historia de la medicina”.

Médico e historiador de la medicina, Sigerist se convirtió en un socialista
convencido. Sin llegar a ser nunca un marxista militante, gracias al estudio de
la medicina se apercibió de que el socialismo era una forma superior de vida
para la humanidad. Para el médico suizo el sistema sanitario soviético no sólo
era un modelo válido de atención sanitaria que había que llevar al mundo entero;
era algo mucho más importante que eso: la sanidad soviética culminaba una larga
evolución histórica de los servicios de salud.

En 1938 escribió el artículo “Medicina socializada” para la “Yale Review” donde
decía que “el pueblo tiene derecho a la atención médica y la sociedad tiene la
responsabilidad de cuidar a sus miembros […] Cada ciudadano debe tener una
asistencia médica gratuita, los médicos, como los demás trabajadores de la
salud, deben recibir un salario”. La salud no es sólo un problema técnico de
asistencia al enfermo sino que se promueve activamente proporcionando
condiciones de vida decentes, buenas condiciones de trabajo, educación, cultura
física y formas de esparcimiento y descanso.

En 1943 en su libro “Civilization and desease” (Civilización y enfermedad)
escribió que el mundo se disponía a dar el paso “de la sociedad de competencia a
la sociedad de cooperación; irá hacia el socialismo”. La obra incorpora
importantes tesis del materialismo histórico sobre la enfermedad en dos
capítulos en los que analiza los determinantes materiales y económicos de la
enfermedad. El libro le convirtió en un referente para los estudiantes y jóvenes
médicos progresistas de todo el mundo. El 30 de enero de 1939 la revista “Time”
ya había publicado su retrato en portada, calificándole como el historiador de
la medicina más importante del mundo.

A través de Sigerist la influencia de la medicina soviética alcanzó a Estados
Unidos. Con la ayuda de conocidos investigadores, el médico suizo creó la
“American Soviet Medical Society”, que presidió Walter B. Cannon, amigo de
Pavlov y profesor emérito de Fisiología de la Universidad de Harvard. La
asociación editó la revista “The American Review of Soviet Medicine”. La
promoción de la comprensión entre los pueblos era su modo de ayudar al
intercambio cultural y científico.

Sin embargo, durante la caza de brujas de la posguerra fue ferozmente atacado
por la Asociación Médica Norteamericana y el círculo más reaccionario de
estudiantes de medicina de la Universidad Johns Hopkins. Fue purgado por la
Comisión del Servicio Civil Gubernamental, lo que le impidió ocupar cargos
públicos en lo sucesivo. Entonces decidió regresar a Suiza, donde comenzó a
redactar su obra cumbre “Historia de la Medicina”, de la cual llegó a publicar
el primer volumen.

Por influencia de la Revolución de Octubre y de Sigerist, en Inglaterra también
apareció un movimiento en favor de la nueva medicina social y en 1930 Major
Greenwood fundó la Asociación Médica Socialista que influyó decisivamente en el
programa sanitario del partido laborista. Posteriormente con la ampliación del
campo socialista en 1945 y la llegada del partido laborista al gobierno, los
obreros británicos pudieron disfrutar de una red pública de atención sanitaria
como la que ya disfrutaba la URSS desde hacía décadas.

Desde Suiza, Sigerist hizo varios viajes a Londres que culminaron en las
Conferencias de Health-Clark en 1952, pronunciadas en la Escuela Londinense de
Higiene y Medicina Tropical. Hasta su muerte en 1957 la ingente obra de
Sigerist, que llena las bibliotecas de las facultades de medicina, inspiró la
creación del nuevo sistema público de salud británico y otros parecidos en el
mundo entero.

El remate de este proceso que se inició en la URSS también acabó en la URSS, en
1978, en Alma-Ata, durante la asamblea de la Organización Mundial de la Salud,
cuando el bloque de países socialistas logró aprobar una resolución en la que,
por primera vez, se definía a la medicina como un servicio público, con un único
voto en contra: el de Estados Unidos. En medicina este principio se conoce como
la Declaración de Alma-Ata y dice lo siguiente: “El pueblo tiene el derecho y el
deber de participar individual y colectivamente en la planificación y aplicación
de su atención en salud”.

Hoy en cada dispensario médico, hospital o clínica pública del mundo siguen
latiendo -inmortales- los principios de la Revolución de Octubre y su éxito al
llevar a toda la humanidad algo tan preciado como es la salud.

In
LA REPÚBLICA.ES
http://www.larepublica.es/2015/02/la-era-de-la-salud-publica-nacio-en-la-urss/
18/2/2015

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